En 2006 el gobierno electo de Hamas respondió a Bin Laden aún con más energía, pidiendo a Al Qaeda que no utilizara la causa palestina para reclutar simpatizantes, ya que sus luchas «son totalmente diferentes». Ghazi Hamad, portavoz del Gabinete islamista, negaba a mediados de mayo cualquier relación de Hamas con Al Qaeda. Sin embargo, la prensa israelí y norteamericana han conseguido popularizar en Occidente la idea de que los atentados palestinos contra intereses judíos ocultan a los mismos terroristas islamistas que Al Qaeda. ¿Es verdad?
Si algún viajero intrépido decide abandonar la relativa seguridad de Tel Aviv, Jerusalén o Ramallah, para adentrarse por las inhóspitas carreteras palestinas, eludiendo los Check Point (controles militares israelíes), y viaja hacia el extremo norte de Palestina, puede visitar uno de los castillos de los nizaries o «asesinos», no muy lejos de Tiberiades. Aunque la secta de «los asesinos» (del árabe hashshashín o «fumador de hachías») tenía su base de operaciones en Irak, poseían fortalezas en otros puntos del mundo árabe como Irán, Siria o Palestina. Sus adeptos, los seguidores de Hasan-i Sabbah, llamado también el Viejo de la Montaña, fueron los primeros «mártires» del mundo islámico, al entregar su vida en misiones suicidas ordenadas por su líder, quien utilizaba el hachías para convencer a sus seguidores de que si morían en combate o en actos de martirio, viajarían inmediatamente al Paraíso. Quizás, podría considerarse como el primer ejemplo de la historia del uso de la «guerra psicológica» o el «control mental» con drogas, en el adoctrinamiento de terroristas suicidas.
Muchos autores modernos han identificado a Hasan-i Sabbah con una especie de Osama Bin Laden del siglo XII (murió en 1124). Y la prensa israelí ha publicado en numerosas ocasiones, perfiles del Viejo de la Montaña, a quien intentaban asemejar con el mismísimo Yasser Arafat o, más recientemente, con Abu Maser, al identificar, directamente, a los miembros de organizaciones armadas como las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, Hamas, o la Jihad Islámica, con el mismo perfil de terroristas islamistas fanáticos, que presentan los nazaríes o Al Qaeda…
Trauma psicológicoEl Dr. Mahmud Sehwail nació en un pequeño pueblo palestino, a 20 kilómetros de Ramallah. Hace casi 30 años llegó a Zaragoza (España), siendo apenas un joven, que huía de la ocupación israelí para buscar una esperanza de futuro en España. Estudió psiquiatría en la Universidad de Zaragoza y, una vez concluido sus estudios, regresó a Palestina, donde abrió el Centro de Tratamiento y Rehabilitación para las Victimas de la Tortura, con sede en Ramallah. Hasta allí nos desplazamos para entrevistarlo. «En la actual intifada más de 5.000 personas han muerto a manos de las tropas israelies, unas 60.000 personas han resultado heridas, miles de casas destruidas… y casi el 40% de la población masculina ha sido detenida al menos una vez. Es una población traumatizada en masa. Casi el 70 % de los niños palestinos han presenciado o han sido sometidos a violencia israelí, por lo que el daño psicológico es muy grande. Sólo en 2005 realizamos 8.000 visitas a casas de familias afectadas por la tortura», nos explicó.
Sehwail dirige un grupo de psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales y voluntarios que intentan afrontar los problemas emocionales y psicológicos originados por la guerra, los bombardeos y en especial por las torturas en las cárceles, tanto israelíes como palestinas. Porque, en su opinión, es en esos traumas psíquicos y en las torturas –y no en el fanatismo religioso–, donde germina la semilla del suicidio: «Yo he realizado 316 visitas a cárceles israelíes», explica el Dr. Sehwail a AÑO/CERO. «Cada vez que voy a una cárcel israelí me digo a mí mismo: ‘es la última vez’. Primero porque tengo que esperar varias horas para poder entrar. A veces cuatro, seis, u ocho horas y no lo consigo. También visité varias cárceles palestinas, desde la llegada de la Autoridad Palestina en 1995-96. En las prisiones israelíes la tortura está bien organizada y planeada; en las palestinas los que torturan son gente que ha sido detenida y torturada en cárceles israelíes y ha aprendido la técnica. El torturado se convierte en torturador. Como ha ocurrido con nazis y judíos».
