best web analytics
cabecera
Hemeroteca :: Edición del 01/01/2005 | Salir de la hemeroteca
10/33
Última actualización 01/01/2005@00:00:00 GMT+1
Es innegable que la ausencia de momias en las pirámides es una de las “verdades” más difundidas entre los conocedores y amantes de los misterios egipcios. Y es que si en ellas jamás se ha encontrado cuerpo alguno es, sencillamente, ¿porque nunca hubo ninguna en su interior…?
José Miguel Parra Ortiz
Aceptada como dogma, esta afirmación ha servido de base a innumerables elucubraciones sobre la supuesta “verdadera” función de las pirámides —casi siempre referida sólo a la Gran Pirámide— como templos iniciáticos, receptores de energía cósmica, balizas de navegación aérea, etc. Su razonamiento no carece de cierta lógica; si no sirvieron de tumbas y sin embargo las construyeron, sería para algo ,¿no? Ellos sólo intentan averiguar para qué.

En las pirámides egipcias no sólo se enterraron a los faraones que las construyeron, sino que además se han encontrado y se conservan bastantes de esos restos.
¿A qué se debe entonces que el dato no sea conocido? Los factores son varios. El primero es que en muchos casos los restos no han sido estudiados todavía, e incluso, que tras su descubrimiento en los primeros tiempos de la egiptología científica se han perdido. La presencia de antropólogos físicos en las excavaciones es cosa de hace sólo unos pocos años, y este tipo de estudio sólo puede llevarlo a cabo con garantías un especialista. El segundo factor es la escasa espectacularidad de los mismos; excepto en un par de casos, se trata siempre de “migajas” de momia, un pie por aquí, un cráneo por allá, un omóplato por acullá… Además, nunca estuvieron protegidos por un colorido sarcófago antropomorfo de madera pintada, lo cual sin duda le quita todavía más brillo al difunto. Como tercer factor hemos de mencionar a los propios egiptólogos; poco amantes de la publicidad —la gran mayoría— sólo presentan sus descubrimientos ante los colegas y dejan al público general ayuno de sus hallazgos. Además, únicamente cuando el objeto es de relumbrón o permite algún tipo de titular llamativo, acuden los periodistas al yacimiento a ver qué se ha encontrado…

Restos en el interior
Hasta hace unos pocos años era posible ignorar los datos; ello podía estar justificado, pues ninguno de los restos momificados de las pirámides ofrecía todas las garantías para ser identificado con un soberano del Reino Antiguo.

Fijémonos si no en los primeros restos de un posible faraón encontrados dentro de su pirámide. Se trataba, nada menos, que de la momia de Menkaure –Micerinos–, el constructor de la tercera pirámide de Gizeh. La fecha del hallazgo puede darnos algunas pistas sobre las dudas generadas; sucedió en 1837 y el explorador que la descubrió fue Vyse. El cuerpo apareció dentro de un sarcófago de madera y al principio se pensó que podía ser el del faraón. Sin embargo, años después el sarcófago se fechó en época ramésida o incluso saíta. El cuerpo hubo de esperar hasta no hace mucho para ser sometido a un estudio de Carbono 14, que ofreció para él una fecha de época árabe. Excepto un caso de contaminación de la muestra, no es el nieto de Khufu –Keops–. Este sería el típico ejemplo de momia encontrada en una pirámide.

Exactamente lo mismo ha sucedido con lo que se pensaba era el cuerpo momificado de Djoser. Los primeros restos en las cámaras subterráneas de la pirámide fueron encontrados en la segunda década del siglo XIX, por el general prusiano von Minutoli. En sus escritos habla de algunos restos humanos en la cámara funeraria, pero sin especificar más. Hasta 1926 no se volvió a penetrar en aquellos estrechos y oscuros pasillos; fue entonces cuando Gunn encontró parte de la columna vertebral y del hueso de la cadera de una momia. Casi diez años después, Lauer decidió introducirse de nuevo en la cripta de Djoser y, para su sorpresa, encontró un pie izquierdo intacto. El estudio antropológico realizado entonces confirmó que se trataba de la momia del faraón. Se trató de una identificación errónea. Primero, no estamos ante los restos de un único individuo —hay varios cuerpos mezclados— y, segundo, al aplicar el C14 hace unos años, se comprobó que todos ellos eran de época saíta. Esto sin contar con que el método de momificación no parece ajustarse a las técnicas aplicadas durante el Reino Antiguo…
Otros restos hallados en las pirámides parecen más prometedores, aunque debido a la técnica con la que fueron excavados —es decir, ninguna— se carece de estratigrafías, análisis de C14 o estudios antropométricos que permitan fecharlos con certeza. Pese a ello, es muy tentador identificar algunos con el faraón en cuya pirámide se encontraron; los pocos datos recogidos en el momento del hallazgo parecen sugerirlo. Se trata de casos como los restos de la Pirámide Roja de Dashur –el cráneo, el pie izquierdo, la cadera– que serían nada menos que los del inventor de la pirámide verdadera: Esnefru, padre de Khufu, para más señas.

