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Hemeroteca :: Edición del 01/10/2006 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/10/2006@00:00:00 GMT+1
Tun y Jane son dos jóvenes tailandeses que, una fatídica noche, atropellan a un misterioso peatón surgido de la oscuridad. Aterrorizados por lo sucedido, deciden huir y regresan a su hogar, con la intención de olvidar el terrible secreto que comparten. Pero poco después Tun, fotógrafo de profesión, se percata de que en sus instantáneas aparecen, persistentemente, unas inquietantes figuras fantasmales…
Este es el argumento de la película de terror Shutter (Mangafilms), estrenada recientemente en los cines europeos, y que ha vuelto a poner de actualidad un fenómeno que –de forma menos dramática– suele producirse a menudo en la vida real.

El número de fotografías que muestran presuntos fenómenos extraños ha crecido exponencialmente en los últimos años. La inmensa mayoría de éstas ha dejado de ser una prueba complementaria al relato de testigos para convertirse en un fenómeno en sí mismas, en tanto que muestran efectos no visibles al ojo humano.

OVNIs invisibles, fantasmas, energías misteriosas… ¿Cuál es la naturaleza de estos fenómenos? ¿Son fruto del azar o de una planificación superior que desea impactar en nuestras conciencias? ¿O tienen una explicación científica?
La médium londinense Gladis Hayter comenzó a especializarse en fotografía psíquica en la década de los setenta, cuando observó extraños efectos en sus fotografías: figuras en sombras, torbellinos de luz y la aparente desaparición de objetos o de personas que en realidad se hallaban presentes cuando disparaba su máquina Instamatic. Si bien los escépticos explicaron sus imágenes como el resultado de una cámara a la que le entra luz, Hayter pensaba que su objetivo era capaz de «atrapar» entidades procedentes de planos más sutiles, invisibles al ojo humano pero no para su mente. Los negativos fotográficos, sin embargo, están diseñados para atrapar la misma estrecha franja de luz que percibe nuestra mirada, es decir, el espectro (llamado ultravioleta) que va desde longitudes de onda de 380 nanómetros –la milmillonésima parte de un metro
hasta los 780 nm (del infrarrojo). Los colores de este espectro de luz se ordenan como en el arco iris (ver recuadro). ¿Por qué entonces sus fotografías mostraban ocasionalmente objetos y luces que no fueron observados por los presentes? ¿Se trataba de un problema de revelado o tal vez de un fallo óptico?
Justo Guisasola tiene a sus espaldas más de veinte años de experiencia profesional en el campo de la fotografía. En su opinión la mayoría de exposiciones «paranormales» tiene una explicación: «hasta hace unos años, el proceso de revelado de un carrete fotográfico podía sufrir alteraciones que provocaban efectos extraños. Una quemadura en la emulsión, una mota de polvo sobre la ampliadora o una mala proporción en los líquidos podían terminar creando caprichosas formas», nos asegura.

Fotos desconcertantes

Pero, ¿qué ocurre cuando el que obtiene las imágenes es un profesional? Este es el caso de Lluis Martí, fotógrafo de 45 años residente en la localidad de Sabadell, en Barcelona, que desde 2003 viene obteniendo misteriosos efectos en sus imágenes de 6 x 7 (un formato profesional). Sus fotografías, tomadas sin flash y forzando la sensibilidad del negativo, mostraban unos desconcertantes «fluidos» o «brumas». ¿Podría tratarse acaso de una veladura?
«No –me responde categórico– he hecho revisar mi cámara al fabricante y está perfecta». En cualquier caso y para despejar la duda, adquirió un segundo aparato que, al igual que el primero, produce ese fenómeno cuando se halla en casas y lugares antiguos.

Al examinar los negativos percibí algo que me asombró. Lo que fuera que se registraba en las fotografías no era un fenómeno óptico. Los márgenes del negativo mostraban el mismo efecto y también las colas de película, como si una extraña «energía» se manifestara en los negativos fotográficos. Para obtener estas imágenes, Lluis Martí emplea una cámara Pentax de medio formato, a la que monta una óptica fija de 55 mm y una película Ilford de 400 ASA de sensibilidad aunque la fuerza hasta los 3200 ASA. El formato de 6 x 7 permite esta «trampa» sin que se evidencie excesivo grano en la emulsión, algo que en el negativo de paso universal (el que todos empleamos) sería imposible. Forzar la sensibilidad le permite trabajar sin flash en ambientes poco iluminados, disparando a no más de 1/30 de segundo, lo que otorga una gran nitidez a las imágenes.

