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Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
Durante más de medio siglo millones de personas en todo el mundo han aprendido a practicar meditación trascendental. Es una técnica que numerosos estudios científicos avalan como útil para mejorar la salud, disminuir el estrés, rejuvenecer el organismo y mejorar la creatividad. Pero en el camino para la pretendida iluminación iniciado por su fundador, Maharishi Mahesh Yogi, también hay sombras…
La organización que está detrás de esta técnica, considerada en algunos países como religión y en otros directamente una secta peligrosa, está relacionada con faraónicos y polémicos proyectos de inversión. No en vano ha mantenido relaciones con dictadores y se ha convertido en una gigantesca y opaca maquinaria de recaudación.

El director de cine David Lynch, famoso por películas como Mullholland Drive o la serie de televisión Twin Peaks, se ha embarcado en una difícil cruzada: recaudar miles de millones de dólares para los diversos proyectos que tiene en marcha la meditación trascendental. El realizador es por el momento el último personaje famoso que sucumbe al encanto de la misma. Desde que en los años sesenta los Beatles quedaran deslumbrados por la oratoria de Maharishi Mahesh Yogi, son muchos los personajes célebres, los poderosos, y las simples personas corrientes, que han encontrado en esta práctica la vía para alcanzar una paz interior, mejorar su vida intelectual, su atención o simplemente para encontrarse más a gusto.

Mejorar la calidad de vida, reducir el estrés y sus consecuencias en el organismo o incrementar la creatividad, son algunos de los múltiples beneficios de la técnica original de meditación trascendental que introdujo en Occidente hace poco mas de medio siglo un, hasta entonces, poco conocido gurú indio, que recogía prácticas de la antigua tradición védica hindú. Unos efectos positivos para el organismo que están avalados por más de seiscientos estudios realizados por diferentes universidades.

Pero la meditación trascendental se ha ido convirtiendo con el paso de los años en algo mucho más grande y complejo que una simple técnica para encontrarse mejor. Universidades, fundaciones, centros de desarrollo, y hasta un partido político afín –el Partido de la Ley Natural–, han ido surgiendo al amparo de la marca “Meditación Trascendental” y de las enseñanzas del gurú Maharishi. Un entramado de sociedades y organizaciones que declaran pretender llevar a la humanidad a una nueva era de paz y prosperidad, pero que entre tanto están generando beneficios de millones de dólares, y que no dudan en buscar el apoyo y complicidad de los poderosos.

David Lynch es un meditador convencido, que practica esta técnica todos los días desde hace 34 años. Aprovechando su fama como cineasta se ha embarcado en la empresa de conseguir mil millones de dólares para la creación de una amplia red de palacios de la paz de “Meditación Trascendental”, con la que pretende ayudar a conseguir que la paz llegue a reinar en la Tierra. En este faraónico proyecto se contempla también la construcción de una meca de la meditación en la India, que sería capaz de albergar a unos 40.000 seguidores.

Este es uno de los últimos proyectos en los que la organización está implicada, pero no el único. Hace trece años se presentó en Canadá la Maharishi Land Veda, que anunció un proyecto que incluía un gran parque cerca de las cataratas del Niágara y una red de doce nuevas universidades. Centros de enseñanza que se unirían a los que ya están funcionando, como la Universidad Internacional Maharishi, o la influyente Universidad Maharishi en Fairfield, Iowa –EEUU–, donde estudian bastantes de los retoños de los personajes más poderosos de la primera potencia mundial.

Unos ambiciosos proyectos que palidecen si se comparan con el programa para erradicar la pobreza de la Tierra que la organización ha puesto en marcha. El pasado mes de diciembre varios de los periódicos mas prestigiosos del mundo, como El País o el Internacional Herald Tribune, publicaron un amplio anuncio en sus páginas de economía en el que solicitaban inversores dispuestos a desembolsar un mínimo de 50.000 euros en unos bonos para la paz mundial. Aseguraban que recibirían entre un diez y un quince por ciento de rentabilidad, además de ayudar al desarrollo de los países del tercer mundo, y mejorar la justicia y la paz internacional. ¿Quién se podría resistir ante tamaña ganga? Obtener una excelente rentabilidad y encima ayudar a mejorar el mundo parecen una combinación tan buena que resulta difícil de creer. Y eso es lo que les debe pasar a los inversores, que no se lo han creído. El responsable del mismo, el economista mexicano Benny Feldman, reconoció que se trata de un proyecto grande que debe ser examinado desde varias perspectivas. Erradicar la pobreza en la Tierra, mediante este programa, tiene precio: ocho mil millones de euros, lo suficiente para dos mil millones de hectáreas en un centenar de países en vías de desarrollo, que se destinarían para cultivos intensivos en los que se emplearían a las personas mas pobres del planeta, y que producirían alimentos orgánicos para los países mas ricos. Una ecuación que parece perfecta. Inversores del primer mundo que ganan dinero, países pobres en los que los más desfavorecidos tienen posibilidad de progresar, y de nuevo el primer mundo que recibe alimentos más sanos, sin pesticidas. Tal vez demasiado bonito como para ser cierto.

