LUGARES DE PODER
Última actualización 01/09/2004@00:00:00 GMT+1
El número de turistas decrece proporcionalmente al número de kilómetros recorridos durante el ascenso a la montaña. El sudor va empápandote la camisa y se filtra por tus ojos y labios, dejando sentir su sabor salado. A medida que ganamos altitud, la perspectiva de la ciudad rosa del desierto se hace más y más impresionante. A la derecha, podemos adivinar el circo, con sus gradas concéntricas, y más allá el famoso Templo del Tesoro, popularizado por Steven Spielberg en la ultima entrega de Las aventuras de Indiana Jones. A la izquierda, las sobrecogedoras tumbas y, mucho más allá, el impresionante Monasterio.
Los puestos de venta de souvenirs van desapareciendo del paisaje mientras ascendemos por la montaña. Sólo de vez en cuando, y muy cerca de los enclaves arqueológicos más importantes del recorrido, podemos encontrarnos con los vendedores –sobre todo mujeres– de artesanía, telas y todo tipo de recuerdos.
Por fin, ya sin resuello, alcanzamos los obeliscos. Por razones desconocidas, y a diferencia de los edificados por otras culturas, los nabateos no pulían un paralelepípedo de piedra para luego transportarlo al lugar escogido y erigirlo en su emplazamiento definitivo. Los majestuosos obeliscos de Petra fueron construidos rebajando toda la montaña alrededor de ellos, hasta conseguir que dos pedazos de esa misma montaña, como antenas de roca, sobresaliesen de las entrañas de la tierra levantándose hacia el cielo. Un poco más arriba, en la cumbre, encontramos el inquietante Altar de los Sacrificios…
El puente de Oriente
En este singular momento histórico que nos ha tocado vivir, Jordania ocupa uno de los espacios geoestratégicos más importantes de Oriente. A pocos kilómetros de la frontera con Irán, las tropas aliadas escogieron este país como base permanente de sus efectivos logísticos. Jordania es una nación moderna, con una clara vocación europea, a pesar de su cultura y tradición islámicas. Segura para el turista y para el viajero, Ammán es una capital cosmopolita, que ofrece todas las comodidades imaginables. Y una ventaja suplementaria: el punto del país más alejado de Ammán se encuentra tan sólo a 5 horas en automóvil.
En un radio de pocos kilómetros, y sin salir de la capital, merece la pena visitar los museos de Tradiciones Populares, el del Folclore o el Arqueológico. Pero también es muy recomendable pasear por el Teatro Romano, construido por Antonino Pio (138-161 d.C.) y situado en el centro de Ammán; visitar el Templo de Hércules, edificado por Marco Aurelio y Lucius Verus en honor a dicho dios; o la Ciudadela, cuyos cimientos datan de la Edad de Bronce y ha sido remodelada sucesivamente a lo largo de los siglos por romanos y musulmanes.
Saliendo de Ammán hacia oriente, viajamos en dirección a Al Zaraq, una de las zonas más importantes del país por ser frontera con Irak, Siria y Arabia Saudí. Hace muchos años que esta región atesora grandes atractivos para viajeros, exploradores y aventureros. En esta comarca podemos encontrar el «Castillo Azul», donde el mítico Lawrence de Arabia estableció su base de operaciones para sus legendarias aventuras en Próximo Oriente.
Muy cerca de allí encontramos el Castillo de Amra, especialmente interesante desde el punto de vista artístico, porque en sus techos se conserva uno de los zodíacos más antiguos del mundo. Distinguido por la UNESCO, al igual que toda Petra, este castillo avergüenza a los musulmanes, pues como revelan sus elocuentes frescos, se convirtió en un lugar de placer y lujuria para los gobernantes en el siglo VII.
A menos de 100 kilómetros, al sur de Ammán podemos disfrutar de un baño en las serenas aguas del Mar Muerto… Imposible describir la sensación de flotar inerte sobre las aguas, sin posibilidad alguna de hundirse. Un fenómeno exclusivo de este lugar, gracias a la elevada concentración salina de sus aguas, sobre las cuales navegaron los discípulos de Jesús de Nazareth hace 2.000 años.
El legado de Moisés
Continuando viaje hacia el sur, resulta fundamental visitar el bíblico Monte Nebo. Según la tradición, hasta aquí condujo Moisés al pueblo de Israel durante su Éxodo. Desde lo más alto del monte es posible disfrutar de unas extraordinarias vistas de Palestina. En este preciso lugar se pierde la pista del autor del Pentateuco, un personaje venerado con el mismo fervor por el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam. Desde el monumento que simboliza el cayado de Moisés y la serpiente, pueden divisarse Jericó (en el actual Israel), el Valle del Jordán y el Mar Muerto, así como las cimas de los montes de Jerusalén y Belén.
