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Hemeroteca :: Edición del 01/05/2007 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/05/2007@00:00:00 GMT+1
Howard Lee regresó a Europa en el invierno de 2006 y accedió a ser entrevistado para AÑO/CERO.
Nacido en Hong Kong, en la actualidad vive en California y hace años que viaja por el mundo impartiendo cursos y talleres sobre energía curativa, siempre envuelto en su particular aureola de «luz y longevidad». No en vano se formó en Kung Fu con Low Ben y aprendió acupuntura con el doctor Kim Ju, ambos representantes míticos de una y otra disciplina, que Lee trasmitió y practicó a su vez durante décadas. Sin embargo, Lee es más conocido por su trabajo con las energías sutiles. Para gran cantidad de personas que se han beneficiado de sus enseñanzas, es un auténtico «maestro de la energía», «dador de luz» y «sanador de sanadores».

El sistema curativo de Lee se denomina La Luz de la Vida y se basa en la manipulación de la energía y su gran poder regenerativo. Los miembros del Instituto de la Luz de la Vida, fundado por él, aluden a profundas transformaciones personales a raíz de su trabajo con esta energía curativa a la que enseña a acceder a todo aquel interesado en curarse y en aprender a curar.

Durante un tiempo fue maestro de Carlos Castaneda y otros miembros de su grupo, pero hace mucho que no quiere hablar sobre esa cuestión. Hubiera sido estéril preguntarle al respecto. Era más sugestivo indagar sobre aspectos pocos conocidos de su vida y personalidad. Su talante sereno y risueño quizá sea la mejor carta de presentación para todo aquel que se acerca a él por primera vez. Ha cumplido los setenta, pero desborda salud y vitalidad.

A/C: Usted enseñó artes marciales durante mucho tiempo, pero luego decidió que no tenía mucho sentido seguir haciéndolo. ¿Por qué llegó a esa conclusión? Lee: Hubo varios motivos para ello. Lo cierto es que a medida que iba envejeciendo y después de muchos años de enseñar comprobé que la gente no está interesada en aprender. Los discípulos dicen que están dispuestos a trabajar y alcanzar cierto dominio, pero luego no se esfuerzan, no les gusta tener que practicar continuamente. Sin embargo, sólo con la práctica es posible obtener algo. Por eso me cansé y opté por hacer otras cosas. UNA ENERGÍA ESPECIAL A/C: ¿Cómo se siente uno cuando está lleno de la «luz de la vida»? ¿Qué clase de luz o energía es ésta? Lee: Una de las cosas que la gente no entiende bien es lo que llamamos energía de forma genérica, utilizando por ejemplo los términos chi o prana. Realmente existen diferentes formas de energía. La energía o luz de la vida procede de dimensiones superiores; es una transmisión de conocimiento e información. Es una energía, por así decirlo, con contenido.

A/C: ¿Cómo puede uno parar la charla incesante de su cerebro? ¿Alguna sugerencia? Lee: Uno de los problemas que tiene la humanidad es precisamente esa charla interna que no cesa y que afecta a su salud. Una de las cosas más poderosas que uno puede hacer para alcanzar cierto grado de quietud mental es practicar alguna disciplina. Considero que es una meta fundamental para tener buena salud y así lo aconsejo. Tenemos al cerebro siempre trabajando horas extra y de ese modo consume gran parte de nuestra fuerza vital. Pero a mucha gente le preocupa «dejar de pensar» (ríe) y no se dan cuenta de que si lo hacen va a ocurrir algo mucho mejor que estar pensando sin parar. Yo, por ejemplo, casi no lo hago. Estoy alerta, consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Sólo pienso cuando lo preciso. Es como trabajar con un ordenador. Cuando no lo necesitamos, lo apagamos. Cuando lo encendemos de nuevo, todo sigue ahí. Con el cerebro ocurre igual, es como un procesador. Hay muchos métodos de meditación que sirven de ayuda, pero yo siempre digo que si para practicar uno hay que seguir demasiadas instrucciones, entonces no es el método adecuado (ríe). Si lo que queremos es dejar de pensar, ¿para qué nos hacen pensar tanto con complicadas instrucciones? Lo esencial es encontrar un sitio tranquilo en casa, quedarse en suave penumbra, con los ojos cerrados o semiabiertos y cómodamente sentados. No hay que tumbarse porque lo habitual es quedarse dormido. La cuestión es que cuando a la mente afloran ideas, imágenes, sucesos, etcétera, no hay que hacerles caso, sino dejarles marchar como si fueran burbujas. Ese es el truco. Con un poco de práctica se consigue parar el «tren de los pensamientos»; las emociones y los conflictos dejan de asaltarnos continuamente y se logra una mayor quietud. No obstante, quiero aclarar que existe una diferencia entre quietud y silencio. Entrar en el silencio absoluto es casi imposible para la mayoría de la gente. Se precisa mucho poder.

