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Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
A 27º 59’ latitud norte y 86º 55’ longitud este, se encuentra la cumbre más misteriosa del planeta. Hasta 1865 no se aceptó oficialmente su nombre actual e incluso hoy sigue debatiéndose quién fue la primera persona en escalar sus ¿8.850 metros? Guardián de secretos, tumba de montañeros, morada de yetis y centro espiritual del Tíbet… ¡El Everest!
Pese a las reticencias de George Everest, antiguo topógrafo general de la India, la Royal Geographical Society quiso homenajearle bautizando con su apellido la montaña más alta del planeta que, desde ese instante, se convirtió en objeto de deseo de quienes querían ser los primeros en coronar su cima. El primer intento se remonta a 1885, cuando los británicos alcanzaron la región de Solu Khumbu. Después, llegarían las expediciones de 1889, 1892 y 1913 pero, ninguna de ellas, intentó el asalto a la cumbre, aunque abrieron el camino para una nueva generación de alpinistas cuya determinación sería conquistar el techo del mundo.

Entre ellos sobresalía un joven, George Leigh Herben Mallory, nacido el 18 de junio de 1886 y natural de Cheshire, Reino Unido. Admirado por su fortaleza física y por su determinación, Mallory fue elegido para formar parte de los equipos de las dos expediciones que, casi simultáneamente, organizó el “Comité del Everest” a la zona. En la primera se alcanzaron los 7.000 metros de altitud y en la segunda expedición, efectuada en 1924, se tocaron los 8.300 metros. Sólo el mal tiempo y un accidente en el que murieron siete sherpas les hizo regresar.

El 25 de marzo de 1924, una nueva expedición británica formada por diez alpinistas se puso en marcha en Darjeeling. Con ellos viajaba todo un pueblo inglés contagiado por el espíritu de lucha de Mallory, que fue el elegido tras varios meses de aclimatación para intentar el asalto final a la cumbre. Para ello, eligió como acompañante a un alpinista relativamente inexperto como era Irvine, en lugar del experimentado Odell, que fue el autor de la última foto de los alpinistas antes de que salieran del campamento base el 6 de junio. Dos días después, el propio Odell les llevó víveres hasta la tienda que habían colocado a 8.168 metros de altura. Cuando llegó pudo verles ascender en la lejanía. Describió la escena del siguiente modo: “De repente, la atmósfera se despejó y quedó al descubierto toda la arista final y el pico del Everest. Mis ojos se fijaron en una diminuta mancha silueteada. Otra mancha negra apareció para unirse a la otra. Después, aquella visión fascinante desapareció entre las nubes. Sólo había una explicación: eran Mallory y su compañero los que se movían… Y lo hacían con considerable presteza”. Nunca más volvieron a ser vistos.

¿Fue Hillary realmente el primero?
La muerte de ambos alpinistas supuso una conmoción en el mundo entero y el Dalai Lama prohibió la entrada de extranjeros al país. Así, hubo que esperar hasta 1931 para que el “Comité del Everest” volviera a la actividad y hasta 1953 para que un hombre pisara el punto más alto del planeta. Ocurrió a las 11.30 de la mañana del 29 de mayo de ese año, cuando el británico Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay alcanzaron la cumbre.

Recibidos como héroes en su país, ambos disfrutaron de las mieles del triunfo hasta que las primeras voces discrepantes se hicieron escuchar. “¿Fue Hillary realmente el primero?”, se preguntaban. Y es que a la memoria regresaban Mallory e Irvine, cuyas muertes nunca fueron cuestionadas pero sí se generó un intenso debate: ¿murieron cuando estaban intentando alcanzar la cumbre o cuando descendían?
Nadie ha podido contestar todavía a esta cuestión. Muchos piensan que Mallory e Irvine pudieron haber alcanzado la cima en 1924. E indicios para sostener esta afirmación no faltan. Basta pensar que fueron vistos por última vez cerca de los 8.500 metros de altitud, y como Odell dijo en su relato “se movían con considerable destreza”. También hay que señalar que en 1991 se encontraron dos viejas botellas de oxígeno a 8.460 metros. Se determinó que habían pertenecido a los dos alpinistas ingleses. Además, aún contenían oxígeno, lo que podría indicar que las abandonaron cuando ya no las necesitaban, es decir, cuando ya estaban descendiendo o, en todo caso, cuando se encontraban tan cerca de la cumbre –y con los ánimos por todo lo alto ante la cercana meta– que decidieron despojarse del peso.