Pronto, las fotos «raras» se convertirían en una obsesión para él. Ha obtenido ya más de 500 y su experiencia, lejos de quedar en una anécdota, ha significado una incesante búsqueda de respuestas. Hizo algunas en su casa y, también, en un centro esotérico de su ciudad y en unas trincheras que sirvieron de escenario a la batalla del Ebro, durante la guerra civil española… Nunca observó nada extraño con sus ojos aunque terminó intuyendo cuando iban a aparecer las «energías» y cuando no. Deambuló por diversos lugares buscando explicaciones, consultando a varios parapsicólogos que se limitaron a encogerse de hombros y a decirle que había personas que tenían una mayor facilidad para captar fenómenos que otras. Confundido, siguió impresionando carretes y más carretes, tanto de 6 x 7 como de paso universal; con éste último nunca obtuvo resultados satisfactorios y lo mismo le sucedió con la película en color. «Ocurre sobretodo en casas antiguas –me explica–. Ya no sé si es sugestión o no, pero mientras efectúo el disparo intuyo cuando van a salir esas ‘energías’».

Tres años después seguimos sin una explicación convincente y sólo cabe la posibilidad de que, o bien sean «energías» desconocidas que afectan ocasionalmente a los negativos o que su mente actúe de un modo u otro, sobre la película.

Fotografías psíquicas

Por increíble que parezca hay sujetos que parecen capaces de influir con la mente en las fotografías. Uno de los casos más paradigmáticos es el de Ted Serios (AÑO/CERO, 67), un individuo de escasa educación, bebedor y fumador empedernido y carente de conocimientos psíquicos de cualquier tipo.

El procedimiento utilizado por Serios era aparentemente sencillo. Dar a elegir un tema entre alguno de los asistentes a la experiencia y, sentado en una silla, enfocar el objetivo a su rostro y accionar la cámara Polaroid. Tras el fogonazo del flash, una persona ajena al psíquico extraía la fotografía que, en pocos minutos, dejaba ver una imagen que para asombro de todos, coincidía con el tema elegido.

La investigación de Serios presenta sin embargo muchos problemas, puesto que a menudo utilizaba un artilugio llamado gismo, una suerte de cilindro abierto que dirigía hacia la cámara con el fin de «concentrar su pensamiento en el negativo» y evitar oscurecer el objetivo con sus dedos. Los escépticos consideraron que el propósito del artilugio era otro. De hecho, Charles Reynolds y David Eisendrath, dos periodistas de la revista Popular Photography, construyeron un dispositivo parecido en el que podían ocultar una filmina o diapositiva de la imagen que querían obtener.

Con todo, el mayor especialista en este fenómeno, el doctor Jule Eisenbud, publicó en The World of Ted Serios el resultado de sus investigaciones concluyendo que el gismo no contenía nada oculto ni había fraude alguno en las actuaciones de Serios. Sólo en una ocasión apareció la sombra de la duda: cuando el psíquico, ebrio de cerveza, «provocó» una fotografía que no coincidía con ninguno de los temas propuestos, un confuso primer plano de una araña que era idéntica al anagrama de un avión cuya imagen figuraba en un libro titulado American Heritage of Flight. Definitivamente: nuestra mente puede impresionar películas.

El objetivo indiscreto

La inmensa mayoría de fotografías insólitas sin embargo tiene explicaciones mucho más pueriles: objetos que se interponen ante la cámara, reflejos y barridos causados por largas exposiciones accidentales.

A diferencia de las cámaras reflex profesionales, las domésticas no muestran en el visor la imagen que está capturando el objetivo. Hay un pequeño desfase llamado paralaje que provoca, por ejemplo, que la correa de la cámara, un dedo u otro objeto pueda situarse frente a la óptica sin ser detectado. El efecto es siempre espectacular. Desenfocado por su proximidad al objetivo y sobreiluminado por el destello del flash, genera «rayos de energía invisibles» a los que algunos no dudan en catalogar como ectoplasmas.