El psiquiatra nos facilitó la posibilidad de entrevistar a algunos de sus pacientes en Ramallah. Viudas, huérfanos, o víctimas que sobrevivieron a la tortura, pero que arrastran traumas psicológicos desgarradores, desfilan ante nuestra cámara y micrófono.
Isan, por ejemplo, es un hombre prematuramente envejecido, que convive con el trauma de la tortura desde antes de la primera intifada, hace casi 20 años. Necesitamos la intercesión de uno de las psiquiatras del centro, que lleva su caso, para que Isan nos permita grabar la entrevista, garantizándole que su identidad quedará en el anonimato. A pesar de los años que han transcurrido, Isan se sigue sintiendo traumatizado y avergonzado. «Me detuvieron cerca de Ramallah. Me interrogaron durante días, yo era muy joven, y no tenía nada que confesar. Como no respondía a los interrogatorios me violaron en la cárcel… ya no puedo vivir como un hombre».
Según explica el psiquiatra, las palizas, los golpes, la privación sensorial, el hambre o el frío son mucho menos importantes para las víctimas de la tortura que la humillación, el miedo, y la tortura psicológica: «Yo creo que el objetivo de la tortura no es matar físicamete a la persona; es matar su espíritu. Cambiar su carácter. Busca infundir el miedo en su familia y en toda la comunidad». Y a consecuencia de ello, algunos torturados, o simplemente personas que no han soportado los traumas de la guerra, se han convertido en suicidas.
Uno de los casos más significativos que nos relató el Dr. Sehwail terminó en las portadas de la prensa internacional y en los listados estadísticos de los atentados suicidas en Palestina: «Hace tres o cuatro años yo estaba invitado en un programa de radio para gente afectada. Un hombre llamó diciendo que sus hijos habían presenciado la muerte de su madre a manos de los israelíes, y desde entonces se habían vuelto violentos, agresivos, en contra de otros en la escuela, en la calle. Aquel hombre pedía un consejo, una ayuda psicológica. Un mes después nos enteramos que ese hombre se convirtió en una bomba humana. No pudo manejar su trauma. La única salida para él fue el suicidio».
El psiquiatra palestino-aragonés insiste en que detrás de cada atentado suicida se ocultan un trauma y una historia familiar. «A uno de mis pacientes le habían destruido la casa en el 1989. Su hermano también estaba encarcelado en prisiones israelies. Cuando reconstruyó la casa fue destruida otra vez. Y terminó cometiendo un acto suicida. Yo he conocido a las familias de los suicidas, y no hay ningún motivo religioso. Es la frustración. Tras cada acto suicida hay un trauma y una historia. No tiene nada que ver con la religión. Es gente traumatizada. Son utilizados por grupos extremistas».
En Occidente pocas personas saben lo que suponen las «detenciones administrativas» israelíes, por las que un palestino puede ser retenido hasta seis meses sin juicio, sin abogado y sin sentencia –y, lo que es peor, prorrogables–, en una cárcel israelí, siendo sometido a contundentes «interrogatorios». Estas detenciones son uno de los instrumentos de presión que algunos israelíes emplean con gran pericia para romper la moral palestina, pese a que la organización Aministía Internacional ha desarrollado numerosas iniciativas contra esta y otras formas de tortura. En su página web (
http://www.es.amnesty.org) esta organización ofrece varios dossiers monográficos sobre la tortura y las detenciones administrativas, y se facilitan impresos de protesta que cualquier ciudadano puede enviar por correo electrónico al gobierno israelí para manifestar su protesta.