Escritura en las pirámides
Igualmente interesantes son los restos de los faraones enterrados con textos de las pirámides grabados en las paredes de sus criptas: Unas –brazo y mano izquierdos, hoy perdidos–, Teti –un hombro y el brazo–, Pepi I –mano, hoy perdida–. Todos los indicios arqueológicos inducen a pensar que se trata de restos genuinos, mas su desaparición hace imposible estudiarlos, debiendo fiar la identificación a las pocas notas tomadas por sus descubridores, más preocupados en ese momento por copiar los referidos textos. Al mismo grupo pertenece la, sin duda, más espectacular momia encontrada en la cripta de una pirámide: la de Merenre, aparecida entera y casi intacta. Cabe destacar el modo de transporte utilizado para llevarla hasta el museo de El Cairo: en tren, dentro de un sarcófago de madera. Cuando éste se estropeó, a hombros de egiptólogos hasta que se cansaron de cargar con el sarcófago. Por último, desnudo y a manos de egiptólogos. Ello explica que terminara rompiéndose limpiamente a la altura de la cintura. A pesar de todo, no es probable que se trate de Merenre, pues todavía lleva la trenza de la juventud y éste no subió al trono de niño. Además, el método de embalsamamiento parece un tanto más sofisticado del utilizado por entonces.

Casi igual de espectacular es la momia encontrada en 1945-1946 por Hussein y Varille en la cripta de la pirámide de Djedkare Izezi, pues se conserva la parte izquierda de la misma prácticamente completa. En un principio fue identificada como genuina, pero de nuevo faltaban los datos arqueológicos definitivos para fecharla. Sus descubridores fallecieron antes de llegar a publicar la memoria de excavación. La duda persistió hasta hace unos pocos años, cuando al estudiarse a fondo la momia, demostró ser toda una caja de sorpresas. Es la primera que nos ha permitido demostrar, con datos científicos en la mano, que los faraones del Reino Antiguo sí se enterraron en sus pirámides.

La necrópolis principal de la V Dinastía se encuentra situada en Abusir, a unos kilómetros al norte de Sakkara. Desde los años sesenta la zona arqueológica está siendo excavada por los miembros de la misión checa. A mediados de la década de 1990 estudiaron un pequeño cementerio, al pie de las pirámides, formado por siete mastabas aisladas. Entre ellas descubrieron dos bastante importantes por la información que proporcionaron: las pertenecientes a Khekeretnebty y Hedjetnebu. Los textos grabados en las paredes identificaban a ambos con el título de “Hija del propio cuerpo del rey Djedkare”. Como los cadáveres momificados aparecieron bien conservados en las cámaras funerarias, pudieron ser analizados exhaustivamente por el antropólogo E. Strouhal.

Khekeretnebty fue una reina que falleció a los 30 ó 35 años de edad, después de haber dado a luz por lo menos un hijo. Hedjetnebu, en cambio, murió con 18 ó 19 años, y sin haber dado a luz nunca. Hasta aquí nada extraordinario, pero Strouhal llevó la comparación más lejos al decidir estudiar también el cuerpo de su supuesto padre, Djedkare Izezi. Si disponía de elementos de comparación adecuados, ¿por qué no utilizarlos? Así lo hizo y los resultados fueron asombrosos. Todo: osteometría, osteografía y radiografía, conducían a la misma conclusión: la momia encontrada por Hussein y Varille estaba emparentada biológicamente con las dos reinas de Abusir; es más, se trataba de su padre, el faraón Djedkare Izezi. Como la ciencia de la antropología física posee un mínimo porcentaje de interpretación, quizá cupiera aún una pequeña duda para los más escépticos; pero el resto de los análisis se mostraron contundentes y radicales a la hora de despejarla. En primer lugar está el C14, que ofreció para los tres cuerpos exactamente la misma variación cronológica –entre el 2886 a. de C. y el 2507 a. de C., en plena V Dinastía–. No obstante, lo más interesante fue el análisis de sangre; las tres momias comparten el mismo grupo sanguíneo: el A. Es imposible seguir dudado; en un juicio por paternidad que tuviera lugar hoy día, con estas pruebas en la mano el tribunal tendría que dar un veredicto de identificación positiva. El faraón Djedkare Izezi fue enterrado en su pirámide y poseemos las pruebas que lo demuestran. ¡Por fin! Ya tenemos al primero.

