Hace poco más de dos años, un periodista norteamericano de The Washington Post, Jefferson Morley, publicó el artículo Objetivo Irán: ¿Qué probabilidades existen de que Estados Unidos sea el primero en atacar? Desde entonces han sucedido infinidad de circunstancias y cada día que pasa ese temido bombardeo parece más cercano.
Irán no tiene intención frenar su programa nuclear y, mientras escribo estas líneas, dos portaaviones estadounidenses, junto con sus escoltas de destructores, fragatas, submarinos y aviones, ya están en el Golfo Pérsico y otro se encuentra en camino. Si hasta la fecha no se ha producido el bombardeo de Irán se debe a razones de oportunidad política: Bush vive su peor momento de popularidad desde el año 2000, sobre todo por el gran fracaso de Irak y su vietnamizacion. Por otra parte, desde noviembre de 2006 los demócratas controlan el Congreso y el Senado. Con todo, no son pocas las voces del Pentágono que insisten en la necesidad de terminar por la vía militar con la amenaza de Irán. Para convencer al Congreso de esta urgencia no se descarta la provocación de un incidente que hiciese posible un bombardeo masivo estadounidense contra el país de los ayatolas. En otras palabras, militares norteamericanos atacarían objetivos propios haciéndose pasar por miembros del ejército iraní.
No se trata del argumento de una película de ficción. En su libro Mundo sin ley, Philippe Sands, abogado y profesor del University College de Londres, cuenta cómo la falta de pruebas sobre la violación de la resolución 1441 de la ONU por parte de Irak, hizo que George Bush sugiriera a Tony Blair, durante una reunión celebrada el 31 de enero de 2003, el envío sobre suelo iraquí de aviones espía U2 con su correspondiente cobertura de cazas y bajo el emblema de la ONU. La meta: provocar un ataque de Saddam Hussein. De esta manera obtendrían una nueva resolución que autorizara el uso de la fuerza militar aliada. Al final esta opción fue descartada.
Operaciones negras
El 28 de febrero de 2007, el investigador norteamericano Douglas Herman escribió en
www.rense.com un artículo que analizaba varios escenarios que pudieran justificar el bombardeo de Irán. Entre otros incluye:
• Un avión F-14 repintado con marcas de identificación iraníes lanzaría un misil Exocet contra un destructor o fragata estadounidense, hundiéndolo y causando decenas de bajas
• Una variante del primer escenario consistiría en repintar con la insignia iraní a un avión israelí, el cual atacaría con misiles un petrolero rumbo a Houston. Antes de desaparecer, el avión permanecería cerca del lugar el tiempo suficiente para ser fotografiado. Este ataque causaría decenas de muertos, un buque en llamas y una mancha enorme de petróleo. La opinión pública justificaría un ataque a Irán después de que estas imágenes fuesen emitidas por todas las televisiones del mundo.
• Una lancha torpedera con falsa bandera iraní dañaría seriamente a un buque norteamericano, pero sin hundirlo. Las escenas de terror grabadas en video serían cedidas a los medios de comunicación, lo que haría aflorar un sentimiento de venganza en la ciudadanía norteamericana.
• Un misil supuestamente iraní sería lanzado contra un avión que transportara hacia Irán a funcionarios y militares, provocando la ira mundial y el subsiguiente bombardeo.
• Un pelotón estadounidense de las fuerzas especiales, disfrazados de iraníes, lanzaría un asalto contra una patrulla norteamericana en Irak, antes de huir a Irán. Esta última posibilidad sería la preferida del Pentágono para justificar el ataque militar contra Irán.
En opinión del analista Larry Everest, la posibilidad de un bombardeo a Irán es absolutamente real. Esta situación provocaría la muerte de decenas de miles de iraníes y una escalada de violencia que se extendería por todo Oriente Medio. A principios de 2007 la BBC británica afirmó que los oficiales del Mando Central de EE UU ya tenían confeccionada una lista de objetivos para bombardear en las primeras incursiones aéreas. Esta lista incluiría las plantas nucleares de Natanz, Isfahan, Arak y Bushehr, así como gran parte de la infraestructura militar de Irán: bases aéreas y navales, instalaciones de misiles y centros de mando.
Debemos recordar que la conquista de Irán es un objetivo estratégico de EE UU desde que Bush lo incluyó en su eje del mal en 2002. Este país se considera una pieza clave en la estrategia global de la administración norteamericana, cuya meta es controlar Oriente Medio para que Estados Unidos continúe siendo la única superpotencia mundial. En este sentido, las palabras de la secretaria de Estado Condoleezza Rice al principio de la guerra entre Israel y el Líbano durante el verano pasado vaticinaron los cambios venideros. «La creación del nuevo Oriente Medio ya ha comenzado», aseguró la mujer más poderosa del gobierno estadounidense.