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Hemeroteca :: Edición del 01/11/2004 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/11/2004@00:00:00 GMT+1
Siendo el centro de un importante debate científico en los últimos años, que ha tenido sus puntos álgidos con el reciente anuncio de un inminente hundimiento de la isla de La Palma, de catastróficas consecuencias planetarias, o una violenta erupción en Tenerife para los próximos meses. ¿Estamos ante argumentadas previsiones científicas políticamente mal gestionadas, o frente a una oscura trama con la que algunos hombres de ciencia buscan promoción y fondos, a costa de hipotecar la industria turística del archipiélago? Las víctimas, en cualquiera de los dos casos, son los ciudadanos.
En localidades tinerfeñas como Santiago del Teide o Icod muchos vecinos se acostaban vestidos hasta hace pocas semanas ante la posibilidad de que las leves sacudidas sísmicas que les han venido amedrentando con mayor intensidad este verano, pasaran a mayores y se convirtieran en una amenaza volcánica en toda regla, poniendo en peligro sus vidas y propiedades. El clima de tensión colectiva que se vive en Canarias, y de forma especial en Tenerife desde el pasado mes de mayo, lejos de ser atenuado por la comunidad científica y las autoridades políticas, no ha hecho más que avivarse ante las permanentes contradicciones y luchas de poder a las que han tenido que asistir indefensos los ciudadanos. Un teatro de lo absurdo en el que una batería de expertos se pronunciaba en todos los sentidos imaginables, y unos pocos convincentes políticos ponían en evidencia, posiblemente sin razón, la calidad de los sistemas de detección de riesgos sísmicos y los programas de intervención en emergencias de este calibre. La prensa extranjera tardó muy poco en hacerse eco de este circo, en el que se llegó a predecir una erupción para octubre de este año, siendo especialmente virulentos algunos medios ingleses, que acuñaron en sus titulares la expresión “Terrorife”, para referirse a la isla tinerfeña y a la situación que se vivía. La última entrega de este culebrón recuperaba para el debate un viejo y controvertido asunto: el hipotético hundimiento de una parte de la isla de La Palma generado por una erupción, y el consecuente cataclismo de escala planetaria que provocaría el gigantesco tsunami que tal acontecimiento geológico acarrearía. Ante tales ingredientes el panorama no resulta nada halagüeño para los canarios, para quienes el mayor riesgo no está en los volcanes que desde hace millones de años vienen formando su territorio y con los que se conviven desde hace varios milenios, sino en el daño que este clima de “temor permanente” puede ocasionar a su principal fuente de ingresos: el turismo.

El colapso de La Palma
Desde luego la isla de La Palma se lleva en todo este asunto el peor papel, pues en el colapso de una parte de su territorio se fundamenta en gran medida las más catastróficas predicciones publicitadas principalmente por geólogos británicos. La zona conflictiva tiene su epicentro en el Volcán de Cumbre Vieja, cuya entrada en actividad en 1949 generó unas fracturas que, para algunos expertos, suponen los primeros pasos para un deslizamiento lateral de su flanco occidental, que podría desencadenarse a partir de futuras erupciones, hundiéndose rápidamente en el mar un fragmento de más de 30 por 50 kilómetros. La posibilidad había sido discutida y en buena medida descartada como inminente en foros científicos de la década de los noventa, lo que no impidió que como medida cautelar se instalasen nuevos sistemas de control y se realizara un seguimiento milimétrico por satélite con el fin de comprobar sí existía o no deslizamiento de esa franja de territorio. No obstante, geólogos británicos mantenían de forma persistente –y con énfasis creciente– su propuesta de colapso inminente, haciéndolas extensibles en octubre del año 2000 a la opinión pública a través de medios de gran calado como la BBC. Pero antes de brindar al lector más detalles de un escenario descrito al más puro estilo del catastrofismo hollywoodiense, es necesario abrir un breve paréntesis para conocer algunos aspectos de la historia geológica de las islas.