Muy próximo a cumplir ya los noventa años, Maharishi Maesh Yogui se prodiga poco en las apariciones públicas. Recluido en la residencia que tiene en Vlodrop, en Holanda, mantiene el contacto con sus seguidores en todo el mundo a través de transmisiones de vídeo en las que explica sus proyectos y difunde sus enseñanzas. En una de sus últimas apariciones, el pasado mes de febrero, Maharishi –palabra que en el idioma hindi significa “gran vidente”–, además de explicar su mencionado plan para erradicar la pobreza sobre la Tierra, anunció que para resolver los problemas del mundo actual sería necesario derribar los actuales edificios de las Naciones Unidas y la Casa Blanca, para ser reconstruidas según planes arquitectónicos védicos, que armonizan la construcción con la naturaleza. También anunció la creación de grupos de meditadores que serían enviados a los lugares más conflictivos del planeta como fuerzas de choque psíquicas, que proporcionarían energía positiva y dispersarían la negativa, reduciendo el crimen y los conflictos. Este proyecto se basa en diversos estudios que ha realizado la propia organización, que indican que en los lugares donde al menos un uno por ciento de la población medita regularmente, se registra un claro descenso de los índices de criminalidad.

El poder del dinero
Una de las mayores virtudes de Maharishi ha sido –y sigue siendo– su habilidad para ofrecer su versión de unas técnicas basadas en la sabiduría milenaria hindú al mundo occidental. Desde un primer momento intentó evitar referencias religiosas, al menos evidentes, destacando que la técnica de meditación trascendental es una herramienta para mejorar en la vida. Pero una mejora no sólo para ser más felices, o para alcanzar el nirvana de la tranquilidad; ni siquiera para tener mayor salud. Destacaba sus ventajas en el competitivo mundo laboral actual. Una técnica ideal para ejecutivos, para profesionales ambiciosos, que muy lejos de una beatífica actitud ante la vida y la naturaleza, priman la competitividad, la lucha por la supervivencia del más hábil. Este enfoque ha llevado a muchos profesionales hasta esta técnica, e incluso muchas empresas, sobre todo en Estados Unidos, la han ofrecido a sus empleados.

Esta relación con el mundo empresarial, y en general con los más poderosos queda de manifiesto en los diferentes programas específicamente dirigidos hacia las empresas, y en investigaciones publicadas que hacían referencia a las mejoras detectadas entre los empleados que meditaban regularmente. Entre éstas se encuentra un notable aumento de la capacidad laboral y en la satisfacción del trabajador respecto a su compañía, lo que suponía un descenso del deseo de cambiar de trabajo.

Tener empleados más contentos es una manera de acercarse a lo poderosos, pero no la única.

El aprendizaje de la técnica de meditación trascendental es sólo el primer paso de un camino que sigue con la enseñanza de técnicas cada vez más sofisticadas y poderosas. Aprender a meditar en uno de los centros oficiales que continúan las enseñanzas de Maharishi no es algo precisamente barato. El curso corriente puede costar en torno a los dos mil euros, aunque el precio puede variar. Pero ese es sólo el primer paso. Si se desea profundizar en el conocimiento de la llamada “Ciencia de la Inteligencia Creativa”, y aprender nuevas y más poderosas técnicas de meditación, los precios de los cursos comienzan a dispararse.

El paso siguiente a la meditación sería un curso de sidhis, palabra que significa “poderes”. Y eso es lo que se supone que se desarrolla, como consecuencia de la intensa técnica de meditación, una serie de poderes tales como la invisibilidad, la capacidad de atravesar objetos sólidos y muy especialmente la levitación. Los maestros destacan que esas facultades no son las que se buscan, sino que simplemente aparecen como una consecuencia de la mejora interior del practicante. Uno de los más polémicos reclamos de estos avanzados cursos de meditación es que permiten a los practicantes realizar el llamado vuelo yóguico. Se trata de pequeñas levitaciones, en la mayoría de las ocasiones más bien saltos, que se producen mientras el practicante está sentado en el suelo con las piernas cruzadas. La realidad de este fenómeno es algo que sigue siendo objeto de controversia. Multitud de practicantes están convencidos de que han realizado esos pequeños vuelos y numerosas fotografías muestran el extraño fenómeno. Pero por otro lado, resulta cuanto menos chocante que una organización cuyas universidades y centros de investigación han publicado cientos de artículos sobre las bondades de la técnica no hayan sido capaces de probar la realidad física de estos enigmáticos vuelos. Incluso algunas sentencias han condenado a “Meditación Trascendental” por ofrecer publicidad engañosa.