A/C: ¿Usted lo ha conseguido? Lee: (Ríe de nuevo antes de responder)... Bueno, no considero que sea nada especial. No me diferencio tanto de los otros, ni creo poseer cualidades especiales. Soy una persona de lo más normal, tengo hijos y una familia. No sigo ningún régimen de comida especial como hace mucha gente. Soy diferente por un lado, pero no lo soy por otro. Todo el mundo es único, cada uno tiene cualidades y talentos distintos. PODER SOBRE UNO MISMO A/C: Usted insiste en el desarrollo del poder personal. ¿No existe el peligro de mantenerse demasiado alejado de los demás cuando se ha alcanzado demasiado poder? Lee: No, yo no insisto en eso en absoluto, creo que se trata de una mala interpretación. Por poder personal quiero decir poder sobre uno mismo, no sobre los demás. Cuando una persona posee conciencia de sí y autoestima, tiene más facilidad para relacionarse con los demás. Sólo quiere que las cosas mejoren, no necesita demostrar nada.

A/C: ¿Cómo se alimenta? ¿Duerme muchas horas? Lee: La verdad es que como de todo. Me gusta la buena comida. Pero hay que ser flexible, no puedes llevar la comida encima cuando viajas. Me gusta el sushi, pero uno de mis platos favoritos es el jamón ibérico (ríe). En cambio tengo un problema con la bebida: tomo un sorbo de vino y me pongo rojo inmediatamente (vuelve a reir). Antes hablábamos del poder personal y ser flexible tiene que ver con eso. Si andas con restricciones en el terreno que sea, emocional, alimenticio, etcétera, dejas de fluir. Se trata de no abusar de los privilegios. En cuanto a dormir… me las arreglo perfectamente con unas cinco horas.

A/C: Su sistema Light of Life Longevity está libre de dogmas o intrusiones filosóficas. Sin embargo, ¿está usted adscrito a algún credo religioso o tiene creencias religiosas? Lee: No. Respeto las creencias de otras personas en los grandes maestros de la humanidad, pero desconfío de las estructuras institucionales que existen en torno a las diferentes religiones. Todas te aman (ríe) aunque tengan que matarte. A mí no me gusta imponer mi visión personal de las cosas, ni andar con rituales. La gente que sigue mi sistema desde luego no tiene porque abandonar sus creencias.

A/C: Usted es una leyenda en el mundo de la sanación. Se dice que es uno de los sanadores más importantes de nuestro tiempo. ¿Se siente cómodo con esas descripciones o etiquetas? Lee: La gente utiliza etiquetas que a veces son floridas y otras no. Personalmente ni me preocupan, ni les presto atención. Creo que lo importante es tomarse en serio aquello que haces y hacerlo lo mejor que puedas. Eso les digo a mis estudiantes.

A/C: ¿Vive usted en silencio la mayor parte del tiempo, incluso si comparte su vida con alguien? Lee: No podemos irnos a una montaña y vivir en una cueva. Vivimos en sociedad y, por tanto, es preciso que nos comuniquemos. Pero puedes estar en un estado meditativo al margen de lo que estés haciendo, ya vayas en taxi o en avión. Eso no significa que tengas que ser antisocial.

A/C: Ha conocido a muchos chamanes y sanadores en su vida. ¿Le han impresionado por algo en particular? Lee: Espero que nadie se moleste ni malinterprete lo que voy a decir, pero nada ni nadie me impresiona. He conocido a muchos chamanes, sin embargo no les admiro necesariamente. Respeto a la gente al margen de lo que hagan. Hay mucha gente en este mundo que es muy capaz y posee gran talento para hacer lo que hacen, ya sean chamanes, escritores, científicos, mecánicos o jardineros. Todos hacen falta en el mundo. Sólo necesitamos aprender a vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con los demás. Eso es lo más importante A/C: ¿Cómo se las arregla con sus emociones? ¿Puede controlarlas todo el tiempo? Lee: Diría que «control» no es la palabra adecuada. La experiencia humana se apoya en emociones. Es importante aprender disciplina para saber quién eres, conocer tus limitaciones y tu sensibilidad para no sentir vergüenza de llorar cuando necesitas hacerlo y tampoco por enfadarte si hace falta enfadarse. La disciplina es esencial para no ser indulgente con nuestras emociones y permanecer demasiado tiempo con ellas, sobre todo cuando no son deseables. Pero es imposible no tener emociones, porque entonces no seríamos humanos (y ríe por última vez).
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