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Hemeroteca :: Edición del 01/12/2006 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
Al igual que ocurre en relación con otros trastornos médicos de gravedad, los científicos también investigan molestias corrientes menores pero que causan bajas laborales y a veces se cronifican durante meses. Nos referimos a los catarros y resfriados que, sobre todo con los cambios de estación, afectan anualmente a millones de personas en todo el mundo.
Penicilina judía

Los remedios propuestos para combatirlos son numerosos, pero hasta ahora no se habían puesto a prueba a algunos de ellos como el caldo de ave, remedio prescrito ya en el siglo XII por Maimónides: «El caldo de pollo y de gallina debería beberse porque tiene la virtud de rectificar los humores corruptos; es beneficioso contra las fiebres crónicas y también alivia el catarro», escribió el célebre rabino. Sin embargo, hasta hace poco los científicos no habían confirmado la benignidad de este remedio conocido como la «penicilina judía» y dado tradicionalmente a niños y ancianos para curar catarros y resfriados.

Las primeras investigaciones se llevaron a cabo en 1978 en el Centro Médico Monte Sinaí, en Miami Beach (Florida) y permitieron comprobar que –mejor aún que el agua caliente y el agua fría– el líquido más efectivo para despejar la nariz y aliviar los síntomas del resfriado era el caldo de pollo.

En enero de 1994, el especialista en enfermedades pulmonares Stephen Rennard, del Centro Médico de la Universidad de Nebraska en Omaha (EE UU), efectuó otro estudio con el caldo de pollo y descubrió que era anti-inflamatorio y aceleraba temporalmente el movimiento de moco por la nariz, aliviando así la congestión y limitando la cantidad de tiempo en que los virus están en contacto con el tejido nasal. Aunque muchos científicos se muestran escépticos de la eficacia de este remedio, lo cierto es que la cisteína –un aminoácido abundante en el pollo– es químicamente similar a un fármaco prescrito para la bronquitis y otras afecciones respiratorias. Es más, la acetilcisteína –un mucolítico de extendido uso farmacológico– se sintetizó originalmente de la piel y plumas del pollo.

Existen, sin embargo, otros muchos remedios que pretenden ser infalibles para vencer catarros y resfriados o, al menos, para que quienes los sufren se sientan mejor, pero no todos ellos funcionan. Es más, las investigaciones recientes apuntan a que son pocos los que realmente tienen efecto.

Falsas ayudas complementarias

Los remedios más socorridos para curarse el catarro son los fármacos. Son innumerables los que pueden adquirirse sin receta. Sin embargo, no son inocuos y pueden causar graves daños en el hígado en combinación con otros. En cuanto a los populares jarabes medicinales, en enero del presente año, el American College of Chest Physicians desaconsejó su empleo no sólo por su ineficacia para tratar las causas subyacentes que provocan los catarros, sino porque algunos contienen ingredientes que, si bien alivian la tos, pueden ser dañinos, sobre todo para los niños: «No hay testimonios clínicos de que los fármacos expectorantes o supresores del catarro alivien la tos», ha señalado Richard S. Irwin, Colegio Médico de la Universidad de Massachusetts en Worcester (EE UU).

Igualmente ineficaces, además de peligrosos, son los antibióticos. Destruyen las bacterias y no sirven para los virus catarrales. No aceleran la curación y, en cambio, favorecen la resistencia bacteriana a los antibióticos. Otros fármacos de uso corriente como los antihistamínicos que suavizan los síntomas de las alergias –estornudos, nariz tapada y ojos llorosos– producen efectos contrarios en los resfriados: secan más las membranas nasales e impiden que fluya el moco, algo necesario para la curación. También hay que desterrar la idea de que para curarse un resfriado hay que «matarlo de hambre». No está confirmado que dejar de comer acorte la duración del resfriado o reduzca los síntomas.

Respecto a los populares complementos vitamínicos y extractos de plantas que supuestamente ayudan a prevenir y a acelerar la curación de catarros y resfriados, las últimas investigaciones confirman la eficacia de algunos de ellos. El ajo sigue siendo un gran favorito ya que su eficacia antibacteriana está suficientemente probada. También se recomienda la vitamina C por su ayuda para reducir los síntomas si se toma en dosis elevadas –hasta 5.000 miligramos– al principio de un catarro, aunque en exceso produce nauseas y diarrea. Las dosis más bajas –entre 200 y 300 miligramos– acortan su duración.

Las investigaciones con hierbas y plantas son más difíciles de probar. En un estudio del Centro Nacional de Medicina Alternativa y Complementaria realizado el pasado año con equinacea mostró que esta planta servía de poco para prevenir o acortar los resfriados. Algo similar es aplicable al zinc, un oligoelemento supuestamente eficaz para combatir catarros y gripes. En los estudios realizados los resultados han sido ambiguos. En los casos positivos resultó eficaz vaporizado nasalmente o ingerido en pastilla en un plazo no superior a 24 horas tras sufrir los primeros síntomas. Remedios similares hay muchos, sin embargo es mejor no olvidarse de que con una estrategia preventiva que combine dieta correcta, ejercicio regular, estilo de vida relajado, no hay por qué sufrir catarros durante el invierno.
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