Más y más momias
Los malintencionados podrán decir que una gota no hace lluvia, pero por esas mismas fechas las nubes que llevaban décadas amenazando con un chaparrón se pusieron a soltar agua. La tormenta supuso el hallazgo, a buen recaudo en la cripta de sus respectivas pirámides, de dos nuevas momias reales de la V Dinastía. El suceso tuvo lugar, de nuevo, en la necrópolis de Abusir, que está resultando de las más prolíficas de entre las que se excavan actualmente. Primero se encontró una momia de reina y después la de un faraón.

Justo al sur de la pirámide de Neferirkare existían dos prometedores montículos que fueron cartografiados por Lepsius, otro egiptólogo prusiano, a mediados del siglo XIX. Debido a ello se conocen en la actualidad como Lepsius XXIV y Lepsius XXV. Hoy día sabemos que se trata de dos pequeños complejos funerarios para reinas —por ahora anónimas—, dotado cada uno de su pirámide y del correspondiente templo funerario. En 1994 el equipo checo comenzó a estudiar la pirámide Lepsius XXIV, y al excavar la cámara funeraria, tuvo la agradable sorpresa de encontrarse con una momia. El cuerpo estaba roto y apareció a diferentes alturas estratigráficas. En un estrato superior se encontró el tronco inferior –piernas y caderas– en una sola pieza. En un estrato inferior a éste, en el suelo de la cripta aparecieron las dos clavículas, parte de la columna y del esternón, además de varios fragmentos del cráneo. Junto a ellos había restos de un sarcófago de granito, pedazos de tela, elementos destrozados del ajuar funerario y cerámicas de la V Dinastía.

Al principio, la separación estratigráfica hizo creer que se trataba de dos cuerpos diferentes, pero no hay tal. Cuando se estudiaron con un poco de detalle, se comprobó que todas las partes de la momia encajaban perfectamente entre sí, como si se tratara piezas de un rompecabezas. La conexion anatómica entre ellos era perfecta. Además, su cronología es indiscutible, pues las cerámicas que la acompañaban se fechan sin errores. Nos encontramos, sin duda ante los restos de una reina enterrada dentro de su pirámide —con esta ya tenemos dos momias reales—. Se trata de una mujer de entre 21 y 23 años de edad que murió sin haber dado a luz y cuyas peculiaridades anatómicas confirman su pertenencia a la clase alta egipcia. Para afirmar esto los antropólogos se basan en la ausencia en sus huesos de lo que se conoce como líneas Harris, que indican momentos de estrés alimentario. Cuando alguien sufre malnutrición en algún momento de su vida, los huesos dejan de crecer al ritmo normal y con ello queda una marca visible. Los huesos de las momias de la gente “del común” siempre los tienen. Como es lógico, a una reina de Egipto no le faltó nunca de nada, habiendo tenido una alimentación rica y variada. Es probable, además, que conozcamos su nombre, Reputnub, quien fuera una de las esposas de Niuserre.

Más espectacular —por lo relevante, que no por los restos en sí— fue el hallazgo que tuvo lugar en 1997-1998, también en Abusir, en la cripta de la pirámide de Neferefre, situada justo al oeste de las pirámides Lepsius XXIV y XXV. En ella aparecieron, junto a restos de un sarcófago y de un vaso canopo, varias fragmentos de una momia: la aparte central del hueso occipital del cráneo, la clavícula izquierda entera, parte del omóplato de ese mismo lado, la mano izquierda entera –excepto la punta del dedo corazón–, el peroné derecho y un fragmento de piel con tejido subcutáneo unido a una estructura globular —el mismo batiburrillo de siempre—. Los restos pertenecen sin duda a un único individuo, pues además de un aspecto externo idéntico —color, textura, consistencia, etc—, la clavícula y el omóplato encajan entre sí perfectamente. Por otra parte, el C14 ha fechado todos los pedazos en la V Dinastía. Por si aún cupiera alguna duda respecto a la identidad del fallecido, la propia antropología viene en ayuda de los datos históricos y arqueológicos. Merced a diferentes documentos escritos, sabemos que Neferefre llegó joven al trono y falleció tras apenas un par de años como faraón. La momia encontrada en su pirámide pertenece a un hombre de entre 21 y 23 años de edad, justamente como cabría esperar de la momia de este faraón.

Esta vez es definitivo: tenemos un faraón enterrado en su pirámide, hallado con métodos científicos modernos, al que la prueba del C14 sitúa cronológicamente en el período adecuado, y cuyos datos, tanto escritos y arqueológicos como antropológicos, identifican indudablemente con el faraón Neferefre, de la V Dinastía.

Quizá una sóla momia no bastara, pero ya tenemos tres identificadas sin posibilidad de error. Ya no es posible seguir negándolo: las pirámides sirvieron para enterrar los cuerpos de los faraones que mandaron construirlas. ¡Eureka!, como dijo Arquímedes saliendo a trompicones de su baño… o
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (5)   No(2)
10/33
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Akasico.com
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.