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Hemeroteca :: Edición del 01/05/2007 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/05/2007@00:00:00 GMT+1
Recientemente, Zbigniew Brzezinski, ex-consejero de Seguridad Nacional del antiguo presidente Jimmy Carter y fundador de la Comisión Trilateral, declaró durante una audiencia ante la Comisión de Exteriores del Senado: «...Un acto terrorista en suelo americano del cual se haría responsable a Irán podría culminar con una acción militar americana defensiva contra ese país». Sus palabras causaron conmoción, pues Brzezinski fue uno de los estrategas que estuvieron detrás de la creación del ejército de muyahidines liderados por Bin Laden –antiguo agente de la CIA– para expulsar a los soviéticos de Afganistán.
Las declaraciones del ex-asesor de Carter se suman a las de otros altos cargos políticos y militares de todo el mundo que culpan a estructuras ocultas de poder estadounidenses de manipular a los radicales islamistas para provocar un atentado –el 11-S– que sirviese como excusa para justificar ante la opinión pública la invasión militara de Oriente Medio. En las páginas que podrán leer a continuación comproborán que en el oscuro mundo del terrorismo internacional nada es lo que parece; que oscuros grupos de poder y servicios secretos controlan, crean y manipulan a grupos terroristas con la finalidad de llevar a cabo sus propios objetivos; que en los atentados del 11-S, 11-M y otros la versión oficial no se sostiene… Sólo teniendo en cuenta lo anterior podemos interpretar la supuesta confesión de uno de los detenidos en Guantánamo, Jalid Sheij Mohamed, quien, al parecer, se declaró responsable del 11-S y otros atentados.

Desde hace mucho, en las escuelas de geopolítica y estrategia de ejércitos y servicios secretos se estudia cómo manipular o incluso crear un enemigo para conseguir las metas marcadas. Y esto, según diversos indicios, es lo que está sucediendo en la actualidad con la «guerra contra el terror» promulgada por George Bush. La existencia de Al Qaeda es necesaria para que Estados Unidos pueda llevar a cabo su estrategia militar; los atentados con bombas de Moscú en 1999 iniciaron la guerra de Chechenia, con la que Putin y los suyos se hicieron con el control de esa región díscola; y la excusa del terrorismo islámico le está sirviendo a China para «cercar» a los grupos independentistas de la región de Xinjiang. ¿Descabellado? No tanto. En la historia reciente hay ejemplos suficientes de autoataques o atentados del enemigo permitidos. Como pequeña muestra, podemos enumerar los siguientes: 6 El 15 de febrero de 1898 una explosión provoca el hundimiento del acorazado norteamericano Maine en aguas cubanas. Murieron casi 300 marineros. Estados Unidos acusó inmediatamente a España del ataque, lo que utilizó como casus belli para conquistar los restos del imperio colonial español. Más tarde se descubrió que, casi con total seguridad, la explosión se originó en el interior del acorazado y no fue provocada por un torpedo del ejército español, como clamaba el gobierno de los Estados Unidos.

6 El hundimiento del barco estadounidense Lusitania en 1915 por submarinos alemanes hizo que los norteamericanos aceptasen la entrada de su país en la I Guerra Mundial. Después se supo que las autoridades retiraron la escolta armada del navío precisamente para que fuese hundido. Tanto el gobierno británico como el de EE UU sabían que iba a ser atacado.

6 El 8 de diciembre de 1941 la aviación japonesa bombardeó la base naval de Pearl Harbor. El hecho provocó la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Documentos secretos desclasificados en los años 90 muestran que los servicios secretos de EE UU conocían lo que iba a suceder y además avisaron de ello al ejército británico.

6 El gobierno de EE UU comunica al mundo el 4 de agosto de 1964 que dos destructores norteamericanos habían sido atacados por barcos norvietnamitas. Estos incidentes fueron la causa de que el Congreso le concediera plenos poderes al presidente Johnson para comenzar la guerra de Vietnam. En 1971 The New York Times publicó unos documentos secretos del Pentágono que, junto a unas conversaciones telefónicas de Johnson, mostraban que el gobierno de Estados Unidos pretendía provocar un ataque norvietnamita. Es más, la agresión al segundo destructor nunca existió; se trató de un invento.
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