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Hemeroteca :: Edición del 01/12/2006 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
“Venecia es la ciudad de la magia y del romanticismo, pero también esconde una faz de misterio y leyendas, y una de esas leyendas se encuentra delante de nosotros, en esa casa”. El viaje daba comienzo…
Los escritos de Alberto Toso Fei constituyen un fantástico manual para visitar Venecia con otra perspectiva. Una fachada de cualquier edificio que a todas luces puede parecer insulsa e insustancial, esconde tras sus muros un mundo de sombras, de aparecidos y fantasmas.

Así encontramos, entre la calle Tintoreto y la del Mori, una casa que a finales de los años setenta y principios de los ochenta fue habitada por Giuseppe R. durante tres años. En ese periodo de tiempo fue testigo, junto con su hija, de algunas experiencias extraordinarias que turbaron la tranquilidad del hogar. Cuando el silencio de la noche envolvía todas las estancias del inmueble, unos extraños ruidos, como si fueran pájaros, perturbaban el silencio, no hallándose foco de origen claro. En otras ocasiones esa misma tranquilidad también se veía quebrada por diversos fantasmas que poblaban la casa. Inquietado por las apariciones, contó a su hija cómo le atemorizaba la presencia a veces de una sombra, y otras la figura de un hombre que se manifestaba a distintas horas del día y de la noche, pero siempre en los mismos lugares de la casa, quieta, inmóvil, y que desaparecía a la misma velocidad a la que había surgido.

Pero quizás lo que más impresionó a Giusseppe y a su hija fueron las experiencias con fantasmas infantiles. Unos ruidos extraños acompañaban al hombre cada vez que subía por la escalera al piso superior, notando que pequeñas pisadas rondanban a su alrededor. En una ocasión, una sensación gélida recorrió todo su cuerpo cuando algo le agarró la mano; él sintió una mano menuda, muy pequeña, como la de un niño. La primera vez que le ocurrió este suceso huyó espantado, pero poco a poco se fue acostumbrando. Siempre que subía a la planta superior sentía como una pequeña mano invisible le agarraba de una manera dulce. Cuando se lo contaba a su hija ponía énfasis en cómo estos pequeños supuestos espíritus buscaban la figura de un padre protector.

Pero sin duda alguna la experiencia más espectacular ocurrió una tarde, cuando padre e hija charlaban sobre una fina capa de nieve que poblaba el jardín de la casa. Entre el horror y la estupefacción asistieron a la formación de pequeñas huellas sobre la misma; eran las pisadas de un niño, pero allí no había nadie.

No muy lejos, atravesando el río del gueto, entramos en el antiguo barrio judío caracterizado por sus angostas calles y altos edificios, ya que los judíos no tenían permiso para edificar fuera de los límites del gueto. En una de estas calles existe una vivienda donde vienen sucediendo hechos misteriosos desde finales de los años cincuenta. La casa no ha vuelto a ser habitada desde que sus arrendatarios la abandonaron brusca y repentinamente…
Según sus testimonios, las manifestaciones se hicieron insoportables cuando una fuerza invisible se manifestaba moviendo objetos dentro del inmueble. El primer testigo que vio un espectro fue el padre de familia. Una madrugada, cuando la luz que se colaba por las ventanas, pudo ver frente a él la figura inmóvil de un anciano, con barba larga y ropajes que podían recordar a un judío del siglo XVI o XVII. La figura pronto fue asociada a un viejo rabino. Aquella visión y los posteriores sucesos extraordinarios que siguieron aconteciendo en el hogar provocaron el rápido e huidizo traslado de la familia.

A finales de los años noventa esa misma presencia fue vista en la sinagoga del gueto, hoy en día una de las menos visitadas. La primera vez que fue observado junto al púlpito, estaba presente una señora de la limpieza. La mujer huyó espantada para pedir ayuda y cuando regresaron, observaron que toda la mesa estaba cubierta de polvo, excepto donde se encontraba la Torah, el mismo lugar en el que había visto al espectro. A partir de ese momento las apariciones han sido más frecuentes, llevándose a cabo incluso exorcismos para dar paz al supuesto espíritu; pero hasta ahora tales rituales no han surtido efecto. Uno de los últimos casos acaeció durante la visita de un grupo a la sinagoga. La guía reparó en la presencia del anciano y, en un momento dado, la figura comenzó a levitar en la zona del púlpito, se elevó dos metros por encima de las cabezas de los presentes, y desapareció.

La aparición fantasmal ha generado una pequeña discusión religiosa, ya que para los judíos no hay vida futura, por lo tanto no cabe hablar de fantasmas. Sin embargo, la presencia del viejo rabino desafía todas las leyes religiosas y de la lógica.

Palacios y casas con vida propia

Detrás del Campiello Pestrin, en la calle Bondi, se encuentra un inmueble que ha permanecido deshabitado durante los últimos treinta años. A principios de los años setenta un matrimonio con dos hijos compra esa casa con la ilusión de quien comienza una vida nueva. Cierto día percibieron que una ráfaga de aire gélido atravesaba la estancia donde se encontraban. Y aunque los primeros fenómenos no les llamaron la atención, sí comenzó a preocuparles el hecho de que existieran fuertes corrientes de aire en las habitaciones cuando las ventanas y las puertas permanecían cerradas. Fue en ese momento cuando comenzaron las experiencias más fuertes. En una ocasión pudieron observar que un vaso que se encontraba en el cuarto baño comenzó a flotar en el aire con todos los cepillos de dientes en su interior. Otro día vieron que una fila de platos que se encontraba en la cocina volaba literalmente al mismo tiempo que unos vasos de cristal se precipitaban al suelo sin que nadie los tocara. Todos esos fenómenos eran anteriores a la llegada de los nuevos inquilinos. De hecho, los vecinos y los empleados del hotel allí ubicado tiempo atrás se referían a la vivienda con el sobrenombre de “la casa de los espíritus”.