Sin necesidad de juicios o abogados, Aiman y otros miembros de las Brigadas de Al Aqsa, Hamas u otras organizaciones eran retenidos durante periodos de seis meses, que se sucedían en prisión, sufriendo un trauma y gestando un odio difíciles de describir. De hecho, durante todo el tiempo que pasamos con Aiman, apenas le vimos esbozar una sonrisa. Pero lo más sorprendente es que él –al igual que casi el 45 % de la población de Belén–, no es musulmán, sino cristiano. Durante la primera intifada una quinta parte de los mártires suicidas en las Brigadas de Al Aqsa eran cristianos ¿Cómo es posible?
¿Terrorismo o resistencia?Judeh George Morkus es ministro de Turismo y Antigüedades y, al igual que Aiman, pertenece a Al Fatah y es cristiano. Nos reunimos con él en su despacho de Belén. El ministro insiste en desvincular totalmente la actual lucha palestina de fenómenos antiguos como el de los asesinos nazaríes, o de grupos islamistas como Al Qaeda. Morkus nos aseguró que en Palestina la lucha es política, y no religiosa. Aunque comprende que cada miembro de la resistencia busque ayuda moral o espiritual en sus propias creencias.
En este sentido redunda el miembro del parlamento palestino Fayez Saqqa, con quien nos reunimos en Ramallah: «Las Brigadas de Al Aqsa están vinculadas a Al Fatah, y éste es un partido laico. Entre sus militantes, por supuesto, hay cristianos, musulmanes y gente que no tiene un pensamiento religioso. Es decir, es una formación política, no religiosa». Para el parlamentario de Al Fatah, casado con una burgalesa y gran amante y conocedor de la cultura española, la identificación que se ha hecho de la resistencia palestina con el terrorismo islamista, es fruto de una campaña de propaganda israelí y norteamericana, meticulosamente orquestada para enemistar a Occidente con la causa palestina. Tras el 11-S el terrorismo islamista es el nuevo enemigo del mundo, y asociar a los grupos palestinos con Bin Laden supone la mejor excusa para retirarles la ayuda humanitaria y ahogar a Hamas y a su pueblo.
Saqqa, que lleva en su cuerpo las cicatrices de tres balazos recibidos durante incursiones israelíes en Palestina, y que también se considera miembro de la resistencia, tiene más puntos en común con el ex líder de las Brigadas de Al Aqsa en Belén. Ambos son miembros de Al Fatah, ambos son cristianos (Saqqa católico y Aimán ortodoxo) y, aun así, ambos fueron detenidos e interrogados por los militares israelíes, acusados de ser terroristas islamistas…
Víctimas infantilesUna de las mayores preocupaciones del TCR y del Dr. Sehwail son los niños: «Tenemos un programa continuo para ellos. El 68% de los niños palestinos han sido sometidos o han presenciado violencia. Han visto morir a sus amigos, sus casas y escuelas han sido bombardeadas… Mira, yo traté a mucha gente en la primera intifada, en el 1987-88, y los niños que crecieron entonces dirigen la actual. Y creo que los que se han criado en esta intifada, dirigirán la tercera».
El ministro Judeh George Morkus también manifiesta su preocupación por el clima de violencia que rodea a los niños palestinos en su vida diaria. Las armas, los tanques, los bombardeos… todo forma parte de la rutina diaria de cualquier muchacho palestino. «Yo soy padre y tengo que responder a las demandas de mi hijo, que me pregunta: ‘¿qué está pasando? ¿por qué vivimos así?’; y no puedo responderle. Cuando mira la televisión descubre cómo viven otros niños en otras partes del mundo, cómo pueden viajar, jugar, y bañarse en el mar, mientras él no puede llegar al agua… Para el 90 % de los niños palestinos sus juguetes favoritos son armas de plástico… Tiene muchos juegos, pero siempre coge la pistola, porque está viendo todo el día a los soldados israelíes con sus armas y es lo que quiere».
