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Última actualización 01/01/2005@00:00:00 GMT+1
“Que se vayan a otro lado y le den la murga a otro (...). Si yo pudiera me aparecería también, para que vean y escuchen a la mujer de las caras”.

María Gómez Cámara


Lorenzo Fernández Bueno
“Durante los últimos años, María nos comentó en más de una ocasión que tras su muerte ella también se aparecería en el suelo de la casa. En su momento tales palabras nos transportaban a un futuro que se antojaba aún lejano. Sin embargo, a partir de ese 3 de febrero de 2004, a todos y cada uno de los investigadores y periodistas que nos hemos preocupado por el enigma de las caras de Bélmez se nos ha pasado esa idea por la mente. De ocurrir, sería posiblemente la comprobación de que tras la muerte existe otro estadio de permanencia. Tal vez sería su forma de revelarnos esa otra realidad, de ofrecernos la respuesta que nunca le supimos dar sobre la procedencia de sus fieles amigas y acompañantes”. De este modo finalizábamos el libro Las Caras de la Discordia –Ediciones Nowtilus, 2004–, haciéndonos eco de todo lo que había acontecido en torno al asunto Bélmez en estos 33 años; desde el 23 de agosto de 1971, hasta las investigaciones realizadas tras el fallecimiento de María Gómez Cámara. Aparentemente se había llegado a un punto y aparte. Pero... qué equivocados estábamos.

Otra vez en Bélmez
21 de octubre. 21.30 horas

Ha caído la noche. A lo lejos, más que identificarse se atisba el tañer de las campanas del reloj de la iglesia. Sí; de ahí parte la cuesta más célebre de toda España: “la de las caras”. Estamos en Bélmez de la Moraleda, pero nuestro interés ahora se centra en otro inmueble. Otra casa en la que, desde el pasado 25 de septiembre de 2004, están apareciendo imágenes... El lugar en el que nació la difunta María Gómez Cámara, la “dueña de las caras”.

Nuestra condición de cronistas objetivos nos lleva a mostrar cierta cautela ante lo que aquí se está desarrollando. Y es que en el número 7 de la calle Cervantes, apenas a 50 metros de la vieja “casa de las caras”, Felipa Gómez, dueña de la misma y sobrina de la difunta María Gómez Cámara espera la llegada de los investigadores con emoción. “Ay Dios mío, quién está haciendo esto...”, murmura mirando a los cielos. “Estamos a 21 de octubre, y en la última semana han pasado por la ‘cámara de las caras’ más de mil personas”, apunta la alcaldesa de Bélmez María Rodríguez. “¿La cámara de las caras?”, preguntamos. “Sí; esa es la denominación que los miembros de la SEIP –Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas– han dado al lugar donde surgen las nuevas efigies, porque estamos hablando de la cuarta planta de la vivienda”. ¡La cuarta planta! La nueva superficie no se halla a ras del suelo…
En el Exmo. Ayuntamiento de la localidad se respiran los nervios que ha desatado la situación. Para este fin de semana se espera la llegada masiva de miles de personas, una vez la noticia ha copado las primeras planas de los informativos nacionales. En una pequeña estancia los compañeros de la SEIP preparan la nota de prensa que al día siguiente, 22 de octubre, se ofrecerá para explicar con detalle las investigaciones que se están llevando a cabo, y los primeros resultados obtenidos. No obstante se aprecia la desolación en los rostros de los investigadores. Pedro Amorós, presidente de la SEIP apostilla que “los cientos de visitantes que han pasado por esta casa en los últimos días han destrozado, inconscientemente, claro está, las caras que habían aparecido en el centro de la estancia. El cemento de la habitación es muy débil, al contrario que en la otra casa, porque tan sólo se procedió a proporcionar una lechada, ya que sobre ésta se iba a colocar terrazo. Algunos rostros han sido completamente destruidos”.

Cansados por el largo viaje, y antes de pasar la primera noche en el inmueble donde se están manifestando los fenómenos, nos desplazamos hasta el hostal “Casablanca”, en el cruce de la carretera que conduce a Bélmez. Es nuestro punto habitual de reunión. El bueno de Juan, hijo del dueño, nos recibe con cordialidad. Hay que comer y reponer fuerzas pues las siguientes noches serán muy largas.