Igual de decepcionantes resultan los barridos de luz provocados, generalmente, por una baja velocidad de obturación o por una asincronía con el flash. Las misteriosas luces multicolores no proceden de ninguna dimensión desconocida. Si rastreamos el recorrido llegaremos indefectiblemente a una fuente luminosa (velas, bombillas, pantallas de televisión, etc…) donde reside la solución al enigma. El pulso tembloroso del operador y la velocidad lenta hacen el resto. Hay fotógrafos que incluso han hecho de esta técnica una expresión artística. Junto a estas líneas reproducimos un par de imágenes de Miguel Daza (www.migueldaza.com), realizadas con una cámara digital, que dan fe del parecido con los presuntos fenómenos paranormales. El programa de larga exposición permite registrar todo lo que se pone delante del objetivo mientras este permanece abierto. Los efectos, como decimos, nada tienen que envidiar a las obtenidas accidentalmente por una licenciada en física residente en Orlando que nos las envió creyendo que se trataba de espíritus.

Los orbes

La proliferación de cámaras digitales en los últimos años ha traído consigo un nuevo «fenómeno paranormal» fotográfico: los orbs. Se trata de esferas o bolas de luz, invisibles la mayoría de las veces al ojo humano, que son ahora captadas con mayor definición y brillo por las cámaras, aunque también se han documentado casos en negativo fotográfico. Muchas de ellas son partículas de polen, polvo, o gotas de humedad en las lentes aunque hay quien ve en ellas a seres invisibles de otras dimensiones.

Las primeras fotografías de orbs u orbes –en castellano–, fueron tomadas por cazafantasmas norteamericanos en cementerios, a comienzos de 1990. Ellos creían que eran las almas de los difuntos rondando sus tumbas. Fue así como se relacionaron las fotografías con orbs a lugares embrujados, sugiriendo que eran una forma de energía paranormal.

Durante mucho tiempo se ha dado por sentado que los orbes eran una manifestación paranormal, pero varios investigadores han probado que no es así. Un grupo de especialistas ingleses mostraron que, dependiendo de la cámara, se pueden obtener orbes de diferentes estructuras y colores. Y no sólo eso, sino que la humedad y el polvo en el aire causan efectos similares. Se hicieron pruebas con varias sustancias como arena y tierra. Los resultados demostraron que los miles de fotografías de orbes pueden explicarse con facilidad. Los fabricantes comenzaron a tomar nota de estos resultados, equipando a las cámaras más recientes con un filtro «libre de orbs», y dejando claro que estas manchas eran poco más que un brillo técnico. Incluso la multinacional Fuji ha habilitado una web para disipar las dudas de sus clientes, ofreciendo las explicaciones técnicas pertinentes.

Cazadores de OVNIs

Si hay un campo paranormal en el que la fotografía ha tenido tradicionalmente un peso específico este es, sin duda, la ufología. La imagen, en este caso, venía a dar credibilidad a los testigos de un avistamiento, proporcionaba además detalles importantes como su altura, dimensión o desplazamiento por el firmamento. Es también en este terreno donde se ha profundizado más en el análisis de documentos gráficos, en la detección de posibles fraudes y en la formulación de hipótesis de trabajo explicativas.

Cabe destacar en este sentido el trabajo de Neil Davis, copropietario de Design Technology, un laboratorio de fotoóptica contratado por la General Dynamics y la Armada de los Estados Unidos.

Davis efectuó un meticuloso estudio sobre una de las espectaculares fotografías de platillos volantes obtenidas por el granjero suizo Edward B. Meier en los años 70. Se trata de una nave luminosa plateada que se halla a menos de 50 metros del suelo, cerca de dos montones de madera de pino. Utilizó un microdensitómetro de rayo láser para descartar dobles impresiones y espectrografía de color para deducir si las gamas cromáticas se correspondían con la iluminación de la escena. Posteriormente un técnico de IBM, el químico Marcel Vogel, empleó un microscopio electrónico y escáneres de alta gama para detectar posibles hilos que sostuvieran pequeñas maquetas. Nada fue detectado. Durante años se ha sostenido que las fotos de Meier eran auténticas, hasta que hace una década su ex esposa aseguró que eran modelos a escala. Se objetará que es su testimonio contra el de los contactados y expertos o que actuaba como represalia a su angustioso divorcio pero lo cierto es que la duda permanece y demuestra que por avanzada que sea la tecnología, todavía existe hueco para el fraude.

Con la llegada de la fotografía digital y de los sencillos programas de retoque de imágenes han proliferado las manipulaciones y también los pseudoanalistas que aplican filtros indiscriminadamente, sin formación fotográfica ni conocimientos de óptica.

