Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
Pocos países atesoran en tan pocos kilómetros el número de misterios que posee el Líbano. Enigmas que, en demasiadas ocasiones, han quedado relegados al olvido por culpa de los constantes conflictos bélicos que ha sufrido esta región.
Desde la antigüedad hasta hoy su historia se ha escrito a sangre y fuego. Enclaves como Byblos, Tiro, Sidon y Baalbek fueron conquistados una y otra vez por los ejércitos mas poderosos. Fenicios, persas, griegos, egipcios, romanos, bizantinos o árabes dejaron su impronta a lo largo y ancho de este pequeño país mediterráneo.
Del Líbano sólo se habla cuando suenan tambores de guerra, como ha ocurrido durante los últimos meses. El sonido de los misiles ha hecho que los periódicos e informativos de todo el planeta se lanzaran a transmitir en directo el dolor y el sufrimiento de otra cruel guerra, olvidándose de que este país tal vez guarde la llave de algunos misterios que podrían cambiar la historia.
Durante años, investigadores tan conocidos como Erich Von Daniken, Velikovsky o Charles Berlitz dedicaron cientos de páginas a sus enigmas. Sin embargo, debido a las continuas guerras que sufrió el país, toda investigación quedó paralizada. Desde entonces, pocos se han acercando hasta allí para intentar descifrar sus misterios. No en vano, la región ha sido siempre caldo de cultivo para que las profecías más pesimistas sobre el comienzo del Armagedon se conviertan en realidad.
Baalbek, la ciuda bíblica
La mejor manera de adentrarse en los enigmas y secretos de este país es, sin lugar a dudas, pasear entre las ruinas de la mítica ciudad de Baalbek, que fue tristemente objetivo de los misiles israelíes, pues en este lugar se fraguó el nacimiento de la guerrilla de Hezbollah. Situada a unos 90 kilómetros de Beirut, en el valle de la Bekaa, los orígenes de Baalbek son un misterio difícil de desvelar. Se sabe que los romanos construyeron sus templos sobre restos griegos y éstos a su vez encima de los fenicios, quienes erigieron sus edificaciones sobre las construcciones de los primeros y misteriosos habitantes de esta ciudad.
Para algunos investigadores, como Velikovsky, estos primigenios moradores eran los descendientes del patriarca Abraham y Baalbek fue la antigua ciudad bíblica de Dan. Aunque sobre tal cuestión hay discrepancias, porque algunos creen que las ruinas de esta mítica ciudad se encuentra en la faldas de las circundantes montañas del Antilibano. Precisamente sobre los vestigios de la ciudad de Dan se alzarían los picos nevados del mítico Monte Hermón, donde el Libro de Enoc dice que descendieron los Visitantes Celestes y que también fue visitado por Jesucristo. Otros arqueólogos más ortodoxos identifican Baalbek con la desaparecida ciudad de Baal Gad que aparece en la Biblia en Josué 11: 17.
La zona guarda infinidad de claves bíblicas. Se dice que los hijos de Dios del Génesis vivieron en sus alrededores, y que el asesinato de Abel a manos de Caín se cometió en una de las laderas de las montañas que rodean Baalbek; presagio de que aquellas tierras iban a ser testigos de la maldad del ser humano. También una famosa tradición refiere que cerca de allí, en la villa de Karak, reposan los restos de Noé, que falleció en este lugar tras el Diluvio.
A pesar de todo, Baalbek ha sido olvidada por los investigadores, oculta por la magnificencia de otros enigmáticos lugares como las pirámides de Egipto o las líneas de Nazca en Perú. Los templos de esta mítica y ciclópea ciudad son mudos «espías» de los ritos y ceremonias que allí se llevaban a cabo, pues Baalbek siempre fue un lugar de culto solar. Cuando Alejandro Magno la conquistó en el año 332 a. C., decidió darle el nombre de Heliópolis, perpetuando los cultos solares que ya se practicaban allí.
Tras los griegos fueron los romanos quienes se asentaron en la zona, edificando el mayor de los templos de su imperio: el de Júpiter-Baal, cuya construcción concluyó en el año 60 d. C. El santuario –con columnas de más de 35 metros de altura– era el hogar de uno de los oráculos más importantes de la antigüedad, al que incluso acudió el emperador Trajano en busca de respuestas. En el siglo VII los árabes conquistaron la ciudad y en el X pasó a manos del Imperio Bizantino. Seis siglos más tarde, el Imperio Otomano se hizo con su control.
La pregunta que debemos hacernos es por qué los romanos eligieron este lugar para levantar su templo más impresionante. Sobre todo teniendo en cuenta que a lo largo y ancho de los territorios del Imperio existían ciudades más importantes.