Pocos kilómetros al este del Monte Nebo, se encuentra Mádaba, la ciudad de los mosaicos, cuyos primeros pobladores llegaron hace 4.500 años, y que ya fuera mencionada en la Biblia (Números 21;30, Josué 13;9, etc.). La estela de Moab, que fue erigida en el 850 d.C. por Mesha, rey de los moabitas, para conmemorar sus numerosas victorias sobre los judíos, menciona también la ciudad de Mádaba.
Sus mosaicos son valorados en todo el mundo, pero de todas las piezas que adornan sus iglesias, museos y mezquitas, la más importante es un relevante documento arqueológico que representa el mapa de la región.
Este mosaico se conserva en la iglesia grecorromana de San Jorge, construída en 1896 sobre las ruinas de una iglesia bizantina. Fue confeccionado con el fin de cubrir el suelo de la iglesia hacia el año 560 d. C., y representaba todos los territorios de la antigua Palestina. De él sólo se conserva un fragmento, ya que sus dimensiones originales alcanzaban 15,7 por 5,6 metros, habiendo sido elaborado con más de dos millones de teselas (piezas empleadas para construir los mosaicos).
Don Felipe de Borbón no ha sido el primero ni será el último príncipe en visitar la mayor joya arqueológica de Jordania. Un lugar fantástico que ha estimulado la imaginación de aventureros y exploradores durante siglos.
La ciudad rosa
«Petra se levanta en un valle escondido, en el interior de un circo de montañas muy escarpadas y cortadas a pico por su parte exterior. En la ciudad abunda el agua, con la que se riegan huertos y jardines. El territorio exterior a esta muralla anular es desértico, sobre todo hacia el oeste...».
Esta breve descripción, que un geógrafo griego hizo hace dos mil años, estimuló la imaginación de los viajeros hasta que, en 1812, Johann Ludwig Burckhardt redescubrió Petra tras siglos de haber permanecido olvidada y perdida en el desierto jordano.
Esta ciudad se encuentra a unos 260 kilómetros de Ammán. A través de la moderna autopista Rey Hussein cubrimos esa distancia en poco más de tres horas. Veinte kilómetros después de dejar atrás Ammán, adentrándonos en la zona desértica, y cuando todavía nos restan 10 kilómetros hasta Petra, avistamos la cadena rocosa que la flanquea. Realmente resulta difícil adivinar que dentro de aquella cordillera, protegida en las entrañas de la tierra, se oculta la prodigiosa ciudad rosa del desierto.
Diodoro de Sicilia escribió: «Las caravanas transportan al mar Mediterráneo incienso, mirra y diversas especies llegadas con las caravanas desde la Arabia Feliz... En el país de los nabateos se alza un peñasco sumamente sólido, con una ruta de ascenso, hasta el cual únicamente suben unos pocos para suministrar víveres... Es un lugar muy firme, pero sin murallas, y dista de la comarca habitada unos dos días de viaje».
Petra es un nombre griego, que significa piedra, pero ya Flavio Josefo menciona esta ciudad en su Antigüedades Judaicas, señalando que en la época de Moisés se llamaba Arke. Con el paso del tiempo fue conocida como la Batra árabe, la Sela hebrea, etc.. En el siglo IX a. C. el rey de Judá Amazias la bautizó como Jozkil. Pero a pesar de tal variedad, para la mayoría de autores el nombre original de Petra fue Reqem, que significa «tela de multiples colores», un nombre muy apropiado para describir la espectacularidad de su aspecto.
No está muy claro quien la construyó, pero puede datarse el inicio de su protagonismo histórico. A partir del siglo VI a. C. el pueblo nómada de los nabateos se asentó en la magnífica ciudad de piedra rosa del desierto jordano de Edom, aunque el origen de aquellos árabes pre-islámicos es casi tan remoto e incierto como el de la misma Petra. La tradición bíblica los hace descender del hijo mayor de Ismael, Nebayot, nieto del patriarca Abrahán. Lo que está claro es que la grandeza y opulencia de los nabateos en Petra eran bien conocidas en toda la región.
El geógrafo griego Estrabón también cita en sus crónicas a la capital del imperio nabateo, que estaba gobernada por un rey al que le gustaba celebrar grandes fiestas, en las que nadie podía beber más de once vasos de exquisito licor, servido en recipientes de oro distintos.
