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Hemeroteca :: Edición del 01/09/2006 | Salir de la hemeroteca
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Insectos: repelentes naturales

Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
En la infancia, cuando iba con mi familia de excursión al campo, al primer zumbido de una avispa o una línea de hormigas, mi madre gritaba: ‘¡Rápido! ¡Coged el veneno!’ Y del cesto de la merienda sacaba una gran spray insecticida. Mi padre rociaba todo a la vista: no sólo los bichos eran sometidos a una nube tóxica, también nosotros y la comida que íbamos a tomar.
Me sorprende que estemos todos tan sanos y quién sabe lo que hacía aquel producto», cuenta Cait Johnson, productora de la publicación Care Healthy Living. En este caso y como reza el dicho popular, puede afirmarse que «es peor el remedio que la enfermedad».

Después de décadas de utilizar insecticidas como el DDT y otros elaborados con carbamatos, paradiclorobencenos y organofosfatos, los científicos siguen corroborando la elevada toxicidad de los mismos. Los citados compuestos producen defectos en los fetos, interfieren con los sistemas inmunológico y endocrino y causan efectos crónicos adversos en el hígado y la glándula tiroides. Tras décadas de utilizar naftalina en los armarios para alejar a las polillas de la ropa, ahora sabemos que este ingrediente, el principal en los productos comerciales para tal fin, es cancerígeno. Los pesticidas son asimismo responsables de elevado número de abortos y, según las investigaciones más recientes, alteran la mitocondria de las células y están implicados en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Así lo corroboraron a finales del 2003 los estudios de Gary W. Molinero, Alexander Panov y Jason Richardson, científicos de la universidad de Emory en Atlanta y en junio del año en curso, un estudio realizado con 140.000 personas por Alberto Ascherio, de la Harvard School of Public Health de Boston, ha confirmado de nuevo un riesgo del 70% de desarrollar dicha enfermedad debido a la exposición a pesticidas. Aunque agricultores y jardineros tengan más riesgos que otras personas por su permanente exposición a los mismos, lo cierto es que están en el medio ambiente y en los alimentos que consumimos a diario. Si analizamos las frutas y verduras que comemos, ¿no están llenos de productos químicos? Esos venenos no pueden eliminarse del todo ni siquiera lavando dichos alimentos, pero sí es posible evitar el empleo de repelentes comerciales de insectos, elaborados con tóxicos perjudiciales.

Remedios naturales

En la actualidad, debido al calentamiento global, las plagas de insectos se están intensificando en todo el Mediterráneo y también se hace preciso hacer frente a insectos que proceden de otras latitudes, como los «mosquitos tigre». No todos los insectos son igualmente nocivos para la salud humana, pero hay personas tan alérgicas a las picaduras de algunos de ellos –como abejas o avispas–, que una simple picadura les puede producir un choque anafiláctico. Ancianos y niños también tienen mayores riesgos de enfermar con las picaduras de ciertos insectos. Sin embargo, por desagradables que sean las consecuencias que algunos de ellos provocan en personas sensibles, el empleo de insecticidas elaborados con productos químicos probablemente sea más nocivo todavía. ¿Qué puede hacerse pues para evitar los citados productos, especialmente en época veraniega y sobre todo cuando se viaja a países donde los insectos constituyen auténticas plagas y son transmisores de enfermedades graves o incluso mortales? En Aromaterapia para todos, de P.J.Pierson y Mary Shipley, aparece un interesante testimonio: «Mi médico me recomendó el aceite esencial de pachuli para repeler insectos. ¡Qué descubrimiento! Es curioso cómo me ayuda también para eliminar la ansiedad. Tiendo a comer cuando estoy tensa, pero cuando me pongo unas gotitas de este aceite por la mañana la ansiedad desaparece y no ingiero tanta comida».

Los aceites esenciales no son la única solución y tampoco son eficaces en todos los casos pero, al igual que otros remedios que se detallan más abajo, son siempre preferibles a los insecticidas tóxicos. Todavía se desconocen los efectos de muchos de sus componentes y, en cualquier caso, los repelentes con base química son absorbidos por la piel y terminan acumulándose, lo que puede dar lugar a trastornos médicos graves como los ya citados. Los repelentes sintéticos de insectos requieren lavados con jabón para ser eliminados del cuerpo, lo cual no significa que de ese modo se haya eliminado por completo la amenaza para la salud que suponen, ya que algunos permanecen en las ropas durante semanas tras su uso y siguen siendo absorbidos por la piel. Protegerse con repelentes naturales antes de ser picados parece una medida de sentido común. Algunos de ellos protegen durante más tiempo que otros. Según algunos estudios los repelentes con aceites esenciales de coco y geranio funcionan con algunos tipos de mosquitos hasta ocho horas. Cuando se viaja a zonas húmedas donde hay gran densidad de insectos que pueden transmitir enfermedades graves y donde cualquier repelente aplicado sobre la piel va a desaparecer por efecto de la lluvia o la transpiración, lo más aconsejable es protegerse con ropas rociadas con repelentes preparados con aceites esenciales específicos.
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