Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
Los archivos secretos del Ejército del Aire fueron manipulados. Las sospechas recaen sobre un investigador al que ENIGMAS ha podido entrevistar…
En 1992 el gobierno español tomó la decisión de revelar el contenido de sus archivos sobre OVNIs. Fue un proceso polémico antes, durante y después. Y es que según buena parte de los investigadores especializados, la desclasificación tuvo por objeto reducir y minar la credibilidad del fenómeno OVNI. Y, para conseguirlo, no sólo se habría manipulado, tergiversado y maquillado el contenido de los informes secretos, sino que las autoridades habrían contado con la colaboración profesional de algunos investigadores civiles vinculados a movimientos escépticos para llevar a cabo sus objetivos.
Todos los informes sobre casos OVNI investigados por el Ejército del Aire permanecían clasificados como “materia reservada”. Se trataba de decenas de expedientes, cada uno de los cuales fue efectuado por un juez-instructor que recogía toda la información de primera mano. El problema llegó cuando cada uno de esos informes originales se entregó a la opinión pública precedido de un “informe previo” elaborado por la sección de Inteligencia del Mando Operativo Aéreo (MOA), el organismo que se encargó de gestionar el proceso. Y es que dicho “informe previo” ofrecía una serie de consideraciones y conclusiones de las cuales se derivaba que un 80% de los casos investigados oficialmente tenían “explicación racional”. Así pues, lo que para los oficiales militares que efectuaron la investigación eran objetos tecnológicos de procedencia desconocida, para el MOA eran simples confusiones con Venus, estrellas, nubes… La gravedad de la situación alcanzó enormes cotas cuando los investigadores demostraron que la información oficial había sido manipulada para poder explicar “racionalmente” dichos casos. Y se señaló un culpable: Vicente-Juan Ballester Olmos, el investigador que habría proporcionado las explicaciones y de quien se habría servido el Ejército para desprestigiar lo que tenía que ver con los “no identificados”.
Casos… ¿explicados?
Veamos un ejemplo para entender la situación. Nos remontaremos al 23 de noviembre 1973, cuando los pilotos de un Mirage F-1 de la Base Aérea de Manises (Valencia) se topan en pleno vuelo con un objeto esférico que se sitúa en rumbo de colisión contra el caza, al tiempo que su presencia quedó registrada en el radar. Tras su investigación, el juez-instructor concluyó que no existía explicación, pero veinte años después el MOA reveló que en realidad aquel objeto era… ¡Venus! Para justificar la afirmación, el informe desclasificado incluye una serie de documentos astronómicos que avalarían la tesis y que fueron elaborados –muchos años después del suceso, sin explicar este hecho extraño y “colándolos” como parte del informe original– por el grupo de investigación de Ballester Olmos. Al margen de ello, los datos para sostener que aquel artefacto era Venus fueron manipulados.
Gracias a los “desmentidos” del MOA suministrados por Ballester Olmos, el impacto en la opinión pública de los archivos secretos se redujo de forma sorprendente. E incluso se logró transmitir la idea de que las autoridades militares no disponen de información fidedigna sobre OVNIs. Lógicamente, la polémica adquirió cotas insospechadas. Investigadores como Juan José Benítez publicaron un libro demoledor –Materia reservada (Planeta, 1993)– en el que demostraba los fraudes que se cometieron para “explicar” los casos. “La desclasificación es un intento de intoxicación de la opinión pública, vergonzosamente alimentado”, denunció el periodista navarro en alusión, entre otros, a Ballester Olmos. “Los militares están ocultado información, maquillando, mutilando y descafeinando buena parte de los informes oficiales”. Pero a las informaciones vertidas por Benítez hubo que sumar otras, no pocas efectuadas por ENIGMAS y por el autor de este reportaje en el libro Los archivos secretos del Ejército del Aire –Bell Book, 1999–, en donde se ponía de manifiesto cómo las autoridades engañaron al público. Mis investigaciones también señalaban a Ballester Olmos como el “agente” del que se sirvieron los servicios de inteligencia del MOA para intoxicar el proceso. Ya explicaré, a lo largo de esta serie de reportajes, cómo se llevó a cabo esta “pena de muerte” contra el fenómeno OVNI, sobre cuyas claves desveló Manuel Carballal relevantes datos en su libro Los expedientes insólitos –Planeta, 2002–. Y es que según este investigador era muy probable que Ballester Olmos hubiera incluso formalizado en un contrato su colaboración con el Ejército del Aire sin que dicho acuerdo se hubiera hecho público. Además, Carballal señalaba como sus contactos en los servicios secretos le habían revelado que algunos “escépticos” habrían estado cobrando de Inteligencia con el objetivo de intoxicar y confundir a la opinión pública.
