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Hemeroteca :: Edición del 01/11/2006 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/11/2006@00:00:00 GMT+1
A una hora de Vigo y muy cerca de la frontera con Portugal, las montañas de la Serra da Peneda, pertenecientes al concello luso de Melgaço, escondían un tesoro arqueológico que hasta ahora había pasado desapercibido para los estudiosos: una veintena de figuras de animales y rostros humanos conformados por alineamientos de monolitos, que en algunos casos tienen más 300 metros de largo y que sólo pueden ser distinguidos desde una posición elevada. Este tipo de hallazgo arqueológico es totalmente novedoso en Europa y sólo se tienen noticias de restos similares en el continente asiático y americano
La mayoría de estas colosales figuras se encuentran situadas en las laderas de las montañas cercanas al Parque de Lamas de Mouro y el pueblo de Cubalhao. Después de siete años de investigaciones y tras explorar repetidamente la sierra con ayuda de pastores y la guía del Parque, Silvie Amorín, pude determinar que las formaciones de piedras «hincadas» no eran ningún tipo de muro y, tras examinar numerosas ortofotos aéreas y compararlas con las tomadas en tierra, llegué a la conclusión de que dichos restos arqueológicos dibujaban gigantescas figuras de varias especies: aves, cuadrúpedos y anfibios, así como varios rostros humanos, cuyo tamaño va desde los 50 a los 350 metros de longitud. Muchas de las figuras pueden verse desde lo alto de las montañas vecinas, por lo que no es probable que se hicieran para ser vistas únicamente desde el cielo, lo cual descarta cualquier tipo de especulación en este sentido.

En mi opinión, estas construcciones pudieron haber sido hechas hace más de cinco mil años por pueblos de civilización megalítica, de los que se desconoce su procedencia. Debido a lo novedoso del hallazgo, creo que estas figuras fueron realizadas por pueblos pastoriles que establecían sus cotos bajo la figura de un animal, según el clan al que pertenecían, siguiendo la costumbre de pueblos americanos como los hoppis, cuyas comunidades vivían bajo el nombre de una animal, como los conocidos clanes de la serpiente, el ciervo, el oso, el águila, etc.

Tras advertir del hallazgo, trabajadores del Parque Nacional de A Peneda y varios arqueólogos portugueses se trasladaron a la zona y, pasada la sorpresa inicial, han puesto el asunto en manos de los especialistas.

No han faltado tampoco voces críticas, como la del director del Parque Arqueológico de Foz Coa, Martino Baptista, para quien las figuras serían simplemente muros divisorios del siglo XVI. Sin embargo, otros expertos no comparten su opinión. En una visita al lugar me acompañaron dos conocidos arqueólogos de Lisboa, quienes encontraron allí restos de posibles herramientas paleolíticas hechas de cuarzo que ayudarían a datar con fiabilidad el hallazgo. Hasta allí han acudido también otros arqueólogos extranjeros, quienes comprobaron la validez del descubrimiento, que convierte a esta región en uno de los enclaves más destacados de Europa en arqueología megalítica. Por desgracia, esta joya histórica podría desaparecer si, como está previsto, se construye en el lugar un parque eólico.
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