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Hemeroteca :: Edición del 01/12/2006 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
Como reportero de guerra ha vivido conflictos como el de Nagorno Karabaj, en la Armenia soviética, donde la metralla destrozó parte de su pierna izquierda. Pasó dos semanas en la cárcel antes de la invasión norteamericana de Panamá, y plasmó con sus objetivos la transición de la extinta URSS a la democracia de Yelsin. Pero hay más…
Fotoperiodista, productor de documentales para TVE, director de expediciones a lugares a los que antes nadie se había atrevido a ir… Ese es Juanjo Revenga, un hombre peculiar con una manera de vivir no menos peculiar. Hace unas semanas ha visto la luz su primera obra-testimonio, un libro que destila verdad por los cuatro costados. Es Mundos Ocultos –Edit. Nowtilus–, trabajo prologado por el mítico Miguel de la Quadra Salcedo, y un álbum fotográfico de una vida plena de viajes, aventura y anécdotas…

¿Quién es Juanjo Revenga?
Una persona que ha intentado vivir siempre de lo que le gusta, pagando cualquier precio por viajar, tener experiencias o conocer gentes y lugares que están al alcance de muy pocos.

Guerras, enfermedades... ¿qué tiene esta profesión que al regreso todos queréis volver a hacer las maletas?
El miedo; cuando sientes miedo de verdad, si notas que en el próximo segundo se acabará todo o será el primero de lo que te queda de vida, cuando tienes esa sensación hay que volver a sentirla; es como meterte la vida en vena.

¿Qué heridas duelen más, las de guerra o las del alma?
Las mentales y físicas de las guerras se curan, son duras pero quedan en el camino como un recuerdo y lo que duele es la cruda situación de la población civil que permanece allí; son los que realmente sufren los conflictos bélicos.

Pero las que duelen y no cicatrizan son las del alma, la falsa amistad, falta de honor o palabra a estas alturas del partido que es la vida. Esa son de las que no se pueden perdonar ni olvidar por mucho tiempo que pase.

¿Qué son los mundos ocultos?
Son la realidad que no podemos ver; existen y los tenemos ahí. Solo necesitamos de un conductor que nos abra el puente que nos llevará a un mundo paralelo al nuestro y que por medio de plantas sagradas, ceremonias religiosas o cultos milenarios nos permita acceder a su realidad.

¿Todavía quedan mundos perdidos por descubrir?
Gracias a Dios, a Buda o a Alá, siguen quedando muchos mundos perdidos por descubrir. Son lugares donde no hay petróleo o maderas nobles para explotar. Allí el hombre no ha entrado nunca. Te hablo de las junglas más impenetrables del planeta, con miles de leyendas y secretos milenarios ocultos en sus entrañas.

En tu libro, entre otras cosas, muestras cómo son las ceremonias de vudú y santería desde dentro, pero, ¿cómo distinguir la realidad del engaño turístico?
En el mundo ceremonial y de magia el 90% de lo que vemos son falsos rituales o ceremonias preparadas, pero tenemos un 10% restante que entra dentro de lo inexplicable para el mundo civilizado. Y un 10% es mucho.

Lo más extraño que te ha pasado en tus viajes...

Han sido muchas cosas, pero quizás aquel chaman que vivía en la selva amazónica, frontera de Perú con Ecuador, y que consiguió matar delante de nuestros atónitos ojos a una gallina simplemente con “hechizos”, sin tocarla. Las experiencias con la reina de las plantas sagradas, la ayahuasca, también me llevaron unas veces al infinito de la luz y otras al más profundo de los terrores humanos y de negras tinieblas.

Y lo más duro...

Quizá la detención en el Panamá de Noriega dos semanas antes de la invasión americana, donde estuvieron a punto de fusilarme por espía, hasta que llegó un policía que sabía que España estaba en Europa y no en Estados Unidos –que por aquel entonces era el enemigo– y me soltaron.

Pero hay más… Las heridas de metralla en Nagorno Karabaj, en la Armenia soviética; las comisarías africanas de República de Benin donde pasé tanto tiempo escondiendo las cintas grabadas de rituales vudú, negando que tenía material alguno sobre su religión sagrada; aquella entrada en Kinshasa acompañando a Kabila bajo el fuego rebelde, etc, etc…

Si te dieran la opción, que prefieres, ¿radio, televisión o fotografía?
Lo mejor sin duda es la fotografía, el congelar esa imagen de sufrimiento o alegría. Es una manera de parar la vida para disfrutarla o padecerla todo el tiempo que quieras.