Hace unos meses se divulgaba a través de los medios de comunicación una fotografía de un OVNI tomada a plena luz del día en Las Pedrizas, una urbanización de Onda (Castellón) tomada por una adolescente de 16 años que aseguraba no haber visto nada en el momento de realizar la toma.

La imagen era espectacular, pero totalmente fraudulenta. El platillo volante era idéntico al filmado en Ciudad de México el 6 de agosto de 1997 por un videoaficionado anónimo que lo depositó en manos del ufólogo Jaime Maussan para su análisis. Puede que un mismo objeto pueda verse en dos lugares tan distantes y en fechas tan distintas, pero es ya mucha casualidad que sea inmortalizado desde el mismo ángulo y condiciones de iluminación, y que presente las mismas muescas en su silueta. No había duda de que alguien insertó el platillo volante mexicano en el paisaje levantino. Da fe de ello la trama de compresión del objeto al ser recortado y pegado, que no coincide con la del resto de la imagen.

Aún con la precisión de su perfil y lo vibrante del color, las fotografías de OVNIs no prueban ni refutan la existencia de estos artefactos. Se puede demostrar que muchas de estas instantáneas son fraudes o simples pájaros o aviones desenfocados y también estrellas o planetas, cuando las tomas son
nocturnas y proporcionan barridos espectaculares imputables exclusivamente a los movimientos del operador, pero algunos casos desconcertantes sugieren que la velocidad de obturación puede «cazar» literalmente objetos pulsantes en el cielo.

Las niñas del camposanto

Los fraudes no sólo afectan al mundo ufológico. Una de las fotografías presuntamente paranormales que ha dado más que hablar en los últimos tiempos ha tenido como escenario el camposanto de Navalperal de Pinares, una localidad situada a 89 Kms de Madrid, en la provincia de Ávila. En ella son visibles unas niñas espectrales ataviadas con trajes de época que parecen estar jugando al corro tras unas tumbas.

La difusión de la misma a través de la televisión atrajo la atención de los mal llamados escépticos. Mauricio-José Schwarz y Luis Alfonso Gámez pusieron en marcha toda su artillería pesada para desmontar el presunto fraude. Y es que la foto venía a respaldar una serie de leyendas sobre voces en el cementerio, unidas a fenómenos psicofónicos. Como en la mayoría de ocasiones, quienes efectuaron la fotografía no vieron nada extraño: «es una cosa que no esperábamos encontrar al hacer las fotografías –declaró en su día Isabel García Peña–; en el pueblo decían que se oía llorar a un niño en el cementerio, mis sobrinos fueron a hacer fotos y estuvieron media hora allí (…); en el cementerio reposan los restos de un familiar y no bromeamos con esto...»
El periodista Iker Jiménez encargó diversos análisis informáticos, incluido uno a la policía científica. La mayoría de ellos concluían que esos archivos no habían sido manipulados. Pese a todo, muchos otros investigadores dudaron y, tras un llamamiento de Lois López Vilas en Internet, se consiguió identificar a las niñas. En realidad, formaban parte de un álbum de época, en baja resolución. Alguien las insertó mediante un programa de retoque en las tomas del camposanto y las proporcionó a la prensa.

Hay una serie de pruebas básicas que permiten descubrir fraudes, sean éstos voluntarios o no. Por ejemplo, el análisis de las condiciones de luz y de la propia imagen puede detectar brillo de lentes o defectos en la película. La superposición de imágenes puede revelar una doble exposición y un tipo de análisis fotométrico relaciona la distancia con las condiciones atmosféricas para conocer si estamos frente a modelos a escala u objetos y entidades de tamaño real. Una prueba básica, a menudo ignorada, es consultar el archivo EXIF de las imágenes digitales, accesible desde programas informáticos específicos. Este archivo contiene información importante sobre la fotografía como su fecha de creación y, si la hubiera, de modificación.

Con todo, la cantidad de fraudes es mínima. La mayoría de las fotografías tienen una explicación en los reflejos, el uso inadecuado del flash, exposiciones incorrectas y la doble exposición accidental. Pero algunas parecen atrapar una parte desconocida de la realidad. ¿Se trata de OVNIs, entidades inquietantes u otras energías…?
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  • Imágenes imposibles

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2343 | tito - 28/05/2008 @ 00:05:03 (GMT+1)
    Se parece a unas cuantas peliculas de terror como la de estan entre nosotros
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