Reputados alpinistas como Geoffrey Winthrop Young creyeron hasta el fin de sus días que Mallory llegó a lo más alto, “porque los accidentes suelen ocurrir durante el descenso y… porque Mallory era Mallory”, sentenció. Y es que el espíritu de superación tenaz e indomable de aquel hombre ha sido utilizado casi siempre como una prueba más para avalar un éxito aún no reconocido. Además, la lógica dicta que si la narración de Odell se ajusta a la realidad, los alpinistas ya habían superado la parte más difícil de la ascención.

Pero el enigma continuó. Una pieza clave y que a buen seguro resolvería la cuestión es la famosa cámara Kodak que Irvine portaba en la ascensión. Todo alpinista, cuando llega a una cima, quiere inmortalizar el momento, y aquel instante tenía el peso de la historia, por lo que de haber conquistado el Everest los dos amigos habrían utilizado la cámara en varias ocasiones. Claro está, si no llegaron de noche o si el tiempo les permitió hacerlo. O incluso si no supieron utilizarla. De hecho, Mallory era famoso por sus torpezas…

Un cadáver en lo más alto
Aún así, la búsqueda del cadáver de Irvine sigue en la mente de expedicionarios y sociedades geográficas. En 1965, el montañero chino Wang Hong-bao descubrió durante un paseo el cuerpo de un alpinista muerto mucho tiempo atrás y con una importante herida en el rostro. Se trataba de Irvine, al que infructuosamente se intentó volver a localizar, ya que Wang murió pocos días después sin poder determinar el paradero del cadáver.

Alentada por ese encuentro, la cadena BBC organizó en 1999 una misión con motivo del 75º aniversario de la tragedia para localizar ambos cadáveres. La suerte hizo que uno de los expedicionarios, Conrad Anker, descubriera el 1 de mayo un cadáver semienterrado entre las piedras de una ladera. En un primer momento se identificó como el de Irvine, pero el análisis de los documentos que llevaba demostró que aquellos restos pertenecían a George Mallory. En consecuencia, desde ese instante se analizaron todos los detalles para dilucidar el enigma de la ascensión.

Las conclusiones apuntan a que el accidente se produjo durante el retorno, pero la posición del cuerpo y sus lesiones arrojaron muchos más datos. El cadáver se encontraba boca abajo y con los brazos estirados, en una posición extraña para alguien que ha sufrido un accidente. En uno de sus bolsillos se encontraron las gafas de Sol, signo de que la muerte le sobrevino de noche y probablemente a consecuencia de la escasa visibilidad por no llevar linternas. Este detalle pudo ser conocido porque en 1933 se localizaron las lámparas dentro de su campamento y en perfecto estado de conservación.

Odell afirmó haber observado a los alpinistas hacia las 12.50 de la mañana, lo que demostraría que pasaron todo el día en lo alto del Everest para descender durante la noche, tiempo de sobra para haber alcanzado la cumbre, descansar e iniciar el regreso. Respecto a las heridas del cuerpo, Mallory presentaba un fuerte golpe en el hombro, la rotura de la tibia y el peroné derechos, una incisión en la frente, contusiones en el tronco y una costilla rota. Sin duda, sufrió una fuerte caída.

Atada a su cadáver se veía una cuerda rota, lo que ha hecho pensar que Irvine intentó frenar la caída y la tensión provocó la rotura de la soga y el freno, motivo suficiente para que Mallory no muriese en el accidente. Pero entonces, ¿qué pasó con Irvine? ¿Murió en el mismo accidente o en su intento de socorrer a Mallory? Las incógnitas persisten.

