Última actualización 01/07/2006@00:00:00 GMT+1
Bangkok, ocho de la mañana. El calor aún es soportable, aunque no puede decirse lo mismo del caótico tráfico de vehículos que circula continuamente por las calles. Como anécdota, se cuenta que últimamente apenas hay accidentes graves, porque al haber tantos coches (Tailandia es el cuarto país de Asia en número de vehículos) les resulta imposible circular a la suficiente velocidad como para que un ligero descontrol resulte mortal a los pasajeros.
Bangkok no es una ciudad que invite a grandes paseos, pero seguro que en cualquier barrio en que el viajero se aloje podrá encontrar pequeños detalles que justifiquen la salida y la exposición a los elementos urbanos, a pesar de la imagen disuasoria que suponen los policías de tráfico protegidos con mascarillas.
Tal es el caso del altar en honor a Brahma, (un cuerpo, cuatro cabezas y cuatro brazos), que ha sido aceptado como mediador para hacer peticiones relativas al futuro y a la fortuna. Este ara fue erigida para combatir la trágica mala suerte que se había cernido sobre el cercano hotel Erawan, hoy perteneciente a la cadena Hyatt, tras haber sido talados unos árboles que servían como habitáculos a ciertos espíritus. Los buenos resultados obtenidos tras la construcción del altar le dieron suficiente popularidad para que ahora vengan masivamente los devotos.
Al considerar a Brahma como «Dios de la Fortuna», la mayoría acude allí antes de ir al trabajo o a la escuela, al objeto de hacer peticiones o agradecer las concedidas, entre las que se puede incluir aprobar los exámenes o encontrar pareja y, sobre todo, mejorar la economía. Tal vez por esto haya varios vendedores de lotería esperando a la salida.
El Dios de la Fortuna, como cualquier otro similar, gusta de ofrendas: incienso, velas, fruta, bebida (incluso un vaso de Coca-Cola del McDonalds más cercano), láminas de pan de oro y, desde luego, flores. Hay un encargado, tras la verja que rodea al altar, que coloca ordenadamente los numerosos ramos y guirnaldas; poco después los retira para dejar espacio a los siguientes; de igual manera se eliminan la comida, las velas y las varillas de incienso. Este individuo también ofrece a los creyentes un vaso con agua y una flor de loto; la primera acción es echarse una gotas con la flor sobre la cabeza, después unos beben el agua mientras que otros se lavan la cara.
Se suceden las oraciones de rodillas o de pie, pero siempre con un semblante de respeto y meditación profundos. De vez en cuando, alguien paga a un grupo de bailarinas para que evolucionen en un pequeño escenario representando danzas lakhon chatri al compás de varios instrumentos de percusión, moviendo expertamente sus dedos acabados en las típicas uñas metálicas. Ésa es otra de las formas de agradecerle al dios los favores recibidos.
Alrededor del altar hay algunos bancos desde donde observar el flujo continuo de visitantes y, a pesar de ser un espacio al aire libre, cuenta con una zona de no fumadores. El tiempo pasa y el sol ya parece un cuchillo ávido de herir las carnes humanas. El encargado coloca unas sombrillas en los cuatro lugares que, a modo de reclinatorios de mármol, están destinados a la oración rápida antes de realizar la ofrenda. Siguen llegando gentes de toda edad y condición. Algunos, a los que podríamos llamar provincianos, aprovechan para hacerse la foto-recuerdo; a muchos de ellos, el encargado debe explicarles qué hacer con la flor de loto que hay dentro del vaso que él les da.
El Gran Palacio, en la ribera del Chao Phraya (el Río de los Reyes), viene a ser la imagen más típica de Bangkok; está compuesto por más de treinta edificios, entre ellos el templo Wat Phra Kaew, donde puede verse al Buda Esmeralda. Esta pequeña escultura de jade es la imagen de Buda más reverenciada en Tailandia –tiene el honor de ser la protectora oficial del reino–, ya que supuestamente posee una fuerza sobrenatural a la que llaman baaramii. Poco se sabe de su origen, ya que fue encontrada casualmente en Chiang Rai, al norte del país, cuando un rayo rompió una pagoda recubierta de cobre. Treinta años después, el rey Rama I la llevó al Palacio Real. La capilla donde se encuentra es muy amplia y está profusamente recargada de imágenes y adornos; en las paredes hay pinturas que representan las diez últimas reencarnaciones previas de Buda y los más renombrados momentos de su vida. A los pies del altar hay numerosas figurillas de elefantes de madera; las leyendas atribuyen a este animal ser el más frecuente «transporte oficial» de los dioses.
