Última actualización 01/01/2005@00:00:00 GMT+1
Todos los años la gripe afecta a cientos de millones de personas en el mundo cada año. Para muchos pacientes de riesgo esta infección puede ser incluso mortal. El coste sanitario directo es enorme y a éste se suma el gasto por concepto de horas de trabajo perdidas. Las campañas de vacunación masiva tienen una eficacia limitada. Pero sin duda son los hábitos de vida antinatural los mejores aliados de estos virus.
Antes se creía que la gripe y los catarros sólo se transmitían a través del «aire», al inhalar las partículas microscópicas de saliva difundidas por la tos y los estornudos de personas infectadas. También se culpaba a la humedad y al frío. Sin embargo, ahora se sabe que la principal vía de contagio de ambas enfermedades es el contacto directo. Éste se produce al besarse, darse la mano o tocar superficies contaminadas como teléfonos, pomos de puertas y monedas, y transferir luego el virus a la nariz, boca y ojos. Por ello, los médicos recomiendan lavarse las manos con frecuencia. Al menos, cada vez que se vaya a comer o beber.
No obstante, para que el virus invada el organismo es preciso que la resistencia del sistema inmune sea baja. Las causas de dicha inmunodeficiencia son variadas: enfermedades del propio sistema, falta de sueño, estrés, agotamiento, carencias nutritivas y hasta problemas emocionales.
Por desgracia, cuando nos quedamos sin defensas no hay fórmulas mágicas para combatir los virus que causan las citadas infecciones. Sobre todo si se tiene en cuenta que estos microorganismos mutan de forma permanente y que siempre existe la amenaza de una cepa especialmente agresiva.
En 1918, el la gripe mató en tres meses a 40 millones de personas. Los expertos temen que, en cualquier momento, pueda aparecer una variante altamente mortífera del virus de la gripe, o una combinación de éste con la gripe aviar, que ya ha matado a decenas de personas en Oriente. Una emergencia como ésta podría provocar una pandemia mundial.
Y no es el único riesgo. Si alguno de los virus más mutágenos sometidos a estudio, o almacenados como armas biológicas, escapara accidentalmente de un laboratorio, el número de muertos sería mucho mayor. «Las implicaciones potenciales que tendría un trabajador de laboratorio infectado que lo propagara son aterradoras», afirma D.A. Henderson, un experto mundial en bioseguridad de la universidad de Pittsburg.
Al margen de estas posibilidades tan inquietantes, en la actualidad sólo en EE UU más de 50 millones de personas sufren gripe y constipados cada año. Los adultos suelen padecer una media de tres catarros anuales y los niños nueve. En ese país la gripe causa más de 100.000 ingresos hospitalarios y produce entre 20.000 y 50.000 muertes anuales.
Sin embargo, se realizan campañas de vacunación masiva. Pero ni las vacunas ni los fármacos que se prescriben o consumen sin receta son suficiente prevención. Por otra parte, muchos médicos creen que gran parte de estos medicamentos no son eficaces, e incluso perjudican, porque incrementan la toxicidad del agente y debilitan el sistema inmune. En vista de ello, parece que la mejor defensa para hacer frente a los virus es fortalecer nuestras defensas.
Estrategia preventiva
Una estrategia preventiva que combine una dieta rica en antioxidantes, suplementos y vida sana puede ayudar a pasar el invierno sin padecer estas dolencias. Y si a pesar de todo enfermamos, también podemos recurrir a algunas terapias naturales que facilitarán una rápida recuperación. Ningún virus causa tanta toxicidad como tener hábitos de vida antinaturales. Éstos generan el medio propicio para que surja la enfermedad. Cuando los virus ya se han infiltrado en el organismo, se recomienda reducir la ingesta de alimento diario. Aunque no hay un claro consenso entre los médicos sobre este punto, es razonable pensar que un cuerpo ocupado en digerir tendrá menos energía para luchar contra los gérmenes.
El naturópata Martín Milner, del Nacional College of Naturopathic Medicine en Portland (Oregón), recomienda «comer ligeramente y evitar las grasas animales, los dulces y los lácteos». En líneas generales, al menor signo de resfriado o gripe conviene hacer un ayuno ligero, tomar zumos de frutas y verduras, caldos ricos en ajo y potasio, así como mucho té verde y agua.
Lo mismo aconseja el especialista en nutrición David A. Phillips: «Un corto ayuno en cuanto aparezcan los primeros signos (24-48 horas), suele ser suficiente. Conviene abstenerse de tomar alimentos sólidos, beber zumos de frutas e infusiones de anís, eucalipto y menta. No se debe recurrir a fármacos supresores, porque forzarán al cuerpo a emplear más energía para desintoxicarse. Tome megadosis de vitamina C, P y A, más una cantidad moderada del complejo B si siente la necesidad de suplementos».
También la medicina ayurvédica –que tanto hincapié hace en la prevención– aconseja cambiar a una dieta suave al primer signo de gripe o catarro y tomar arroz integral cocido con abundante agua, una pizca de comino, jengibre en polvo y azafrán. Estas especias poseen propiedades antibióticas y antisépticas.
La actriz Jane Seymour, gran defensora de la homeopatía y los remedios naturales para tratarlas, aconseja: «Para mantenerse sano hay que escuchar el cuerpo y fortalecer el sistema inmune todo el año y no sólo durante la estación de la gripe y los constipados».