Última actualización 01/01/2005@00:00:00 GMT+1
Los grandes maestros y las tradiciones místicas y herméticas nos han transmitido un mensaje muy similar, aunque lo hayan hecho con expresiones diversas. Una parte de esa enseñanza es que la realidad sensible y material en que vivimos inmersos es, en el fondo, una ilusión.
Los movimientos dualistas –como los gnósticos, maniqueos o cátaros– veían este mundo como una cárcel material, creada por un aciago demiurgo, donde quedó atrapado el espíritu y sometido a la mayor de las condenas: olvidar su verdadera naturaleza, inmortal y divina. Y en ello coinciden también bastantes corrientes modernas, proponiendo diversos caminos para liberarse de tal esclavitud.
Se trata de una idea tan atractiva como inaceptable para la lógica cotidiana, precisamente porque cuestiona a ésta. Pero este cuestionamiento escéptico de lo que tomamos por real ha sido una constante en la historia de la filosofía universal.
Personalmente me parece absurdo pensar que nuestra realidad sea generada por algo parecido a un supercomputador. Y digo absurdo porque tenemos la tendencia a interpretar las manifestaciones que nos trascienden en función de nuestros últimos logros o descubrimientos, lo que por ejemplo nos lleva a suponer que somos capaces de entender las manifestaciones de inteligencias más avanzadas, interpretándolas a partir de lo que conocemos.
Sin embargo, el escenario planteado en The Matrix me parece una excelente alegoría o parábola que nos invita a cuestionarnos lo que damos por cierto y a romper la hipnosis colectiva.
Hay muchas cosmovisiones que apuntan en este sentido, pero como esta página no da para mucho me limitaré a reseñar una tan herética como a mí me gusta: las enseñanzas de Seth, una supuesta inteligencia transdimensional que se comunicó con la norteamericana Jane Roberts durante 21 años, transmitiéndole miles de páginas cuyo tema central son las complejas interrelaciones entre la conciencia y la realidad, la «Superalma» y los infinitos universos posibles. A muchos, esto les sonará a locura «New Age». Pero, como explica el físico Michael Talbot, sea cual fuere la verdadera naturaleza de «Seth», tanto su coherencia y cualidad intelectual como sus conocimientos sobrepasaron a los psicólogos que conversaron «con él».
Según Seth, «cada uno de nosotros creamos nuestra propia realidad física, y en masa creamos tanto las glorias como los terrores de la experiencia terrestre: hasta que no comprendamos que somos nosotros los creadores, nos rehusaremos a aceptar esa responsabilidad y culparemos a un demonio por los infortunios del mundo». Y eso lo haríamos no sólo mediante nuestra participación activa en los sucesos y con nuestra aceptación pasiva de los mismos, sino que además tanto los objetos como los acontecimientos en apariencia independientes serían manifestaciones físicas de nuestros más profundos psiquismos…
Roberts asegura que «lo más importante que uno puede hacer es ayudar a otros a ver cómo sus sentimientos y pensamientos forman desde su vida familiar cotidiana hasta su nación y su mundo». Y añade que éste es el conocimiento más liberador que alguien puede poseer, pues no importa tanto lo que uno haga en el exterior a menos que cambie sus pautas de pensamiento.
Lo que más me gusta de esta teoría es que nos hace co-responsables de cuanto sucede, superando nuestra tendencia infantil de buscar chivos expiatorios, ya sea a nuestro alrededor o en «las altas esferas». Pero igual de absurdo sería autoculpabilizarnos inutilmente de nuestras desgracias, en lugar de aprender a cambiar nuestro enfoque vital y a liberarnos.
Enrique De Vicente