Dicen que la gente como tu muere con las botas puestas…
Cuando se viaja por todo el mundo y se conoce este trabajo, no lo puedes cambiar por nada. Eso sí, lo que no debe de ser jamás vox populi es que haríamos este trabajo incluso gratis, pues si hablamos de dinero no hay suficiente en el mundo para pagar una vida.
¿Sabes lo que es el riesgo?
Riesgo, miedo y todos los calificativos que le quieras dar. El miedo es lo que te salva muchas veces, pues una de las normas de los corresponsales es que si estás demasiado lejos no sacas la foto y si estás demasiado cerca te matan.

¿Algún día sentarás la cabeza, dejarás de viajar a la manera en que lo haces ahora?
Lo único que me mantendría en “tierra” es la salud, que intento engañarla a trancas y barrancas para poder seguir en el límite todo el tiempo posible, pues uno de los precios que se pagan por esto es precisamente ese, la salud.

De ti he oído decir que te metes donde nadie lo hace, y además con la suerte de salir airoso. ¿No te da la sensación de estar rayando en ocasiones la locura?
Gonzalo Pizarro, el mayor buscador del Dorado pronunció una frase épica: “El dorado está siempre un poco más lejos de donde nosotros llegamos”, y esa es la regla, llegar allí donde no se ha llegado antes y estudiar ceremonias y rituales que hasta hoy en día, en pleno siglo XXI, han permanecido ocultos a ojos del hombre. Y ese es el mérito: dominar la situación, casi siempre…

En esto de los documentales de aventura hay demasiado Indiana Jones. ¿Se exagera mucho en este trabajo para buscar el efecto, la reacción del público?
Por supuesto que mucha gente exagera. Cuando de verdad viajas haces cosas complicadas y llegas a lugares remotos pero nunca te vanaglorias de ello. Todo lo bueno y malo que has pasado queda para las tertulias con tus amigos en el bar. En este negocio si mientes te engañas sólo a ti mismo y es lo peor que un hombre que se tache de ello puede hacer.

¿Qué es un aventurero?
Una persona amiga de sus amigos, de los que muchas veces dependerá su vida. Curioso e investigador sin límites. Si algo existe siempre se puede llegar allí, eso sí, con respeto a las culturas y vida de los lugareños y estando dispuesto a sufrir en el intento. Siempre merece la pena.

¿Hablas con Dios? ¿Y con el diablo?
En estos casos y situaciones siempre te acuerdas de Dios; creas o no cuando todo se pone difícil piensas en él y en quién te mandaría meterte allí. En cuanto al diablo he visto tantas cosas extrañas en todo el mundo y en nombre de ese tal Satanás que pienso que es mejor no acordarse de él ni para bien ni para mal, pues lo que no puedo dudar es de que existe.

¿De los lugares que has visitado cuál es el que más te ha impactado?
Iquitos, en Perú, la puerta de la Amazonía; la laguna de Guatavita en Colombia, donde los indígenas muisca realizaban la ceremonia que dio origen a la leyenda del Dorado; convivir con los últimos pigmeos libres del planeta en la frontera de Camerún con la República de Centroáfrica… Muchas cosas que me hacen seguir pensando que este mundo es maravilloso y que queda mucho por descubrir. Y es que, ¿qué es la vida sin ilusión y sin magia?

¿Dónde no volverías?
Siempre que regreso de África digo lo mismo: “van a tardar mucho tiempo en verme”. El trabajo allí es muy duro, los transportes precarios, la policía y el ejército te detienen en cada esquina pidiéndote los permisos de rodaje, siempre con la intención de conseguir dinero, lo que hace que el terminar detenidos en una comisaría sea una probabilidad más que factible, hasta llegar a una acuerdo. Pero siempre termino volviendo. África te engancha.

¿Qué has aprendido en todos estos años?
A vivir. La cultura más grande te la da el viajar. No estamos solos; aprendes a respetar, sobre todo ves que esas gentes que los “sabios” de la civilización califican de incultas tienen valores por casi todos olvidados. Serán pobres pero tienen honor y dignidad, pues en esta vida puedes perderlo todo, pero lo más importante son ambos conceptos.

Por vez primera abres el diario íntimo del aventurero en la última página de ENIGMAS. ¿Qué podemos encontrar mes a mes?
Vivencias en primera persona. Viajes a lo más íntimo de un planeta, que aunque cueste reconocerlo es un mundo de dioses y guerreros. Y mucho más…

Lorenzo Fernández Bueno
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