El archipiélago canario es de naturaleza volcánica, aunque asentado en el interior de la plataforma africana, una zona tectónicamente estable de la que han emergido las islas en sucesivas erupciones prolongadas durante millones de años, como todo proceso geológico. En comparación con otras regiones del mundo, teniendo Canarias un volcanismo activo, es una de las regiones más tranquilas del planeta, al ser la mayor parte de sus volcanes –a excepción del Teide– de carácter efusivo, al estilo de los hawainanos, lo que implica que sus explosiones son poco violentas y generan coladas lávicas densas y lentas. Las estadísticas juegan a favor de esa estabilidad, ya que no en vano en los últimos seiscientos años se han registrado dieciocho erupciones volcánicas, la última la del famoso Teneguía en 1971, sin que se haya registrado ni una sola víctima humana. Al mismo tiempo –y siempre en tiempo geológico–, la morfología de las islas se ha ido modificando tanto por dicha actividad como por la erosión y otros procesos concomitantes, siendo sin duda el más espectacular el de los deslizamientos de grandes masas de territorio hacia el mar, cuyo conocimiento e investigación exhaustiva tan sólo ha sido posible en las últimas décadas. Aún a riesgo de simplificarlo demasiado, la mecánica de estos deslizamientos se puede resumir de forma sencilla de la siguiente manera: las islas crecen mediante sucesivas erupciones volcánicas de forma rápida, lo que implica cierto grado de inestabilidad que con el tiempo se logra mediante mecanismos de reajuste, como son la fragmentación y desprendimiento de material, la erosión y nuevas erupciones. En Canarias se han estudiado estos deslizamientos cuyas huellas se extienden varios kilómetros bajo el mar en diferentes puntos de las islas, siendo especialmente llamativos los que formaron los hermosos valles de Frontera en El Hierro, Aridane en La Palma o La Orotava en Tenerife, zonas que perdieron inmensas cantidades de material y que, evidentemente, debieron generar en su entrada al mar gigantescas olas cuyo efecto desconocemos pero que previsiblemente debieron ser devastadores hace cientos de miles de años. Durante el último siglo han sido dos las erupciones registradas en La Palma: el ya citado Teneguía y el conocido San Juan, Llano del Banco y Hoyo Negro que entró en erupción en el año 1949. Lógicamente el volcanismo de ésta y el resto de las islas es activo, es decir, que es factible que puedan entrar en erupción, por lo que se pasa por etapas de cierta actividad con temblores y emisión de gases, frente a otras de tranquilidad, condicionados por el movimiento del magma.

Olas de 100 metros a 800 Km por hora
A partir de 1995 un equipo multidisciplinar de expertos franceses y españoles iniciaron una investigación en profundidad de los deslizamientos masivos de Canarias, empleando para ello los mejores medios técnicos disponibles, confirmándose la “inestabilidad” del volcán de Cumbre Vieja y el riesgo de un colapso futuro, que invitaba a incrementar las medidas de control para detectar con suficiente antelación erupciones que lo pudiesen desencadenar. La cuestión era sencilla: existían fallas que hacían inestable la zona y que podían fragmentarla a partir de cierto número de erupciones volcánicas, cuya producción era previsible que pudiera tener lugar en un periodo de diez mil años a partir del presente. Las desavenencias científicas surgidas con los británicos generaron que sus afirmaciones, vertidas a través del “Centro de Investigaciones de Acontecimientos Peligrosos Benfield Grieg”, del University College de Londres, estuvieran cada vez más centradas en denunciar lo que era definido como “un riesgo planetario”, expuesto a viva voz a través de la prensa la inestabilidad de la zona con la gráfica e impactante ayuda de computer models, modelos informáticos que convirtieron en dantescas simulaciones visuales lo que hasta el momento era un galimatías de caracteres y gráficos. El 11 de octubre del año 2000 la BBC emitió un programa especial dentro de la serie de contenidos científicos Horizon, dedicado al hundimiento de La Palma y a las gigantescas olas que como consecuencia del mismo arrasarían entre otras regiones el Caribe y la costa atlántica de Estados Unidos. El impacto internacional del programa, apoyado en las tesis de los científicos Douglas Masson, Bill McGuire y Simon Day pertenecientes al citado centro Benfield Grieg, fue absoluto y la alarma social permaneció latente durante meses, dañando la imagen turística de la isla, cuya inestabilidad geológica era una amenaza planetaria. La controversia enfrentó en aquel momento a muchos científicos, algunos de ellos antiguos compañeros, que se cruzaron acusaciones de alarmismo, pasividad, búsqueda de notoriedad y fondos para sus investigaciones… que sacaron al descubierto muchos cadáveres del lustroso armario de la ciencia. Hubo de todo, e incluso el propio Simon Day terminó por hacer un llamamiento a la cordura y a la serenidad.

