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Hemeroteca :: Edición del 01/12/2006 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
Hace algo más de cuatro décadas se produjo uno de los casos OVNI más fascinantes de todos los tiempos. Aconteció en el bosque de Kecksburg (Pensilvania, EEUU). Existen fundadas sospechas de que el ejército recuperó el artefacto. Ahora, un equipo de estudiosos ha llevado al Gobierno ante los tribunales para obligar a la Casa Blanca a contar la verdad. Estos son los datos…
En el año 2005 se cumplieron cuarenta años de uno de los episodios OVNI más intrigantes de entre todos los acaecidos en Estados Unidos. Y pese a que el suceso de Kecksburg –Pensilvania– ocurrió en 1965, los enigmas relativos a este episodio siguen sin resolverse. Sobre todo, como consecuencia del obstinado silencio de las agencias gubernamentales.

Todos los testimonios indican que algo muy raro ocurrió el 9 de diciembre de 1965, cuando un objeto de procedencia desconocida aterrizó bruscamente cerca del pueblecito de Kecksburg, después de la observación por parte de numerosos testigos de una bola de fuego que atrevesó el cielo de varios Estados americanos y Canadá. Algunos habitantes de Pensilvania vieron cómo el objeto se movía lentamente en el cielo; otros observaron humo y luces brillantes de color blanco azulado que formaban un arco eléctrico en el bosque antes de producirse la colisión. Decenas de personas –bomberos, periodistas y el director de un noticiario de radio– describieron la presencia militar y policial en el lugar del impacto y el consiguiente acordonamiento de la zona. Algunos observadores aportaron descripciones detalladas de un objeto en el suelo y posteriormente otros vieron cómo era transportado en un camión con plataforma.

En 2002, amparándose en la Ley de Libertad de Información, el canal de televisión norteamericano Sci-fi invirtió una importante cantidad de dinero para financiar una nueva investigación que forzara al Gobierno a desclasificar sus archivos. Como periodista independiente, me pidieron que la encabezara en colaboración con un prestigioso gabinete jurídico de Washington. Así nació la “Coalición para la Libertad de Información” –CFI–. John Modesta, antiguo jefe de personal del ex presidente Bill Clinton, apoyó públicamente la iniciativa: “Creo que es hora de abrir los libros sobre cuestiones que han permanecido en la oscuridad en relación a las investigaciones gubernamentales sobre OVNIs”.

Documentales “in situ”

“Objeto no identificado cae cerca de Kecksburg. El ejército acordona la zona”. Así rezaba el titular, en primera página, del Greensburg Tribune-Review la mañana posterior a la caída del objeto. “La zona donde ha aterrizado fue acordonada inmediatamente por oficiales de la policía y el ejército para proceder a su inspección”. También se personaron en el lugar ingenieros y científicos del ejército americano: “La excitación causada por el aparente aterrizaje produjo un atasco de tráfico a medida que iban llegando al lugar cientos de personas procedentes de zonas limítrofes”.

El reportero Robert Gatty, del Tribune-Review, entrevistó a un muchacho de ocho años que vio al objeto cuando caía en el bosque y a su madre, la señora Arnold Kalp, que avistó una columna de humo azul y alertó a las autoridades. En la noticia que él mismo publicó el día 10 de diciembre se podía leer lo siguiente: “Objeto no identificado desencadena una investigación cerca de Kecksburg”. Pero no pudo decir mucho más; y es que según explicaba en su reportaje, el ejército había dado la orden de negarle el acceso al lugar del impacto.

Cuandos los medios informativos comenzaron a hacerse eco de las novedades sobre el caso, la fuerza aérea se vio obligada a ofrecer las primeras explicaciones. Así, las autoridades atribuyeron los incidentes a “un meteoro de meteoros” y añadieron que “no se habían encontrado muestras de residuos espaciales, ni de naves ni de misiles”. Pero Gatty sigue convencido de que algo “descendió” en el bosque: “El ejército parece estar protegiendo algo. Cuarenta años después, ¿qué sentido tiene seguir manteniendo todo en secreto?”.

Alertado por la llamadas de muchos oyentes, el periodista John Murphy, director del noticiario de la emisora local de radio WHJB, se personó en el lugar antes de que llegaran las autoridades. Su esposa Bonnie Mislagle –fallecida en 1969– y la directora de WHJB, Mabel Mazza, informaron después que Murphy había fotografiado el objeto. “Estaba muy oscuro y había muchos árboles alrededor. Pero vi la imagen de una especie de cono. Nunca había visto nada igual y tampoco he vuelto a verlo”, señaló Mazza.