Enormes bloques de piedra
La gran terraza que sirvió de base para su alzamiento es una construcción repleta de enigmas. Erigida con las piedras talladas más grandes que se conocen, arqueólogos, arquitectos e ingenieros intentan ofrecer una explicación plausible para sus descomunales dimensiones. Los enormes bloques, colocados a más de seis metros de altura, formaron una base de más de 400.000 metros cuadrados. Los bloques, llamados Trilithon, destacan del resto por sus espectaculares medidas: 22 metros de longitud, 4´5 de altura y 3 de ancho. En cuanto a su peso, los estudios de investigadores ortodoxos lo cifran en 800 toneladas, aunque conocidos astroarquólogos como Däniken o Berlitz hablen de 2.000. Estos mismos investigadores opinan que hoy en día todavía desconocemos cómo se transportaron los bloques. Sus hipótesis de trabajo son bastante fantasiosas, e incluso aluden a la intervención de seres extraterrestres. La teoría más sorprendente la enunció en 1959 el científico ruso Matest M.Agrest. Para él, Baalbek era una base de aterrizaje y despegue de naves alienígenas. Desde su punto de vista, los enormes bloques actuarían como un escudo contra la radiación producida por las naves al despegar y al aterrizar. El científico basó su particular hipótesis en el descubrimiento entre los bloques de varias zonas vitrificadas –algo que sólo puede darse a causa de las altas temperaturas– que no serían sino los vestigios del efecto de propulsores nucleares.
Aunque la construcción de este templo fue una obra titánica, es evidente que se trató de un logro humano. Y muestra de ello es que en los años posteriores se alzaron varios templos, como los de Baco y Venus, tanto o más bellos que el de Júpiter.
También la figura de Salomón forma parte de la enigmática historia de Baalbeck. Según los cronistas del antigüedad, una de las tres grandes fortalezas que éste mandó construir con la ayuda de ángeles y genios fue Baalbek. Según las tradiciones legendarias, gracias a la relación que este monarca tenía con seres sobrenaturales, podía disponer de máquinas voladoras y conocimientos sobrehumanos, gracias a los que al final se hizo con el control de la ciudad.
Algunas antiguas crónicas, como el Tárgum judío o el Kebra Negrast –un antiguo manuscrito etiope– explican que en una de esas «naves», Salomón llegó al reino de Saba en un día; distancia que en circunstancias normales habría tardado tres meses en recorrer.
Existe una última versión sobre el origen de la ciudad, no menos extraña que las anteriores. En la Biblia se lee que Moisés envió espías a Canaan –nombre que recibía en la antigüedad la zona–, quienes a su regreso le informaron de que sus habitantes eran los gigantes hijos de Anak.
Tras Baalbek hay que recorrer el resto del país para forjarse un idea completa de lo que esconden sus fronteras. Desde Tiro a Byblos, y desde este lugar hasta los Cedros, el viaje es un continuo descubrimiento. Byblos es, tal vez, la ciudad más antigua que ha estado continuamente habitada. Sus 7.000 años de historia así lo avalan. Hace ya 4.000 años que los fenicios la consideraban una urbe de gran antigüedad y parece ser que sus habitantes poseían conocimientos avanzados. Un ejemplo de lo que decimos es el tipo de escritura fonético–alfabética que utilizaban, la cual se convirtiría con posterioridad en el antecedente de nuestro alfabeto.
Misteriosas construcciones
En Byblos encontramos los vetustos restos de la ciudad milenaria, donde las diferentes épocas se superponen, mostrando una evolución histórica que va desde las antiguas casas del periodo más arcaico, pasando por templos como el de los Obeliscos. En estos recintos sagrados tenían lugar ofrendas en honor a Isis y Osiris, dioses que al parecer transmitían mensajes divinos a las sirvientas de la reina. Una vez más comprobamos que seres divinos, poseedores de secretos que ayudarían a forjar una espléndida civilización, se dan cita en las antiquísimas ciudades del Líbano.
Entre los numerosos restos arqueológicos, la construcción mejor conservada es el castillo de los cruzados, al que acudió Sir Lawrence de Arabia –autor de Los siete pilares de la sabiduría– en su místico periplo en busca de las grandes respuestas.
A pocos kilómetros de Byblos hallamos la cueva de Afqa, el lugar que guarda los secretos de la muerte del dios Adonis. En dicha cueva surge el manantial del cual nace el legendario río Adonis. Según la tradición, Adonis tiñó sus aguas del color de la sangre. Muy cerca de este lugar, en el Valle de Qadhisa, se encuentra el paisaje más hermoso del país: las montañas donde nacen desde hace miles de años los legendarios cedros, árboles que se han convertido en el símbolo nacional del Líbano. Su madera ha sido siempre un preciado tesoro para todos los pueblos de la región, desde los egipcios hasta los romanos. Nabucodonosor escribió: «Para la construcción de mi templo traje enormes cedros, los cuales yo mismo corté con mis propias manos del monte Líbano».
La guerrilla de Hezbollah
El sur del país, la zona más cercana a la frontera con Israel, es el feudo de la guerrilla de Hezbollah. Aquí vemos campos de refugiados palestinos por todas partes, como los que rodean las ciudades deTiro y Sidón, vivero de los futuros combatientes de Alá. Desde estos territorios, Hezbollah lanzó durante semanas cientos de misiles contra Israel, mientras las tropas hebreas invadían Líbano.
Tras los últimos bombardeos israelíes, todo el sur del Líbano ha sido literalmente devastado. Lugares de importante carga legendaria, como la cueva que habría servido de refugio a la Virgen María, están destruidos por completo.
En cuanto a Tiro, ha sido reducida una vez más a escombros. Esto mismo hizo Alejandro Magno hace más de 2.000 años. La diferencia es que este soñador y gran conquistador creó un imperio que sentó las bases culturales de la civilización occidental, mientras que los actuales enfrentamientos en el Líbano no provocan sino sufrimiento y muerte en ambos bandos.