best web analytics
cabecera
Hemeroteca :: Edición del 01/09/2004 | Salir de la hemeroteca
8/17
Última actualización 01/09/2004@00:00:00 GMT+1
Es una pequeña nación de la Europa septentrional forjada entre el frío de sus inviernos y el calor de sus saunas. Pero la modernidad no ha podido alejarla de sus ancestrales raíces, ancladas en la naturaleza virgen y en sus antiguas tradiciones. Este reportaje es un extracto del libro que su autor ha publicado sobre su visita a este fascinante país.
Antiguamente había en Finlandia unos curanderos conocidos como tietäjä («aquel que sabe»), a quienes se llamaba cuando ni una sauna ni una sangría –los remedios más habituales–, aliviaban al enfermo. Ellos tenían que encargarse de expulsar a los malos espíritus, eliminar el mal de ojo o curar los trastornos mentales. También disponían de una serie de medicamentos naturales contra la fiebre, la tos o la epilepsia.

De alguna manera relacionada con aquella medicina que hoy llamamos folclórica, estaba la kotisirkka, una pequeña langosta de unos dos centímetros que era la alegría, tanto en la casa como en la sauna por ser el único insecto capaz de resistir tan altas temperaturas. Se dice que cuando se incendiaba una casa, la gente se lamentaba especialmente por la pérdida de su kotisirkka.

En la sauna no se podía maldecir, cantar o gritar, ni mantener un comportamiento inadecuado; en caso de hacerlo había que enfrentarse al castigo del saunatonttu, una especie de espíritu guardián, normalmente bondadoso, con forma de gnomo barbudo tocado con gorro de capirote. También estaba la haltia o hada que habitaba en la parte superior de la casa, aunque a veces podía elegir la sauna o el granero. A este ser se le atribuía la aportación de una energía especial para que los habitantes de la granja fueran trabajadores y ordenados. Ambos eran tan respetados que en algunas casas incluso les dejaban comida, como si fueran unos miembros más de la familia y, en ocasiones especiales, incluso tabaco y bebidas. La última persona que salía de la sauna echaba un poco más de leña y agua, para que se bañasen estos seres mágicos.

En el Museo Nacional de Helsinki hay una vitrina con pequeños objetos usados en brujería, incluyendo la tráquea seca de un oso, que hasta se sabe a quién perteneció: una bruja llamada María Vitaanmaki, de Petajavesi. Seguramente ella usaba la palabra väki para designar la energía común a todo lo creado, que sólo podía controlar una persona debidamente preparada. Probablemente también lo hacía con el fin de conservar sus objetos mágicos, guardados en una de las bolsas expuestas en otra vitrina. Entre dichos objetos habría algún diente de oso, pieza a la que se atribuía un especial poder de protección. Y sabría recitar loitsut o conjuros que, si bien a veces se mezclaron con nombres cristianos, permanecieron casi inalterados desde la Edad de Hierro hasta bien entrado el siglo XIX.

La celebración más importante es la de la noche de San Juan (Juhannus), cuando todo el país se ilumina, no sólo con el Sol de Medianoche, sino también con miles de fogatas encendidas a orillas del mar o de un lago. El fuego y el agua se ven hermanados en la noche del día más largo, según las antiguas tradiciones dedicadas al dios Ukko, recicladas por la cristiandad desde la Edad Media. Esa noche se realizaban los conjuros que propiciarían una buena cosecha, abundante leche y buena suerte en los asuntos amorosos.

Algo de eso ha pervivido, porque aún muchas mujeres caminan por la tarde buscando siete tipos distintos de flores, que esa noche dejarán bajo la almohada para soñar con el hombre que supuestamente las hará felices en un futuro próximo.

Otra celebración importante en Seurasaari, a las afueras de Helsinki, es el sábado de Pascua. Las niñas se disfrazan de brujas, cantan canciones y recitan poemas alusivos a la fiesta cuando se enciende una gran hoguera, la cual emite una humareda que, según las tradiciones, es la mejor manera de alejar a las fuerzas del mal desatadas en esa noche; energías que las antiguas brujas canalizaban para perjudicar al ganado.