Más dudas en el techo el mundo

El propio fantasma de Mallory ha perseguido durante estas décadas a Edmund Hillary. Tanto le afectaron las dudas sobre su conquista del Everest que lo primero que hizo al llegar a la cumbre en 1953 fue buscar posibles indicios del paso de su predecesor. “Primero habíamos mirado brevemente para ver si había señales de Mallory e Irvine, pero no vimos nada”, relata en sus memorias. Y tal fue el temor que, al iniciar el descenso, volvieron a escudriñar el lugar aún más detenidamente. Ni siquiera ellos se libraron del misterio. Y es que incluso antes de que alcanzaran el campamento base a su regreso, la pregunta ya estaba en el aire: ¿quién de los dos había pisado primero la cima?
La expedición era inglesa y para sus miembros estaba claro que la gloria debía otorgársele a Hillary, pero esa misma gloria podía recaer muy bien –si se dejaba la política a un lado– en el sherpa Tenzing. “Ascendió a la montaña siendo un hombre corriente, pero descendió convertido en héroe”, se dijo de él en su momento.

Las dudas aumentaron cuando comenzó a rumorearse que Tenzing aceptó un soborno a cambio de sostener la versión británica, pero él lo desmintió categóricamente. Lo hizo hasta en sus memorias, donde relató cómo Hillary pisó la cima apenas un metro por delante de él.

No fueron los únicos enigmas que tal momento suscitó. Desde el comienzo, a muchos les pareció extraño que tan sólo se realizasen tres fotos para inmortalizar la cumbre y, de ellas, sólo ha sido divulgada la de Tenzing sosteniendo las banderas. ¿Por qué?
Y más extraño aún: en ninguna de ellas aparece Hillary. ¿Qué escalador no querría inmortalizar un momento así? La respuesta, para algunos, reside en el simple hecho de que Hillary no subió al Everest. Y es que quizás el agotamiento o el mal de altura le impidieron consumar la proeza. En su lugar habría subido otro sherpa llamado Ang Nima…
Los defensores de esta teoría se basan en el análisis de los ropajes que Tenzing lleva en la fotografía que se difundió. En ella se le ve con la cara tapada y con una chaqueta diferente a la que portaba en la jornada anterior. Y es que cualquiera que haya hecho montañismo sabe que el cambio de ropa no es frecuente por el simple hecho de que se lleva el equipaje justo. Sin embargo, Tenzing lleva otra chaqueta que se corresponde con la que sí llevaba puesta Ang Nima un día antes. Por lo tanto, según la teoría, quienes estaban en la cima en aquel momento eran los dos sherpas. Tienzing sería la persona encargada de disparar la cámara fotográfica puesto que Nima no sabía utilizarla, y lo habría hecho intentando ocultar al máximo el rostro de su compañero.

En otro de sus libros, titulado Mi camino al Everest, Hillary se defiende de estas acusaciones afirmando que no se preocupó de que Tienzing le hiciera una foto. “Por lo que sabía, él no había hecho ninguna fotografía antes y la cima del Everest no era el mejor sitio para enseñarle”, puede leerse. Tal cariz tomaron las acusaciones que en 1999 Hillary retomó el asunto, asegurando que le importó más obtener pruebas fotográficas de su llegada a la cumbre “que de organizar una foto mía en la cima de la montaña”.

Sin embargo, pese a algunas pequeñas incongruencias en las narraciones de la última jornada, Hillary ha demostrado conocer lo que sucedió en cada minuto del asalto final a la cumbre. De momento, la historia le considera el primero. Y así será, por lo menos, hasta que algún aventurero encuentre la cámara que hace 82 años Mallory e Irvine dejaron en algún punto del Everest.
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  • Muerte en el Everest

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3499 | mike - 10/11/2008 @ 17:32:06 (GMT+1)
    Hola, me gustó el artículo que se puede leer, bueno... sería interesante profundizar en el tema, al fin y al cabo es uno de los hechos históricos de la humanidad y una sensacional hazaña unida a la épica de Irvine y Mallory. Sobre estos últimos también valdría la pena profundizar. Saludos y todo excelente para ustedes. Soy lector permanente de la revista en Colombia aunque aquí llega con bastante retraso.
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