Ovnis
Última actualización 01/08/2006@00:00:00 GMT+1
Los constantes avistamientos de OVNIs en todo el mundo han provocado que durante décadas gobiernos, ejércitos, servicios secretos y científicos pretendieran conocer más sobre el enigmático fenómeno. Y en los últimos tiempos las autoridades de algunos países muestran mayor transparencia sobre sus investigaciones.
Los OVNIs existen: Es oficial!”. Así de contundente, se mostraba hace escasas semanas el Ministerio de Defensa británico al dar a conocer por primera vez su posición acerca de las investigaciones que lleva realizando en secreto sobre el asunto desde hace al menos cuarenta años. Se sumaba así al comunicado que también había realizado el gobierno francés un par de meses atrás.
Todo ello indica que algo está pasando tras el escurridizo e incomprendido tema OVNI. Y esta vez han sido los gobiernos europeos los que han vuelto a destapar el asunto, poniéndolo de actualidad y demostrando la falsedad de tres mitos que parecían haber calado en la opinión pública en los últimos años.
Primer mito:
Los OVNIs no interesan a la opinión pública
Hace algunos meses, la revista Muy Interesante –publicación nada sospechosa de veleidades ufológicas– daba a conocer los resultados de una encuesta cuyos resultados mostraban que un 90% de los españoles creen en la existencia de vida fuera de la Tierra. Más llamativo aún es el hecho de que el 70% piensa que se trataría de seres inteligentes y, asómbrese el lector, el 60% considera que hay civilizaciones más avanzadas que la nuestra. Es decir, más de la mitad de las personas que nos rodean creen en seres extraterrestres tal y como nos los muestran las películas americanas. Largometrajes, por cierto, que no han cesado de producirse de manera inmisericorde.
Segundo mito:
No han sido estudiados por la ciencia
“No se conocen las respuestas hasta que uno realmente busca, y hasta ahora quienes han indagado han sido individuos militares buscando aparatos enemigos o amenazas directas a la seguridad nacional. También han existido civiles motivados y con buen entrenamiento, pero con tiempo limitado y pocos recursos. La gente que está moviéndose en este campo ahora son buenos físicos e ingenieros que saben lo que están haciendo y saben que es la hora de involucrarse”. Estas proféticas palabras fueron pronunciadas por el que hasta el momento es, probablemente, el mejor ufólogo científico del mundo: el astrofísico francés Jacques Vallée. Éste ha formado parte de diversos grupos de investigación OVNI al más alto nivel, incluyendo la ONU o el gobierno americano, además de asesorar a multitud de colegas científicos que se iniciaron en el intrincado mundo de la ufología gracias a él. Sin ir más lejos, Steven Spielberg lo incluye indirectamente en su famosa película Encuentros en la Tercera Fase. Él representa la punta de lanza de una agrupación internacional de científicos multidisciplinares metidos de lleno en la solución del rompecabezas OVNI.
Desde luego el caso de Vallée y sus colaboradores no es único, ya que diversas asociaciones han investigado seriamente el asunto desde el año 1949. En la década de los cincuenta, aviones Starfire (Lockheed F94) de la Fuerza Aérea estadounidense, lograron filmar las evoluciones de OVNIs en cámaras de alta precisión. Pocos años después, el coronel Don Bower propuso al gobierno de los Estados Unidos un proyecto de gran magnitud que incluía la utilización de cámaras de largo alcance focal colocadas en los cazas a reacción más veloces de la época para poder grabar sus espectros de emisión, es decir, saber con exactitud científica los elementos físicos que componían la estructura de los “no identificados”. Además, obtendrían también sus tamaños, velocidades, etc. Como veremos más adelante, todo eso se ha logrado obtener en diversos proyectos esparcidos por el globo a lo largo de los últimos años.
Ya en los setenta, el proyecto Starlight Internacional, dirigido por el físico Ray Stanford de Texas, se valía de cámaras sincronizadas, videocámaras, telescopios, monitores de imagen, micrófonos direccionales montados en antenas parabólicas y magnetómetros. Todo ello con la fundada esperanza de captar e incluso “interferir” el paso de los OVNIs que pudieran registrarse. Algunos de esos aparatos, también habían sido usados por científicos franceses años antes, cuando colocaron casi 430 magnetómetros diseminados por media campiña francesa.
En 1973, el doctor Rutledge, del departamento de física de la Universidad de Missouri, se movilizó rápidamente para estudiar los fenómenos que se venían produciendo en una intensa oleada OVNI que se dio en esa zona de los Estados Unidos. El resultado, que se alargó durante los siguientes quince años, y fue denominado “Proyecto Identificación”, se publicó bajo el título Primer estudio científico de campo de los fenómenos OVNI. El trabajo, al que hemos podido acceder, es probablemente la publicación más seria y rigurosa llevada a cabo sobre el asunto.