Hablan los investigadores
Terminada la cena da inicio una breve pero intensa tertulia. Al igual que quien esto escribe, nuestros amigos han permanecido en el interior del inmueble en varias ocasiones, siendo los primeros que se toparon de bruces con el nuevo fenómeno. Por eso, Pedro Amorós, Luis Mariano Fernández, y Pedro J. Fernández tienen muchas cosas que contar… “Os aseguro que en diferentes ocasiones he sido partícipe de lo que podemos denominar fenómenos extraños y jamás nada me ha impresionado tanto como lo que ocurre en esta casa”, afirma Amorós. Y es que las primeras noches, al margen de las psicofonías, se apreciaron evidentes hechos físicos carentes de explicación.

Para Pedro Fernández, uno de los sucesos más impactantes fue “el desplazamiento de una silla que se encontraba a dos metros de nosotros, en el pasillo que da acceso a la vivienda. No fueron más de 23 cm, pero tan sumamente lento que el sonido estridente y chirriante que provocó duró algo más de cinco segundos. Pero hay más; si tú coges esa silla y la desplazas emite un sonido evidente, pero cuando la aprietas con fuerza contra el suelo, es entonces cuando te das cuenta del ruido tan tremendo que puede llegar a hacer. El mismo que hizo esa noche”. Nervioso, continúa la narración: “yo no me atreví a girarme. Cuando sentí aquello, lo único que hice fue mirar a Luis Mariano, que situado a medio metro de mí, estaba realmente sorprendido. En esos instantes no me atreví a darme la vuelta. Cuando el ruido se detuvo, Luis Mariano, aterrado, no paraba de decir ‘¡ha sido la silla, ha sido la silla…!”.

Las experiencias que estos investigadores rigurosos y con un prestigio bien merecido estaban narrando hablaban por sí solas. Algo había ocurrido en esas madrugadas para que hubiera provocado impacto tal en personas acostumbradas a “enfrentarse” a sucesos de estas características. “¿En la ‘cámara de las caras’ ha ocurrido –al margen de los rostros mismos– algún otro suceso extraño?”, preguntamos. Amorós, con su habitual tono pausado retomó el hilo de la conversación: “Si los fenómenos paranormales son efímeros, espontáneos y esporádicos, en este lugar no se cumplen esas premisas. Aquí, siempre que hemos venido se han oído ruidos, pasos, han dado golpes… a horas de la madrugada en las que ya no queda nadie por la calle. Lo que está ocurriendo no es ni más ni menos que una reproducción del fenómeno de las caras, pero en otra casa. Viendo las mismas, cómo se han formado y en el tiempo en el que lo han hecho, algunas de ellas prácticamente delante de nosotros, no me quedan dudas al respecto; el suceso es auténtico. Así pues nuestro objetivo es conservar el suelo, porque éste no es bueno; la calidad del cemento en este caso es muy mala”.

Con tales antecedentes no era preciso postergar más tiempo la visita a la nueva “casa de las caras”. La noche se estaba cerrando entre los picos de estas abruptas serranías, y había llegado el momento de dirigirnos hacia el lugar donde yacía el misterio. Amorós, una vez más tomando la palabra, comentaba la actuación a seguir: “Son las doce y cuarenta y cinco minutos de la noche. Poco después de la una tenemos que entrar en la casa, a fin de evaluar el estado en el que se encuentra el suelo, para mañana, en la rueda de prensa, ser muy objetivos con las informaciones que vamos a facilitar a los medios, y matizar cuál va a ser nuestra postura”.