El padre, un hombre al que se le tenía por valiente, tenía un inexplicable temor a entrar en algunas estancias del hogar; algo le atenazaba y sensaciones extrañas le paralizaban. La hija veía en su habitación como la puerta de su armario se abría todas las noches a la misma hora. En un primer momento intentaron racionalizar el hecho y achacaron esa apertura a un posible desnivel del suelo, pero por mucho que hicieron por cerrar la puerta ésta continuaba abriéndose regularmente.

En 1976, la familia se trasladó y únicamente el hijo se quedó viviendo en el lugar, optando por reformarla y restaurarla con la idea de que así todos aquellos fenómenos terminarían. Pero tras finalizar las obras, todos los conductos que estaban dentro de las paredes explotaron sin motivo aparente, por lo que tuvieron que situarlos exteriormente. Y no fue la última experiencia: una noche el padre durmió en la habitación de la hija y observó atónito como unas manos invisibles tiraban de sus piernas tratando de sacarle de la cama.

El acerbo popular afirma que todas esas experiencias son fruto de acontecimientos dramáticos que se sucedieron dentro de la vivienda. Para empezar, a mediados del siglo X hubo una masacre de prostitutas que fueron asesinadas en el interior del hogar. Y en ese mismo lugar también fue asesinada, en 1947, Linda Cimetta. No hay de momento nada que relacione dichas tragedias con los distintos fenómenos que se suceden en el interior de la casa. Lo único verificado es que ésta quedó vacía tras la huida de sus inquilinos, y que los fenómenos continúan produciéndose.

Volviendo nuestros pasos hacia el gran canal, en la calle Barbaro, rodeado por el campiello Barbaro encontramos uno de los palacios más fascinantes y aterradores que se pueden encontrar en Venecia: Cà Dario. Es fácil rastrear la miseria y muerte que allí ha tenido lugar a lo largo de la historia, creándose una famosa leyenda negra. Del exterior destacan la fachada por su belleza y colorido, y sus chimeneas de época; pero en el interior puede sentirse la carga de energía negativa derivada de las experiencias traumáticas que se han sucedido intramuros, lo que lo convierte en un lugar lúgubre y sombrío. Y es que, entre los venecianos, se rumorea que el palacio está controlado por una mente asesina…
Hay quien habla de una leyenda urbana más que de una historia de fantasmas, pero para investigadores e historiadores, la realidad supera con mucho la ficción. Todo comienza cuando Giovanni Dario hace casar a una hija ilegítima suya con un joven de la familia Barbaro, adquiriendo dicho palacio. Parece ser que poco tiempo después su yerno se arruinó, mientras que su hija murió de un infarto. Un siglo más tarde Giacomo Barbaro, que vivió en el lugar hacia el siglo XVII, de vida holgada y con un importante cargo como gobernador, terminó siendo asesinado mientras allí vivía. Más tarde el inmueble, que ya por aquel entonces tenía fama de maldito, fue adquirido por un rico negociante de diamantes, Arbit Abdoll, quien pensaba que eran meras supersticiones del populacho. Sin embargo la fortuna que hasta entonces le sonreía en los negocios, acabó truncándose y falleció en la más insolente indigencia.

Tras largos periodos en los que el inmueble estuvo deshabitado por el temor que causaba su adquisición, en 1838, de nuevo cobra vida la leyenda negra del edificio: el estudioso inglés Rawdon Brown junto a un amigo habitaron la casa durante algunos años, hasta que los dos pusieron fin a su existencia suicidándose. El trágico final que escogió Brown fue a consecuencia de haberlo perdido todo. A partir de ese momento los venecianos comienzan a hablar de que el edificio no sólo atacaba a huéspedes, sino que afectaba a todo lo que les rodeaba.

Unos decenios más tarde, el magnate estadounidense Charles Briggs, adquirió el edificio durante algún tiempo aunque tuvo que huir de Italia a consecuencia de un escándalo sexual. Su amante se mató poco después en México. Ya en los años setenta, el conde Filippo Giordano dell Lanze perdió la vida en el palacio a manos de una mujer que le rompió la cabeza con una pequeña escultura. Y casi una década más tarde, en 1981, Christopher Lambert, el mánager del emblemático grupo The Who, no se salvó de la maldición y tuvo una muerte igualmente violenta.

A finales del siglo XX, Fabricio Ferrari, un especulador veneciano, fue el siguiente en sufrir la ira del edificio al arruinarse, y su hermana Nicoletta, fue encontrada muerta desnuda en un prado a pocos metros de su coche. Más tarde, el palacio fue adquirido por Raul Gardini, un rico empresario italiano, pero poco tiempo después se vió implicado en un caso de sobornos y corrupción, quitándose tiempo después la vida con una pistola.

Hoy en día parece que la extraña maldición ha terminado, durmiendo su particular sueño eterno. O no…
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