Y así llegamos de la década de los ochenta hasta la actualidad, donde iba a ocurrir algo absolutamente sorprendente. Después de todo, quién se iba a imaginar que todos esos grandes proyectos y medios, muchas veces militares, quedarían empequeñecidos ante la iniciativa de unos pocos investigadores con menos recursos y aparatos disponibles, que vivían en el cerrado valle noruego de Hessdalen allá por el verano de 1983. Efectivamente, se trata quizás del proyecto más prometedor a pesar de ser el “menos costoso” del que se tiene conocimiento. Y todo por la circunstancia fabulosa, casi única, de que en el mágico valle de Hessdalen los avistamientos OVNI se repetían –y se siguen repitiendo– de forma alarmante desde hace años. Todo comenzó con una gran oleada en 1981 que se prolongó en la zona durante más de dos años.
Potentes luces nocturnas, que a veces se detenían durante horas sobre las escasas viviendas de los 200 noruegos que vivían en los alrededores de Hessdalen, y aparatosos rectángulos y triángulos negros que aparecían a plena luz del día, fueron los ingredientes esenciales para que un grupo de personas equipadas con todo tipo de instrumentos para fotografiar, medir y analizar el fenómeno se convirtieran en auténticos “cazadores de OVNIs”. Se encontraban en el lugar ideal para hacer ciencia de campo acerca del fenómeno OVNI. Después de todo, el número de avistamientos no ha cesado desde entonces, llegando a contabilizarse una media de 20 avistamientos mensuales. Además, esta vez sucedió algo muy significativo de lo cual deberían tomar nota muchos de los gobiernos que se creen “modernos y desarrollados”, y es que el Departamento Noruego de Investigaciones de la Defensa y la Universidad de Oslo, colaboraron conjunta y activamente en el proyecto prestando material de todo tipo: cámaras, magnetómetros, sismógrafos, láseres, espectrómetros e, incluso, radares. Todo un lujo a disposición de los investigadores de campo.
Actualmente el “Proyecto Hessdalen” –rebautizado como “EMBLA”– continúa dando resultados interesantes más de veinte años después de su fundación y demostrando que, sin ninguna duda, los OVNIs han sido estudiados científicamente.
Tercer mito:
No preocupan a los gobiernos
Lo apuntábamos al principio: el gobierno de Tony Blair ha publicado en forma de estudio las respuestas a esas viejas preguntas que todos los interesados en el enigma OVNI nos hacemos. Estamos ante un informe que abarca más de treinta años de avistamientos, desde 1959 hasta 1996.
El estudio concluye que los OVNIs existen, pero rechaza que tengan algo que ver con visitantes de otros mundos ya que, según se cita en las casi 450 hojas del informe, “no existen pruebas que sugieran que los fenómenos sean hostiles o estén bajo algún tipo de control diferente a las fuerzas de la naturaleza”. Es interesante, además, que se asegure que todos los testigos a los que accedieron no mentían, ni fabulaban en cuanto a sus observaciones sino que muchos de ellos, simplemente no podían asociar el fenómeno a nada conocido por deberse, en muchos casos, a fenómenos anómalos y extraños del tipo de los rayos en bola, “luces terrestres”, “duendes”, plasmas y demás fenomenología tan de moda en estos momentos. Incluso se llega a afirmar que “el ojo humano puede confundir estos plasmas con naves de forma triangular” (?). Además, según el estudio, ese tipo de plasmas pueden engañar y crear en el espectador impresiones muy vivas. Está demostrado médicamente, dicen, que los “campos –electromagnéticos– locales suscitan reacciones en los lóbulos temporales del cerebro”. Quienes aseguran haber sido testigos de la aparición de algún OVNI no están locos, sino que sufren “de una retención de memoria ampliada y repiten experiencias” inducidas por esos plasmas. Como último dato inquietante, y “aviso a navegantes”, el informe afirma sin ningún tipo de censura militar que “se recomienda utilizar lo que se sabe hasta ahora sobre los presuntos OVNIs para eventuales aplicaciones militares”, algo en lo que, según los científicos británicos, los rusos están ya trabajando.