Antes de marchar era obligado realizar una última pregunta a los presentes. “¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Qué se está manifestando?”. Luis Mariano Fernández tomaba entonces la palabra, y con absoluta sinceridad aseguraba: “Yo lo tengo muy claro. Tras la muerte de María ha habido demasiada tensión, quizás originada por los hijastros de la difunta dueña de la casa, y pienso que si admitimos la posibilidad de un más allá, y parte de su conciencia o de su espíritu se encuentra allí, creo que a María no le gusta nada lo que está pasando. De este modo retorna a la casa donde nació, y se está manifestando allí”. El valiente periodista malagueño, fiel a su forma de ser habla sin pelos en la lengua sobre lo que piensa del fenómeno que está copando la atención de cientos de personas en estos días. “A mí no me cabe duda. Quizá sea una apreciación muy subjetiva y personal, pero después de lo que he visto tengo muy claro que detrás de todo esto se halla María Gómez Cámara. No sé explicarlo racionalmente o científicamente, pero estoy firmemente convencido de que esa cosa que no sabemos qué es pero que se llama espíritu, en este caso el de María, se está manifestando”. Tales declaraciones nos dejaron francamente sorprendidos. Se podía decir más alto... pero no más claro. Pedro Amorós retomaba la pregunta: “Respecto a las psicofonías no puedo decir que sean voces de los muertos porque no tengo argumentos para probarlo, pero si tengo que decantarme por una hipótesis trascendente, como la que está apuntando Luis Mariano, la mía es más, por decirlo de alguna manera, ‘científica-creyente’. Si pensamos que la energía ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma, y si somos energía cuando nos morimos, puede ser que nos transformemos en algo inteligente. Evidentemente esto nadie lo sabe; se pueden tener hipótesis, y mi hipótesis en este sentido es que algo inteligente se está manifestando en la casa”. Pedro Fernández es el miembro silencioso de la SEIP. Tiende a escuchar lo que los demás dicen, pero cuando habla, sus palabras están llenas de reflexión y honestidad. “Estoy firmemente convencido de lo que dice Luis, aunque lógicamente no pueda demostrarlo. Lo que ha pasado ahí es muy fuerte. María siempre luchó para que este fenómeno fuera investigado, porque es un suceso objetivo, y siempre quiso que alguien le explicara lo que ocurría en su casa; algo que nadie consiguió. Si esta buena mujer se encuentra ahora en ‘otro mundo’ que desconocemos, quizá tenga las respuestas. No olvidemos que ella siempre quiso que su caso fuera investigado, y en este supuesto, el abandono de los estudios allí efectuados por parte de los hijos ha hecho que si se nos limita la posibilidad de seguir analizando los fenómenos en esa casa, de alguna manera se ha facilitado que se pueda seguir investigando en otra, curiosamente en la que ella nació, porque sabía que íbamos a dar con ese lugar…”. La rueda de opiniones culmina con David E. Sentinella, miembro a su vez de esta sociedad de estudiosos, que sin duda alguna se enfrentan al reto más importante de toda su trayectoria. “Yo opino que podemos estar ante dos fenomenologías separadas; por una parte está la manifestación de las teleplastias, en la que al menos históricamente sí existe una relación entre María Gómez y las ‘casa de las caras’, y por otro los diferentes fenómenos de tipo poltergeist que aquí se están produciendo. A pesar de que la casa no estaba habitada durante los últimos tiempos, no debemos olvidar las declaraciones de los antiguos inquilinos en las que aseguraban que se producían fenómenos extraños, en una época en la que la propia María todavía estaba viva. Puede ser otro fenómeno paralelo, sean familiares ya fallecidos de la dueña de la casa clásica o no. Por ello cabe la posibilidad de que estemos ante dos fenómenos distintos”.

El chirriar de las sillas, en este caso provocado por nosotros al levantarnos, indicaba que ya había llegado la hora. La nueva “casa de las caras”, el lugar donde María Gómez Cámara nació y vivió hasta los 22 años, allí donde este suceso rayano entre lo absurdo y lo misterioso había cobrado fuerza, nos esperaba en silencio…