Según cuentan las crónicas, los tocadores de kantele, un viejo instrumento de cuerda, permanecían con los ojos fijos en la lejanía en un estado cercano al trance, mientras tañían su instrumento, con el que acompañaban unos cantos llamados jouhikko y ciertas danzas populares. El Kalevala, poema épico nacional de ste país, evoca el origen de este arte sagrado: «hasta dos días duró el canto del bardo, y no hubo hombres ni mujeres que no lloraran de emoción, pues asombrosa era su voz y dulces los sones del anciano».

Las creencias de entonces otorgaban a los músicos la capacidad de penetrar en el otro mundo, donde al modo de los chamanes podían conjurar a los espíritus y solicitar su intervención en auxilio de los seres humanos. El virtuosismo al tocar un instrumento también se consideraba un regalo del mundo espiritual, sobre todo en la noche del solsticio de verano. Posiblemente por este motivo a algunos bailes se les atribuyó más tarde un origen demoníaco; así ocurrió con la polka, tan popular en Finlandia.

En la antigüedad, Tapio era el señor de los bosques del norte. El tocón de un enebro era su altar, ante el cual los cazadores se postraban para pedir permiso antes de salir de caza. Esa muestra de respeto por el bosque, sea representado por aquel Tapio o por un concepto más ecologista, desligado ya de las connotaciones religiosas de antaño, ha mantenido su arraigo en la cultura popular. El bosque no es sólo paisaje: es una fuente de vida y energía. Se mantiene el derecho a aprovechar su madera, pero no por ello ha dejado de ser parte de la herencia espiritual legada por sus antepasados.

Para los antiguos habitantes de Carelia, al suroeste de Finlandia, el oso era un animal sagrado creado por Mielikki, señora de los bosques; por eso, cuando mataban alguno, debían realizar una ceremonia para «devolverlo al bosque»: la cabeza era expuesta al sol y los huesos se enterraban bajo un árbol para protegerlos de los predadores. Algunas partes, como uñas y dientes, serían usadas como amuletos protectores.

En el centro Carelicum, de Joensuu, hay una sala dedicada a la medicina folclórica que aquí se mantuvo durante más tiempo que en el resto del país. Entre las fotos, destaca una muñeca de madera vestida con un trozo de tejido sacado del gorro de un muerto. A esa muñeca se le transfería la epilepsia de un enfermo, mientras que las garras y los dientes de un oso calmarían dolores o evitarían pesadillas. Algunas fotos nos muestran a personajes del siglo XIX que practicaban antiguos oficios, como las plañideras, los tietäjä (curanderos) o los runoias (bardos).

Joulupukki es el Santa Claus finlandés. Resulta muy curioso que esta imagen tan asociada con Finlandia sólo tenga en este país poco más que un siglo de existencia. Lo mismo ocurre con los árboles de Navidad. En la antigüedad, esta fiesta tenía más que ver con Halloween, cuando los jóvenes se vestían de poulupukki (con pieles de animales y máscaras con cuernos de cabra) y hacían un recorrido de casa en casa asustando a la gente a cambio de comida y bebida. Más tarde, se unió a esta fiesta la aparición de regalos de origen desconocido que eran atribuidos a un misterioso personaje llamado San Nicolás, un obispo medieval de Asia Menor. Y, de ahí, al Santa Claus, cuyo título finlandés es Joulupukki (literalmente «la Cabra de Navidad»), con esa iconografía rojiblanca impuesta a todo el mundo desde Hollywood y la Coca-Cola. Toda una muestra de mestizaje cultural.

El Santa Claus finlandés vivía rodeado de sus duendes y renos en Korvatunturi, el Monte de la Oreja. Desde aquel lugar de tan explícito nombre se suponía que escuchaba las peticiones que los pequeños de todo el mundo le hacían llegar. Pese a todo lo cual, finalmente, años más tarde el personaje tuvo que cambiar de residencia, sobre todo porque Korvatunturi estaba demasiado lejos (al noroeste de Laponia, cerca de la frontera rusa) y se decidió trasladarle hasta las cercanías de la ciudad más grande y mejor comunicada de Laponia: Rovaniemi.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (1)   No(0)
8/17
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Akasico.com
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.