Sincretismo religioso
Alrededor del templo hay infinidad de imágenes que poco o nada tienen que ver con el budismo. La mayoría representan a seres mitológicos de origen chino o hindú y sirven como protección contra los malos espíritus. Sobre todo hay garudas y nagas, simbolizando a los mundos aéreo y subterráneo respectivamente, seguidos por singhas (leones centinelas), kinarees (mujeres aladas) o thepanomas (seres celestiales).
En el Wat Trai Mitr se encuentra el Buda de Oro. Cuando esta bella estatua fue encontrada en un lejano templo, decidieron trasladarla a Bangkok, pero las cuerdas se rompieron al no poder soportar las cinco toneladas de oro ocultas bajo la capa de yeso que la cubría. El motivo de esa falsa apariencia hay que achacarlo a que birmanos y tailandeses han sostenido conflictos bélicos durante miles de años; cada nuevo rey de ambos países, para demostrar su poder, declaraba una de esas «guerras de honor», resultando una interminable cadena de escaramuzas de mayor o menor grado que se han sucedido a lo largo de la historia de estos dos países vecinos y tradicionalmente rivales. Para impedir que los birmanos se llevasen a este buda de oro, como ya habían hecho con otros, lo recubrieron de yeso, procurándole así un aspecto escasamente atractivo a ojos de los saqueadores, llegando a caer en el olvido incluso para los propios tailandeses.
Más impresionante aún resulta la imagen del Buda Reclinado, en Wat Po (Monasterio del Árbol), con una longitud de 46 metros y una altura de 15, así como una antigüedad de 200 años, esculpido justo cuando el rey Rama I levantó esta ciudad a partir de un pueblecito de pescadores. En un lateral hay cien cuencos donde depositar una a una cien monedas, lo que supuestamente otorgará buena suerte a quien lo haga.
Este es el templo más antiguo de Bangkok y aquí se encuentra la escuela de masaje tradicional tailandés más prestigiosa, además de un espacio dedicado a la medicina naturista. Al lado del templo hay un gran árbol procedente de un esqueje de aquel otro sobre el cual se apoyó Buda cuando recibió la Iluminación. El cercano Chedi de los Cuatro Reyes cuenta con cuatro pagodas, cada una de un color, recubiertas de porcelana, que protegen las cenizas de los cuatro primeros reyes que llevaron el nombre de Rama.
El Templo de Mármol, o Wat Ben Chamabophit, debe su nombre a su fachada de mármol de Carrara. Este insólito detalle se debe al rey Rama V, que viajó por Europa a finales del siglo XIX e, impresionado por el arte italiano, ordenó contratar a varios artistas de esa nacionalidad para remodelar Bangkok, dándole un aire mas occidental. En la pequeña capilla, la imagen de Buda aparece mitad seria o mitad sonriente, según sea el estado de ánimo del que la contempla. Las ventanas lucen unas bonitas vidrieras de tonos dorados, mostrando a Buda en la parte central. Rodeando el claustro, hay una gran cantidad de budas con todas las representaciones de diferentes épocas y lugares. Fuera hay un árbol de la misma especie que el relacionado con la historia de Buda y que, en la actualidad, se adorna con cintas de vivos colores. Siempre hay gente observando la corteza e intentando encontrar figuras que se asemejen a números, signos premonitorios para ganar la lotería y abandonar definitivamente una vida marcada por los apuros económicos.
Finalmente, en Nakhon Pathon, a las afueras de Bangkok, se encuentra Phra Pathom, una enorme pagoda considerada el monumento budista más alto del mundo (unos 120 metros), además de ser el más antiguo de Tailandia. Está construido en el lugar donde se inició el budismo en este país, hace más de 2.000 años, cuando el emperador Asoka de la India mandó misioneros a esta región, aunque el templo tenga una antigüedad de mil años menos.