Pese a la declarada enemistad que me separa de Ballester Olmos, a mediados del pasado mes de agosto decidí invitarle a participar en el programa de radio La rosa de los vientos, en Onda Cero Radio. Como presentador del espacio durante la temporada estival no podía someterme a un debate con él, pero sí formularle las preguntas necesarias para que los oyentes pudieran valorar qué había de cierto en las acusaciones vertidas. Así, apenas 24 horas después de cursar mi invitación, Ballester Olmos aceptó el reto, al contrario de lo que habían hecho los responsables del MOA a invitaciones cursadas por servidor en temporadas pasadas.
Un contraro secreto
Durante la entrevista, que duró cerca de una hora, no pudieron abarcarse todos los asuntos que estaban señalados en el guión. Pero sí se pudieron poner sobre la mesa de conversación una serie de informaciones y documentos que obran en nuestro poder para conocer algo más sobre los términos de esa colaboración con el Ejército del Aire. Lógicamente –y así iré desgranando los asuntos– uno de los temas que se abordaron fue la existencia del tan traído y llevado contrato que, de haber sido real, hubiera tenido que notificarse por las vías oficiales oportunas. Vayamos, pues, con la transcripción literal de esta parte de la entrevista.
Seguro que eres consciente de que muchas personas sostienen que te convertiste en una especie de agente de inteligencia que colaboró con el Ejército para desmitificar el enigma de los OVNIs.
Esa es una bonita estupidez, esa es una invención sensacionalista, pero bueno, está bonito, está bien…
Pero sin entrar a valorar esa afirmación genérica que se ha efectuado, quisiera hacerte una pregunta a la que quisiera como respuesta un sí o un no: ¿Te ha unido algún contrato laboral, mercantil, personal o de algún otro tipo, incluso verbal, con las autoridades políticas o militares para colaborar en el proceso de desclasificación?
Vamos a ver. La respuesta es no si hablas de un contraro laboral. Ahora bien, he desarrollado una colaboración fructífera y extraordinaria con el MOA, y gracias a esa colaboración se han desarrollado muchísimas cosas (…).
A propósito del tema del contrato. Me gustaría ahondar en este asunto. Respecto a un caso que se produce el 5 de diciembre de 1989 en Galicia, en concreto en Sada (A Coruña), en donde la Guardia Civil hizo una investigación –sirva señalar que el suceso comenzó con una observación de un extraño “disco” en Sada y, posteriormemte, se localizaran varios ecos no identificados en radar al tiempo que desde la torre de control del aeropuerto de Lavacolla en Santiago se siguen los hechos y varios pilotos en vuelo confirman desde sus aviones haber recibido una extrañas señales–. En una carta fechada por ti mismo el 30 de septiembre de 1990 y que obra en nuestro poder, te diriges al señor Quintiliano Sanchez Moreno, general jefe de la Jefatura de Información e Investigación de la Guardia Civil y le dices: “Le agradará saber que con carácter inmediato voy a firmar un acuerdo de colaboración con el MOA aprobado por la dirección general del Estado Mayor del Aire para brindar apoyo científico en la evalución de los informes OVNI que están en proceso de desclasificación”. Ahí estás hablando de que sí existió un contrato, un contrato civil para un asunto militar.
No. Una cosa es un acuerdo y otra un contrato.
Pero tus palabras textuales ahí son: “Voy a firmar un acuerdo”.
Sí, sí, a establecer un acuerdo.
A firmar, dices “a firmar”.
En aquel momento, yo era director del Centro de Estudios Interplanetarios y había receptividad del Ejército del Aire hacia los trabajos y el enfoque que nosotros estábamos desarrollando… Por ejemplo, en junio de 1992 recibí una carta del general Alfredo Chamorro, comandante jefe del MOA y máximo responsable jerárquico de la desclasificación donde expresaba su reconocimiento acerca de la seriedad y objetividad de cómo estábamos tratando este tema. Naturalmente, esa buena opinión había que aprovecharla y, entonces, propuse al MOA una oferta de colaboración sin ningún tipo de contraprestación de modo que, bajo mi supervisión, un grupo de consultores participáramos en el análisis de los informes OVNI con la finalidad de enriquecerlos. Entonces, dos días después, el general Chamorro agradece la propuesta y se inician los trámites…”.