Tanto el Mossad como otros servicios de información israelíes son conscientes de esa familiaridad de los niños palestinos con las armas, propiciada por la ocupación. De hecho, cualquiera puede comprobar que basta dirigir una cámara de fotos a un grupo de niños para que posen como si tuviesen armas en las manos. Las calles y casas de todo el país están decoradas con las fotos de niños armados, posando con sus padres, mártires palestinos. Desgraciadamente, este fenómeno ha convertido a miles de pequeños en «daños colaterales». En Jenin conocimos, por ejemplo, a Mohamed, de 10 años. Durante una incursión de las tropas israelíes en la zona fue atacado por los perros de los soldados, que le dañaron gravemente el brazo. Arcan no tuvo tanta suerte. Se encontraba cerca de una manifestación de Hamas que fue dispersada a tiros por los soldados israelíes, y una bala lo dejó para siempre postrado en una silla de ruedas. Yihad aún tuvo peor fortuna. Él también está en una silla de ruedas, pero porque un tanque israelí le causó la amputación de la pierna izquierda. Tenía 12 años cuando ocurrió. Nos recibió en su casa ya cumplidos los 16, pero desde que perdió la pierna no se ha atrevido a volver a salir a la calle ni a asistir al colegio.
Ese resentimiento y ese temor, que convierte a los niños palestinos en un grupo social traumatizado de forma colectiva, será el origen de nuevos problemas en el conflicto árabe-israelí en el futuro, y no sólo por las consecuencias psicológicas que sufren esos niños, sino por cómo pueden influir en su círculo familiar.
La crisis que vieneEl parlamentario Fayez Saqqa sugiere que el inesperado triunfo de Hamas en las últimas elecciones quizá fue una sorpresa sólo para los palestinos. En su opinión, Hamas pudo haber sido «víctima» de una brillante operación de la CIA y el Mossad, mediante la cual en primer lugar conseguían que dicha organización fuera incluida en el listado de grupos terroristas internacionales, y luego que ganara las elecciones en el país. La consecuencia inmediata es que ningún gobierno democrático podría establecer relaciones diplomáticas con una organización terrorista, lo que supone el cese de ayudas humanitarias, acuerdos comerciales, etc. Por esa razón, en estos momentos, muchos funcionarios llevan tres meses sin cobrar su sueldo; los hospitales palestinos empiezan a notar las carencias de ciertos medicamentos y el pueblo palestino, en definitiva, siente como su ahogamiento es cada vez más profundo. El triunfo de Hamas en unas elecciones democráticas controladas por observadores occidentales y el traspaso de poder de Al Fatah a Hamas, en un ejercicio de ejemplar democracia inédito en los paises árabes sólo ha supuesto un empeoramiento de las condiciones de vida para el pueblo palestino. Y una nueva forma de tortura para las familias que ven como empiezan a escasear hasta los elementos de primera necesidad.
Ander M. Zboun es padre de cuatro hijos, musulmán y miembro del Parlamento Palestino por Hamas. Ha sido detenido en tres ocasiones y su casa fue destruida. Antes de ganar las elecciones, fue profesor universitario en Inglaterra. De trato muy cordial y amable, no cede un ápice, sin embargo, a la hora de defender a su partido del boicot internacional. «Todavía no existe una definición internacional sobre qué es terrorismo –nos explicó–. Cuando preguntaron a Bush qué era el terrorismo dijo que el Demonio. Y eso supone el terrorismo para los israelíes y norteamericanos: todo lo que va contra ellos. Todo el mundo debe saber la diferencia entre resistencia y terrorismo. Lo que hace el pueblo palestino es resistencia a la ocupación. Y podemos verlo muy claro con lo que ha pasado en Irak o en Afganistán, o lo que está pasando ahora con el pueblo palestino. Por ejemplo, en Irak todos los informes de la CIA resultaron falsos y sin embargo han muerto ya un millón de iraquíes desde que empezó la guerra».