Masajes tradicionales
En primer lugar hay que aclarar que este masaje (en tailandés recibe el nombre de Nuad Phaen Boran) no tiene nada que ver con esos otros practicados en la vida nocturna de la ciudades turísticas de Tailandia, que podrían denominarse masajes de diseño, especiales para extranjeros. Los anuncios de los periódicos o los carteles de la calle son bastante explícitos al respecto: el tradicional lo indica con las palabras traditional o ancient, mientras que el otro se practica en locales que tienen nombres como La Cherie, Paris, Star Room o se anuncia como servicio de 24 horas. No hay confusión posible… salvo para quien quiera equivocarse.
El desarrollo del masaje tailandés se atribuye a Jivaka Kumar Bhaccha, quien fuera amigo de Buda y médico del rey Bimbisara; además de las técnicas de masaje, también se especializó en el uso medicinal de plantas y minerales. En Tailandia se le honra con el título de «Padre de la Medicina». Al contrario que el masaje practicado habitualmente en Occidente, que busca únicamente la relajación, el tailandés, emparentado con la medicina ayurvédica proveniente de la India, basa sus fundamentos, compartidos con la acupuntura china o el shiatsu japonés, en el concepto de las líneas de energía vital (prana nadis) que recorren el cuerpo, de las que han seleccionado las 10 principales. A éstas se las denomina Sen y por ellas están distribuidos los puntos que deben presionarse para restablecer el flujo correcto de energía, cuyo bloqueo puede producir enfermedades y dolores, por lo que la relajación pasa a ser un objetivo secundario.
Este tipo de masaje llegó a Tailandia en siglo III a.C., al mismo tiempo que el budismo, y está considerado como una práctica religiosa asociada a las enseñanzas de Buda; de hecho, hasta tiempos recientes, sólo se podía aprender en los monasterios. En la actualidad, en Tailandia existen dos tipos diferenciados de masaje tradicional: el estilo del norte, que se enseña en el Hospital de Masaje de Chiang Mai, y el estilo del sur, que se imparte en Wat Po (Bangkok). Quienes han aprendido en estos lugares comienzan la sesión de masaje con una corta oración que les ayuda a mantener una actitud meditativa, rememorando a Jivaka Kumar Bhaccha, que les ayudará a centrarse en la labor que van a desarrollar. En algunos lugares, a los hombres se les da un pantalón de seda, mientras a las mujeres se les proporciona una especie de pijama; aunque la costumbre occidental de tomar el masaje desnudo se ha introducido ampliamente. Éste debe durar un mínimo de dos horas. Como cada cuerpo es distinto, cada masaje también debe ser diferente, por lo que el masajista será muy intuitivo y adaptar la secuencia de ejercicios a las necesidades de su cliente.
El masaje se inicia por la parte anterior del cuerpo. Curiosamente, en un hombre debe comenzar por el pie derecho, mientras que con una mujer se hace por el izquierdo. La camilla ha de ser ligeramente rígida y la temperatura e iluminación agradables. El masajista recurre a estiramientos, flexiones y presiones con los dedos, las palmas de las manos, codos o rodillasEspecial relevancia tienen los puntos de presión de los pies, por su relación directa con distintos órganos internos del cuerpo. Tal como ya es ampliamente conocido en Occidente, 14 puntos del pie derecho y 16 del izquierdo se asocian con estómago, intestino, nervio ciático, páncreas, hígado, apéndice, corazón, etcétera.
A los pies se suceden las piernas y la espina dorsal, en las que se incluye una postura que, ¡vete a saber porqué!, se llama la «inquisición española», en la que se presiona con un codo la planta de los pies para producir lo que se considera como un «buen dolor», sin duda a causa del bienestar que se sentirá momentos después. Siguen el estómago, hombros y brazos, manos y dedos. En el dorso de la mano hay un punto, llamado Hegu, al que se considera como la «aspirina orgánica», ya que presionándolo se calma cualquier tipo de dolor. El masaje sigue por los laterales, con presiones y torsiones de las piernas y la columna, para continuar en la parte posterior del cuerpo. Los hombros, el cuello, la cabeza y la cara se hacen en posición sedente.
Así es el llamado masaje general aunque, a nivel terapéutico, existen otros diez puntos para solucionar los trastornos orgánicos más habituales. No es necesario el uso de aceites pero, si así se desea, el más indicado es el que emplean los médicos ayurvédicos en India o Nepal; también puede usarse el de coco e incluso el popular bálsamo de tigre, de fabricación tailandesa, cuando los músculos están muy tensos o para tratar una zona especialmente dolorida.