Finalmente la tormenta pasó sin mayores consecuencias, hasta que nuevamente se reactivó este pasado mes de agosto, como una buena serpiente de verano. La afirmaciones han aumentado, y ahora, cuatro años después, el director del “Centro Benfield Grieg, Bill McGuire”, ha dado una nueva vuelta de tuerca asegurando que el colapso se producirá sin ninguna duda, generando mega tsunamis que podrían superar en los primeros segundos los 100 kilómetros de altura. La velocidad de desplazamiento de estos mortales muros de agua, que se generarían tras apenas 90 segundos de deslizamiento, superaría según su computer models los 800 kilómetros por hora, arrasando cuanto encuentre a su paso, empezando por Canarias y la costa africana, alcanzando en poco tiempo la Península Ibérica y las islas Británicas y en unas horas la costa este de Estados Unidos y Canadá, tras devastar las islas caribeñas. Potencialmente podrían ser hasta 100 millones de personas las damnificadas de forma directa según las simulaciones con las que trabaja McGuire, quien no dudaba, en declaraciones a The Guardian, en denunciar la pasividad de las autoridades sobre este asunto y en señalar a los Estados Unidos como la nación que debería tener el máximo interés en colaborar preventivamente en la dotación de medios para la detección sísmica en la isla. Por si alguien tuviera alguna duda, las posibles medidas de contención, como diques, serían posiblemente inútiles y las evacuaciones de la población masivas y muy costosas.

El volcán de octubre
Los últimos datos proporcionados por el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables de Canarias –ITER– acerca de la emisión de gases en Cumbre Vieja contribuyen a reforzar la innata serenidad de los palmeros. 600 mediciones en superficie realizadas recientemente confirman que el volcán se encuentra en una fase de calma, con niveles similares a los de 1997, lo que unido a la ausencia de desplazamientos deja el asunto como al principio, en una posibilidad que podría ocurrir en los próximos 10.000 años, y siempre a raíz de erupciones volcánicas de las que sin duda se tendría aviso previo. La pelota por tanto rebota hasta Tenerife, isla acostumbrada a que le anuncien erupciones del Teide cada cierto tiempo y que últimamente vive en parte sobresaltada por el incremento en los seísmos registrados desde mayo –y por encontrarse en medio de pugnas y antagonismos entre científicos y políticos, que nada tienen que ver con la ciencia y que han contribuido a sembrar la confusión–. Aunque el ITER planteó como hipótesis de trabajo a nivel interno la posibilidad de que el incremento en la emisión de gases registrado en Tenerife derivara en una posible erupción volcánica en un intervalo de meses, con octubre como periodo más probable, lo cierto es que se trataba de una variable interna de trabajo que al hacerse pública fuera de contexto desató un vendaval que contribuyó, junto a los terremotos registrados, a generar la actual “crisis sísmica” que vive Tenerife. Una crisis en gran parte mediática pero que no debe eludir una realidad: el inusual incremento en los movimientos y en la emisión de gases. Tanto el ITER como el Instituto Geográfico Nacional coinciden en afirmar que hasta el momento no se había registrado una actividad sísmica tan intensa como la actual, y que ha provocado que desde 2001 se haya detectado un importante y paulatino incremento de los movimientos sísmicos, multiplicando por once en lo que llevamos de año la cifra de 2000. La causa según los geólogos habría que buscarla en una inyección de magma en el subsuelo de la dorsal noroeste de la isla, a kilómetros de profundidad, cuya circulación a través de las fracturas provoca los terremotos y que puede o no terminar en erupción, cuestión de momento impredecible. El de mayor intensidad ha sido el ocurrido el pasado 11 de mayo, con 2,7 grados en la escala Richter, localizándose el epicentro de la mayor parte de los seísmos en las últimas semanas de agosto en el entorno de Pico Viejo, dejándose sentir esporádicamente para la población de los municipios de Santiago del Teide, Icod de los Vinos y La Guancha. Los políticos representan su papel definiendo la situación como tranquila, entre otras razones para preservar la industria turística. Tal vez el sistema volcánico de Tenerife pase sólo por un constipado. Crucemos los dedos para que no se complique. o
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  • La amenaza viene del mar

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    4126 | SOFISTA - 23/11/2009 @ 15:48:46 (GMT+1)
    Pero, hay que tomar periodos más largos para tener un mínimun de predictibilidad.
    Deberiamos estudiar variaciones de campo electromagnético y considerar el comportamiento de los animales. Si estos datos tienen a coincidir, estamos en un ciclo activo de la corteza, o quizás del magma terrestre, que, desde el fondo, actúa sobre los polos. Aún más: la tierra, como superorganismo inteligente, esta atenta a la conducta moral humana, es sensible, de modo que lo más sensato es encomendarse a la Santísima Vigen, terra mather, alma del mundo, madre del Hijo de Dios. Yo lo creo, es verdad.
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