Hagamos en este punto un pequeño alto. Según Ballester Olmos, esa propuesta desinteresada se efectúa y tramita en agosto de 1992 a raíz de las buenas palabras del máximo encargado del MOA en junio de 1992. Sin embargo, la carta en la cual Ballester Olmos alude a la inminente firma de un contrato con el Ejército del Aire data del 30 de septiembre de 1990, es decir, casi dos años antes. Sin duda, la contradicción revelada durante la entrevista esconde algo muy importante. Es por ello que se hizo necesario en ese instante de la charla revelar nuevos documentos que apoyarían la existencia de ese contrato y que, además, revelaban una actitud por parte de Ballester y sus colaboradores que denotaba licencia por parte de las autoridades para sus trabajos, hasta el punto de sentirse libres de intimidar a testigos de casos OVNI. Veamos:
Tenemos un documento con el epígrafe de confidencial del 1 de septiembre de 1992 que envía la Inteligencia Militar del MOA, en donde dice “propuesta de colaboración científica en el proceso de desclasificación”.
Claro, claro, hay muchísimos documentos.
Pero, por qué ese acuerdo que tú dices que se firma…
No, no, no se firma nada.
Pero en tu propia terminología dices “voy a firmar”. Y esa información no se hace pública. Pero continuando con ese caso en Galicia. Uno de los controladores del aeropuerto de Labacolla siguió ese avistamiento. Tu más íntimo colaborador, Joan Plana Crivillent, escribió una carta al controlador en donde le decía: “De no obtener respuesta positiva a la presente en un tiempo prudencial nos veremos obligados a notificar esta falta de colaboración al director general de Aviación Civil y al jefe del Servicio de Control de Circulación Aérea ya que ambos prestan habitual apoyo a nuestras investigaciones”.
Joan Plana tiene muchas cualidades pero es la persona menos diplomática del mundo y cuando se pone a escribir le sale un nervio catalán que no veas. Esa es una forma de escribir; yo jamás hubiera escrito una carta en esos términos pero los ufólogos, y de eso tú sí que sabes, hacemos lo imposible por obtener informaciones.
Pero jamás coaccionar a testigos.
De coaccionar, nada, ¡hombre! Si para eso –para conseguir la información– tienes que asustar a alguien diciendo “voy a tu jefe”, lo haces. Repito, yo jamás lo hubiera hecho. No es mi estilo.
“Fue una labor personal”
Precisamente, el propio Joan Plana efectúo a la publicación El Ojo Crítico unas declaraciones en donde acusaba a los militares del MOA de mentir a raíz de una nota distribuida por Enrique Rocamora, jefe de la Sección de Inteligencia de este organismo, en donde aseguraba que Ballester y Plana sólo habían prestado una colaboración voluntaria y no tenían responsabilidad en la desclasificación. “Estas declaraciones, por su falsedad, me dejaron estupefacto”, aseguró Plana.
Sin embargo, durante la entrevista con Ballester Olmos, el líder de los escépticos españoles mantuvo que fue suyo el mérito del levantamiento del secreto: “Fue una labor personal”. Y detalla cómo se llevó a cabo: “A partir de 1990 comienzo a visitar dependiencias oficiales y me encuentro con que la investigación OVNI civil que yo puedo representar tiene una alta credibilidad en la casa y que mis libros han sido utilizados como libros de cabecera”. Aparentemente, el objetivo de Ballester era convencer a los militares de la necesidad de dar a conocer los informes secretos. Así las cosas –y siempre según la versión narrada a La rosa de los vientos– durante una de sus visitas al Cuartel General del Aire en 1990 ocurre algo realmente insólito. Algo sobre lo cual hasta ahora no se había informado y que, en cierto modo, contradice la versión descafeinada de que fueron los investigadores civiles encabezados por Ballester Olmos quienes propusieron la colaboración: “Estando yo visitando el Cuartel General, se recibe por microondas un mensaje en el cual se solicitaba que me localizaran para hablar conmigo”. Y digo que es insólito porque ese mensaje cifrado, que se emite a través de los canales de comunicación militar pidiendo que se localice a Ballester Olmos llega –y ya es… ¡mucha casualidad!– justo cuando el propio Ballester Olmos se encontraba físicamente en el Cuartel General del Aire. Como el propio polémico investigador nos aseguró durante la entrevista, “la historia de la desclasificación aún no está escrita”. Y es que según revelan estas afirmaciones, la cúpula militar fue la que decidió ir en busca de los colaboradores civiles, pero de aquellos que respondían a un perfil determinado. Si se hizo así fue porque, sin duda, los militares buscaban unas consecuencias concretas. ¿Cuáles? A partir del mes que viene se lo contamos en ENIGMAS.