Nueva “casa de las caras”
01.36 de la madrugada

Bélmez está en silencio. La noche avanza, y salvo los pasos del equipo atravesando estas calles tenuemente iluminadas, nadie más discurre por ellas. Ascendemos sin pronunciar una palabra; el ambiente es tan sugerente como para permanecer atentos a cada sonido, a cada sensación. La puerta del inmueble permanece cerrada, y a estas horas descansa ajeno a los cientos de ojos curiosos que durante estos últimos días han profanado el recinto. Amorós introduce la llave en la cerradura y abre la puerta. Ahora sí, accedemos a la casa. La tensión se palpa en el ambiente. En esta primera planta se produjeron hace unas semanas los fenómenos que tanto han impresionado a los investigadores. Si se manifestaron una vez, ¿por qué no lo iban a hacer de nuevo? Apoyadas en la pared del pasillo de entrada permanecen postradas las dos losas que fueron arrancadas del suelo de la estancia que hay frente a nosotros. Ésta no es la “cámara de las caras”, pero aquí surgieron dos de ellas y la habitación fue debidamente precintada ante las autoridades de la población, tras haber cubierto su superficie con una nueva lechada de cemento. Al día siguiente se procederá a su desprecintado… Subimos por las escaleras, una galería estrecha que asciende a la habitación en la que durmió durante 22 años la propia María Gómez. El lugar, por qué negarlo, impone respeto. Continuamos hasta la cuarta planta. A la derecha, una terraza se erige como el mejor mirador para observar la noche belmorense. La niebla cubre parcialmente la localidad, recreando una atmósfera imposible de obviar. Y es que desde aquí, en este enclave de la Sierra Mágina, es fácil apreciar que nos encontramos en un lugar diferente, bendito por la magia de unas caras que pese al tiempo transcurrido se resisten a que se deje de hablar de ellas.

Sin dilación penetramos en la estancia. La habitación permanece vacía de muebles, y el suelo, tal y como unas horas atrás nos advirtiera la alcaldesa, está en muy mal estado. No obstante se pueden ver los rostros –casi todos perfiles– que se asoman desde las esquinas. No hay duda; son caras, distintas en sus trazas a las antiguas pero visibles a ojos del curioso.

Tras inventariar el número de efigies que se habían salvado de la destrucción, marchamos a descansar. Había sido la primera toma de contacto; todavía quedaba mucho por hacer…

22 de octubre. 12.00 PM
Los medios de comunicación se agolpaban en el salón. Era más que evidente el interés que este asunto llevaba despertando en la última semana en todo el país, y parte del extranjero. Las caras habían retornado a Bélmez, pero en esta ocasión a otra casa. Y eso era noticia…
Conforme la tarde caía, decenas de personas se apostaban a las puertas de ambas; la de María Gómez, y la de su sobrina Felipa. Tuvieron que pasar varias horas para que la tranquilidad retornara a las calles de Bélmez, y al interior de aquel hogar en el que durante esa madrugada se iban a captar sorprendentes inclusiones psicofónicas. Aproximadamente a las dos y media, la avanzada tecnología que los miembros de la SEIP desplegaron en el lugar empezó a captar registros plenos de sentido, y francamente claros. Como periodistas nos debemos a las pruebas, y a que éstas sean obtenidas mediante los medios más asépticos posibles. Damos fe de que las psicofonías captadas en la madrugada del sábado 23 de octubre no fueron manipuladas en ningún momento. Hay muchos testigos de ello… Y es que cuando la situación alcanzaba tintes inesperados, cuando la luz de la casa se había ido en sucesivas ocasiones, cuando de las plantas superiores –en las que salvo las caras, no había nadie– varios golpes muy fuertes parecían avisar de lo que iba a ocurrir, en una secuencia de dos minutos aparecieron hasta una decena de registros paranormales –pendientes de la investigación oportuna– que proferían frases como “Haz un pozo”, “María Gómez Cámara”, “Mira las caras”, o el mil veces escuchado “¡Vete!”. Especialmente llamativas fueron las expresiones que pronunciaban el nombre de la difunta dueña de la “casa de las caras”, y sin duda alguna la que requería que observáramos los rostros, pues muchos de los presentes afirmaron identificar el tono y timbre de una voz sobradamente conocida: la de la propia María. Bien es cierto que se parecía…
Muchas han sido las cosas, las experiencias y sensaciones que hemos tenido durante esta investigación, que por supuesto sigue en marcha. Como personas que nos apasionamos sobremanera con el asunto Bélmez, siempre nos hubiera gustado vivir el fenómeno social de aquellos primeros años setenta; nos hubiera gustado formar parte de aquellas primigenias investigaciones, y cómo no, siempre hubiéramos querido dar la noticia de que “En este pueblo de Jaén, algo está pasando”, tal y como refiriera el diario Pueblo. Ahora, casi 34 años después lo estamos haciendo, realizando una crónica viva de todo lo que en estos primeros días ha acontecido, de un suceso que tiene visos de repetirse en todos sus aspectos: en lo social, en lo misterioso, en lo humano… y por supuesto, allí estaremos para ser testigos de un imposible, que como acostumbramos a decir, continúa plantando cara…
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