Poco se sabe de la historia de Petra antes de los nabateos, salvo que estos sucedieron a los edomitas. Las primeras noticias de este «cambio de gobierno» en Petra datan del 312 a. C. cuando los generales de Antígono Monoftalmos, uno de los lugartenientes de Alejandro Magno, intentaron conquistar la inaccesible «rosa del desierto» en dos ocasiones.
Su estratégica ubicación en la ruta de las caravanas, que une el Mar Rojo, Egipto y Arabia con Palmira, Damasco y Gaza, fueron la causa de su espectacular desarrollo. El simple cobro de un peaje a las caravanas de especies, oro, plata o sedas, procedentes de China e India y con destino al mundo mediterráneo y grecorromano, posibilitó que Petra acumulase gran fama y riquezas. Su esplendor llegó a su punto más alto durante el reinado del monarca Aretas III, quién vivió en el siglo I a.C. Bajo su gobierno, el dominio del imperio de Petra llegó desde Salah, la actual Arabia Saudí, hasta Damasco, capital de Siria. En ese período la ciudad podía tener una población estable de unos 30.000 habitantes, sin contar con los centenares de peregrinos, comerciantes y camelleros nómadas que la visitaban periódicamente.
Misterios de piedra
Petra fue un reino poderoso e independiente hasta que en 106 d. C. Trajano la anexionó a la provincia de Arabia. A partir de entonces, la ruta de las caravanas se desplazó hacia el norte, hasta Palmira, y la espectacular ciudad pétrea fue cayendo en el olvido.
En el siglo XII se hicieron algunas referencias a la olvidada ciudad debido a una fortaleza de los cruzados, construida en sus cercanías. Referencia que inspiró a Spielberg para situar a dichos cruzados como custodios del Santo Grial en el «Templo del Tesoro del Faraón» que recibe a los visitantes de Petra al final del escarpado Siq.
Los obeliscos de Petra son extremadamente numerosos, al igual que sucede en Egipto. Y si algunos obeliscos faraónicos, como los de Luxor, Karnac, Heliópolis, etc., nos impresionaron por su tamaño, los de Petra nos sorprendieron por su técnica de construcción. En la parte alta de la ciudad, muy cerca del «altar del sacrificio», donde algunos investigadores afirman que se producen extraños fenómenos, se erigen dos obeliscos separados por 33 metros exactos. Pues bien, esas erectas torres no fueron construidas y transportadas, sino que toda la parte superior de la montaña fue rebajada siete metros alrededor de los mismos para que estos quedasen erigidos en el mismo lugar, como si fuesen dos grandes antenas de piedra que forman parte de la misma montaña. Podemos imaginar el inmenso trabajo que supone rebajar toda una montaña, pero no podemos saber por qué hicieron esa colosal obra, en lugar de construir los obeliscos y, simplemente, plantarlos en ese mismo lugar.
El teatro, un auditorio de 33 filas con capacidad para 3.000 espectadores, los templos, los cientos de nichos mortuorios o betilos y los centenares de construcciones excavadas en la roca, impresionan a todo viajero.
Actualmente los arqueólogos continúan trabajando en busca de nuevos yacimientos. Las huellas de los balazos en la corona del «Templo del Tesoro del Faraón», originadas por los disparos de muchos buscadores que creían que ahí se ocultaba un tesoro, son sólo algunas de las cicatrices del pasado. Afortunadamente, los arqueólogos no son tan radicales, y donde han realizado nuevos descubrimientos es en las entrañas de la montaña.
Los dioses de la fertilidad
Al sur sólo se encuentra el desierto de Wadi Run. Los paisajes en estas latitudes son conmovedores. Pero merece la pena abstraerse durante unos instante de las sobrecogedoras puestas de sol en el desierto para detenerse a analizar los petroglifos y grabados rupestres que salpican las rocas, cavernas y montaña del Wadi Run. Especial interés tienen las imágenes de cérvidos y las escenas familiares que se encuentran algunos kilómetros al sur del Campamento de Yerel Ram. Y mucho más aún llaman la atención los inquietantes grabados de seres con aspecto humanoides que salpican algunas cuevas. Según los guías locales, estas imágenes representan a los antiguos dioses de la fertilidad. A las grutas donde se les rendía culto acudían las mujeres en edad de concebir para unirse a sus esposos ante la atenta mirada de estas inquietantes figuras, que les contemplaban fijamente desde un tiempo remoto. Pero ¿de dónde surgieron estos extraños seres, cuyas representaciones evocan más la imagen de alienígenas que de humanos? Nadie sabe responder a estas pregunta.