Murphy realizó un documental radiofónico que incluía muchas de las entrevistas que hizo aquella noche, pero un día recibió una visita inesperada de unos agentes vestidos de paisano. Linda Foschia, empleada de WHJB, recuerda que algunas de las cintas de Murphy fueron confiscadas y que nadie sabe qué pasó con las fotografías, aunque resulta sospechoso que al final tuviera que emitir una versión censurada de su documental.
“La torre de control del aeropuerto de Greater Pittsburg confirmó el hecho de que hubo un objeto en el cielo a esa hora: a las 04.47 horas”, llegó a señalar el periodista, que también informó que un oficial de policía se acercó a él aquella madrugada diciéndole “tenemos algo ahí”, tan sólo unos momentos antes de que se informara al público, oficialmente, de que no se había encontrado nada: “Es azul y emite destellos y hay una luz dentro”, dijo, añadiendo que los militares querían ir a verlo.

¿Una sonda soviética?

El expediente correspondiente del Libro Azul –nombre del proyecto de las fuerzas aéreas, cuyos miembros, durante décadas, investigaron en secreto numerosos casos de OVNIs– reconoce que un equipo de tres hombres fue enviado desde Oakdale, en Pensilvania, para investigar y recoger un objeto que, al parecer, había ocasionado un incendio aquella noche. El informe oficial indica que la búsqueda duró hasta las dos de la madrugada, pero advierte que no se encontró nada.

Algunas personas han creído durante mucho tiempo que el objeto estrellado de Kecksburg era el Cosmos 96, una sonda espacial rusa que reentró en los cielos de Canadá a las 03.18 horas de la madrugada del mismo día del incidente. Para corroborar esta teoría, en 2003 exploré esta posibilidad con Nicholas L. Johnson, científico jefe para el Orbital Debris en el Johnson Space Center de la NASA, experto reconocido internacionalmente como la principal autoridad en materia de residuos orbitales. Gracias a su colaboración, se pudo calcular cuándo podría haber pasado el Cosmos 96 sobre Pensilvania si hubiera estado en órbita ese día: “No hay posibilidad de que algún resto de la Cosmos 96 aterrizara en algún sitio de Pensilvania sobre las 04.45 horas”, sentenció Johnson, que además recordó que aquel fue el único objeto catalogado que reentró el 9 de diciembre y que ningún otro atravesó la atmósfera terrestre ese día, mientras que cualquier objeto no catalogado habría sido demasiado pequeño. Esta confirmación definitiva no hizo más que aumentar el misterio.

Árboles “marcados”

En la primavera de 2003, el canal de televisión Sci-fi encargó al geoarqueólogo J. Steven Kite y al profesor de ingeniería forestal Ray R. Hicks inspeccionar el lugar en el cual habían ocurrido los hechos. El doctor Kite centró su investigación en la búsqueda de señales en el paisaje o en artefactos que podrían haber estado asociados con el suceso de 1965. Señala que los métodos de su equipo “podrían haber sido suficientes para discernir si se había excavado, demolido o enterrado algo para encubrir el testimonio del incidente si tal actividad se hubiera llevado a cabo”. Sin embargo, y aunque no encontró nada anormal en el análisis radiactivo, es de gran interés su afirmación de que “la falta evidente de destrucción masiva desde el impacto de 1965 elimina la posibilidad de colisión por un gran satélite o meteorito intacto. Si tal objeto, sobre todo un meteorito denso, impactó en la Tierra a gran velocidad, hubiera hecho estragos en la vegetación forestal cercana y el cráter sería muy pronunciado”. Kite señala que la vegetación y el paisaje no mostraban señales de un impacto así.

Por su parte, el professor Hicks pudo encontrar los mismos árboles que aparecían en las fotos tomadas por Stan Gordon en los años ochenta y que mostraban el daño que sufrieron. Al estudiar la repentina interrupción en los anillos de crecimiento de dos árboles afectados, Hicks pudo determinar cuándo se produjo el daño: ¡en el año 1965! Los árboles que se encontraban a su alrededor no sufrieron daños, lo que sugiere que la dramática reducción en el crecimiento de los mismos en el sendero “no se debió a un suceso climático, como una sequía, sino probablemente a daños específicos en dichos árboles”, informó.

En un documental para televisión, el doctor Kite señaló que el daño visible formaba una “trayectoria definida”, pero a pesar de las contundentes pruebas que aportaban los árboles, ninguna agencia gubernamental americana, a excepción de la fuerza aérea, se ha hecho eco del suceso acaecido el 9 de diciembre de 1965 en Kecksburg. Nuestro pleito contra la NASA, presentado hace casi tres años, está todavía pendiente de dictamen en un tribunal federal. Tal vez nunca lleguemos a saber la verdadera identidad del artefacto que se estrelló y recuperó en Kecksburg, pero la investigación ha valido la pena. Y sigue abierta.
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  • Kecksburg, 40 años de silencio

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3723 | xavi - 28/02/2009 @ 00:11:35 (GMT+1)
    SIEMPRE LO MISMO PARA AL FINAL NO SABER NADA , SOLO SUPUESTOS O DUDOSAS RESPUESTAS DE LA GENTE Y ALGUN PERIODISTA. PERO VERDADERAMENTE NADIE LO VIO LO FOTOGRAFIO Y ENSEGUIDA EL EJERCITO SE PRESENTO . PUES YA ESTA SE ACABO LA NOTICIA .
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