Los ejércitos investigan
Un caso paradigmático es el de Chile. En 1997 se crea el Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos –CEFAA–, dependiente de las Fuerzas Aéreas. La razón del nacimiento de este organismo: un espectacular caso ocurrido algunos meses antes, cuando se detectaron varios objetos voladores capaces de pasar en pocos segundos de cero a 1.500 km/h. El director de la Escuela Técnica Aeronáutica Gustavo Rodríguez –nombrado cabeza visible del CEEFA junto al general Ricardo Bermúdez– llegó a confesar que en 1988 casi se produjo una colisión entre un avión comercial y un OVNI en los cielos chilenos. En México, el secretario de Defensa Gerardo Clemente no se lo pensó dos veces antes de entregar a los investigadores una filmación de 16 OVNIs obtenida por los tripulantes de un avión militar gracias a una cámara de infrarrojos. El hecho causó una verdadera conmoción mundial. En Uruguay funciona desde hace años una comisión oficial de la Fuerza Aérea conocida como CRIDOVNI –Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias de Objetos Voladores no Identificados–; en Argentina, un grupo de trabajo del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas realiza la misma labor.
Algo se mueve en Latinoamérica, no cabe duda, pero en la vieja Europa también han surgido en los últimos tiempos algunas iniciativas esperanzadoras. Nos situamos ahora en Francia a finales del año 1999. Entonces, un grupo relevantes personalidades del mundo de la ciencia, la milicia o los servicios secretos dan a conocer un informe que defiende la existencia de los “no identificados”: “La realidad física del fenómeno OVNI –leemos en el llamado “Informe COMETA”– es incuestionable y el origen terrestre del mismo no explica más que una minoría de los casos. Así que es necesario recurrir a otras hipótesis, como la extraterrestre”.
Gran Bretaña también posee una larga tradición en lo que respecta al interés gubernamental por los OVNIs. En 1952 varios cazas militares persiguieron extraños objetos en los cielos británicos, lo que motivó que el primer ministro Wiston Churchill enviara a Washington un consejero científico, quien a su regresó le recomendó la investigación a fondo del asunto. Por esta razón, varios funcionarios del departamento de inteligencia de las Fuerzas Aéreas se desplazaron a Estados Unidos para asesorarse sobre cómo crear un programa de investigación militar. En los años 90 se supo de la existencia de un departamento dentro del Ministerio de Defensa encargado de recopilar informaciones sobre avistamientos. Su director hasta 1994, Nick Pope, desveló algunas informaciones confidenciales sobre el departamento y sus actividades. Sin embargo, el gobierno se vio obligado a reconocer, después de la emisión de un reportaje de la BBC, que existían otros dos organismos de inteligencia que investigaban los casos más secretos.
Espoleados por estas informaciones, tuvimos la oportunidad de preguntarle en 2000 al entonces director del servicio secreto español, general Javier Calderón, sobre el asunto OVNI. En su críptica respuesta, dijo que el servicio secreto no había llevado a cabo investigaciones directas sobre el fenómeno porque “tal como se ha presentado, tal como se ha percibido, no es una amenaza”. Años antes, a requerimiento de J. J. Benítez, otro director de nuestro centro de espionaje, Emilio Alonso Manglano, declaraba que “esta fenomenología podría considerarse competencia directa de este organismo en aquellos casos en los que se viera implicada la seguridad nacional”. Lógico, teniendo en cuenta que en varios casos actualmente desclasificados por el Ejército del Aire, las autoridades todavía no encuentran explicación satisfactoria. En este sentido, el ex ministro de Defensa Alberto Oliart nos decía que “en realidad no se tiene convicción de quiénes son y lo que hacen”, aunque él se decanta por una explicación relacionada con la prueba de aparatos aéreos secretos.
También en la antigua URSS, las autoridades se preocuparon por obtener información sobre el fenómeno. Son de sobra conocidos los paneles oficiales de investigación OVNI constituidos por científicos y militares entre los setenta y los noventa. . De hecho, la Academia de Ciencias publicó en su época sendos artículos sobre la cuestión que nos ocupa, con títulos tan sugerentes como “Historia de la investigación estatal OVNI en la URSS”. Sin embargo, ya desde el comienzo de la moderna era de los “no identificados”, en 1947, Stalin había encargado a varios científicos un estudio de los expedientes e informes sobre OVNIs que poseía la inteligencia soviética. Incluso después de la desaparición de la URSS, el gobierno ruso mantuvo un proyecto de investigación, centrado en algunos casos de avistamientos sobre bases militares. Pero el interés de los espías rusos va mas allá de los avistamientos. Según declaró Viaceslav Zhurkin, agente de contrainteligencia de la FSB –actual servicio secreto ruso–, en una entrevista concedida a una revista italiana, asegura que “no lo dan a conocer, porque no saben cuáles podrían ser las consecuencias (…) Si mañana un disco volante, una astronave, aterrizase en la Plaza Roja o frente a la Casa Blanca, podría producirse pánico mundial; podría transformarse el modo de vida en todos los países donde hay un orden. Además, tal vez el contacto con los OVNIs produciría un efecto negativo en el hombre”. Habrá que esperar para saberlo.