Durante las sesiones de vuelo yóguico los meditadores avanzan mas rápidamente hacia su iluminación, pero también influyen de forma más decisiva y beneficiosa sobre el ambiente que les rodea, provocando, según dicen, un aura de paz y de coherencia. Un efecto radiante que puede usarse en beneficio de la humanidad… O venderse al mejor postor.

Maharishi, a pocos meses de cumplir lo noventa años, sigue dando signos de que conserva buena parte de las habilidades y reflejos que han difundido la meditación trascendental por todo el mundo.
¿Es usted un multimillonario que teme por su vida, y la de su familia? ¿Peligro de secuestros, extorsiones, amenazas? No hay problema, si puede pagarlo, y seguro que puede si se trata de un magnate de la economía, Maharishi le ofrece un camino para mantener su seguridad. Contratar a un ejército de levitadotes yóguicos para evitar los peligros del mundo moderno que amenazan a los poderosos. “Empleen a un grupo de 100 a 200 voladores yóguicos para crear conciencia colectiva coherente. En el mundo incierto de hoy, ningún ejército ni gobierno puede salvarles”. Éste es el anuncio que realizó el 24 de febrero de 2005 el propio Maharishi.

El insólito ofrecimiento contenía frases como: “Hoy, la vida es completamente incierta. Las personas son masacradas por su riqueza, por el dinero que han ganado a base de trabajo duro o que han heredado de sus padres. Ésta no es una civilización humana. Yo tengo el conocimiento para prevenir la negatividad en cualquier país –y estoy haciendo un llamamiento a los billonarios y millonarios para que utilicen este conocimiento y se pongan a salvo. Puede que tengan mucho dinero en el banco, y puede que tengan un coche blindado– pero eso ya no es una protección”.

Una vez más el interés por estar cerca de los poderosos quedaba patente en la trayectoria de Maharishi, que también ha ofrecido a los gobiernos de todos los estados del mundo, a través de las Universidades Védicas Maharishi, un programa para la invencibilidad. Según aseguran en la nota hecha pública se trata de “un programa científicamente validado para elevar a la nación a la invencibilidad y crear un mundo de paz permanente, prosperidad y plenitud para todos”.

Las pruebas científicas
La práctica regular de la meditación trascendental reduce la tensión arterial, así como una serie de síntomas que pueden llevar a provocar un ataque cardíaco, como los niveles de glucosa e insulina y un funcionamiento más estable del sistema nervioso autónomo. Estas son las principales conclusiones de un estudio realizado por el equipo dirigido por la doctora Maura Paul-Labrador del Centro Médico Sinaí de Los Angeles, que ha sido publicado el pasado mes de junio. Todos los años varias investigaciones resaltan las ventajas médicas y psicológicas de todo tipo que produce la práctica regular de la meditación, tal como la enseñó Maharishi, y ya hay unas seiscientas investigaciones diferentes. Estudios que indican que los practicantes regulares tienen niveles inferiores de ansiedad, mayor capacidad de comprensión y de enfocar la atención, mejora de la creatividad, aumento significativo de su inteligencia, de su memoria, del orden de sus ondas cerebrales. También los indicadores de la edad biológica del organismo, como presión sanguínea, visión y discriminación auditiva entre los meditadores que llevan más de cinco años practicando mostraban una edad aparente doce años inferior a la real. Otros estudios apuntan a una reducción de un cincuenta por ciento en las visitas al médico, y otra disminución similar en la mortalidad de enfermos de cáncer o enfermedades vasculares.

Los detractores de la meditación trascendental, que no es que sean pocos, destacan que la mayoría de estas investigaciones están realizadas por científicos que trabajan en algunas de las universidades o centros dependientes de la organización. Algunas de ellas indican que los efectos de la meditación en cuanto a lo que se refiere al consumo de oxígeno y la relajación eran equivalentes a tumbarse y escuchar música clásica. En todo caso, no todas las investigaciones que demuestran las ventajas de esta técnica se pueden desechar sin más. Medio siglo después de que Maharishi comenzase a difundir la meditación trascendental, las luces y las sombras continúan alternándose. Las luces, los numerosos indicios de que la técnica puede tener efectos beneficiosos para la salud, aunque probablemente no tantos como quieren hacer creer sus promotores. Y las sombras de las sospechas de comportamiento sectario y del complejo entramado de sociedades, de movimientos económicos. Sólo en cuatro años, los impuestos federales de Estados Unidos indican que dos compañías de Maharishi transfirieron a la sede en Holanda la cifra de 54 millones de dólares, más de 43 millones de euros al cambio actual. En suma, un buen negocio que se sumergen en un supuesto inconsciente colectivo, y que se beneficia de la iluminación de la humanidad.
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