Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
Estas jornadas, para los que trabajamos en esto del periodismo de misterio, son más bien de descanso. La redacción, prácticamente todo el mes de agosto permanece cerrada. La vorágine diaria da paso a una tranquilidad turbadora, tan “espesa” como para olvidar durante algo más de tres semanas que, como a la gran mayoría de los ciudadanos del mundo civilizado, el trabajo consume el setenta por ciento del tiempo de nuestra existencia, para bien, o para mal. En mi caso son días en los que, pasado el desconcierto inicial, la realidad se/me transforma.
Conforme se acerca la madrugada, como ya hiciera años atrás en compañía del siempre presente Fernando Jiménez del Oso, despliego una tumbona tan cómoda como roñosa, y sin excesiva prisa me dispongo a escudriñar la bóveda celeste. Y entonces, recuerdos… “Diablos, has visto esa estrella; se ha movido”, me decía. “Sí Fernando, pero hombre, que eso es un satélite”. “Ah, ya. ¿Y los satélites hacen círculos, y a esa velocidad?”, inquiría. “Vaya, pues… creo que no”. En esos momentos, el bueno de Fernando, atisbando los límites del Universo con la mirada perdida, me preguntaba: “¿Recuerdas cuánto tiempo hace que no paras un segundo para mirar a los cielos, en silencio, únicamente rodeado por los grillos que con su sintonía monótona acompañan el paso de las horas?”. Pues eso, ¿lo recuerdan? Si su respuesta es que hace años, estará de acuerdo conmigo en que nacemos rápido; vivimos rápido; morimos, quizás, demasiado rápido. La vida que nos ha tocado vivir, amén de la perogrullada, es así: excesivamente rápida. No somos capaces de saborear el momento en el que la tranquilizad nos rodea suavemente con su manto, porque atender a ese preciso instante, en nuestra realidad se considera una pérdida de tiempo.
Los pueblos del pasado oteaban los cielos, porque no había televisión para mirar al frente y porque en éstos hallaban la respuesta para muchas incógnitas. Estaban limitados en las formas pero poseían una riqueza de espíritu envidiable. Hoy, tales conceptos nos parecen chorradas. Tanto que deshumanizamos al semejante; los diarios hablan de atrocidades impropias en cualquier otra especie animal, y a las que prestamos la atención de unos cuantos segundos.
Yo, ahora, miro al cielo con los ojos muy abiertos; está tachonado de millones de estrellas que una vez más nos recuerdan que somos pequeños, minúsculos en esta aventura de la Creación, sea este concepto lo que sea y haya sido orquestado por quien demonios se desee, pero nunca habrá suficientes si como dice el viejo proverbio chino cada una de ellas es el espíritu de alguien que ya se ha ido, porque en los últimos doscientos años estamos ganando a pulso que la mano divina, si es que existe, nos machaque de un plumazo con su justiciero puño. A los hechos me remito…
En fin, intentando iniciar este nuevo ejercicio 2006-2007 con talante positivo, les invitamos un mes más a evadirse entre las páginas de ENIGMAS. Fieles a nuestra forma de hacer las cosas en los próximos meses seguiremos apostando por una línea que promete muchas y jugosas sorpresas. ¡Bienvenidos a la nueva temporada!
Lorenzo Fernández Bueno