Última actualización 01/08/2004@00:00:00 GMT+1
Creo que, cuando en la noche del 25 de junio me disponía a participar en la Alerta OVNI organizada por el programa Milenio 3, mi escepticismo en cuanto a sus resultados ufológicos era parejo a la de mis compañeros de micrófono. Se trataba de un evento radiofónico y sociológico, en el que muchos miles de personas compartirían una noche observando el cielo, una práctica tan maravillosa como cada día menos frecuente. Pero de ahí a que los OVNIs hicieran realmente acto de presencia, mediaba un abismo.
Recordaba las diversas convocatorias similares en las que participé a lo largo del último cuarto de siglo, comenzando por la primera, convocada en 1979 por Antonio José Alés, y también que cuando éste me ofreció acompañarle en esos mismos micrófonos de la cadena Ser, mi escepticismo era mucho mayor. Tanto porque temía que un espectáculo de masas dañase la imágen pública, ya suficientemente frágil, del fenómeno OVNI, como por mis serias dudas de que éstos se animasen a acudir a la convocatoria. Pero en aquella ocasión, como en ésta, los resultados superaron con creces mis tenues espectativas.
Como ocurrió en la de Alés, la Alerta dirigida por Iker Jiménez se daba en medio de una oleada de apariciones, por lo que cabía suponer que si miles de observadores escrutaban los cielos podrían detectar lo que se estuviese manifestando en los mismos.
¿Hubo realmente avistamientos, en uno y otro caso? La respuesta es evidente: sí, los hubo... Es como preguntarse si existen los OVNIs. Hay decenas de miles de testigos muy cualificados que los han visto, sin lograr identificarlos. Otra cosa es averiguar la naturaleza de lo observado; y, aunque yo crea que estamos siendo visitados por inteligencias extraterrenas, recordaré que no existen pruebas definitivas que demuestren mi convicción, fruto de los años que pasé estudiando este fenómeno y entrevistándome con los testigos de casos tan multitudinarios como inexplicados.
La prudencia siempre está justificada, pero creo que ahora se vuelve excesiva, por lo desprestigiado que está el tema. Ello se debe a diversos motivos: la imagen pésima del mismo que han dado muchos programas de TV; la drástica disminución de apariciones masivas y continuadas en las dos últimas dos décadas en España (los pilotos que antes los veían, ahora apenas los detectan); la ausencia de avistamientos y novedades sobre el tema hace que disminuya la creencia y aceptación social del fenómeno OVNI, como demuestran las encuestas; el temor a que pueda dañar nuestra imagen y nos desprestigie hace que los supuestos “expertos” nos volvamos conservadores... Y ello pese a que, en los últimos años, la hipótesis extraterrestre cuente con más posibilidades científicas que nunca, desde la detección de planetas en torno a muchas estrellas hasta el descubrimiento de agua, hielo e indicios de vida en algunos de los mejor explorados.
Sin embargo, lo reportado aquella noche me convenció de que se observaron algunos objetos que siguen sin estar identificados. Lo más interesante es que aparecieron a altas horas de la madrugada, cuando las espectativas eran más bajas.Y esto se ajusta a las pautas bien estudiadas que sigue este fenómeno: mejor cuanto más tarde, escurridizo, absurdo, jugando siempre al «mírame y no me toques».
Enrique De Vicente