best web analytics
cabecera
Hemeroteca :: Edición del 01/12/2004 | Salir de la hemeroteca
10/21
Última actualización 01/12/2004@00:00:00 GMT+1
La guerra de las galaxias puede describir un escenario más próximo a la realidad de lo que parece. Lo mismo sucede con 2001, una Odisea del Espacio, Matrix
y Solaris. Estas aventuras ilustran una posibilidad inquietante: la historia humana podría evolucionar movida por fuerzas que no sospechamos. Civilizaciones alienígenas avanzadas o superinteligencias cósmicas con control sobre el espacio y el tiempo.
Usted se dirige al quiosco para adquirir el último número de AÑO/CERO. Ésta era su firme intención, pero de pronto se sorprende dentro de la tienda de electrodomésticos. ¿Por qué entró allí sin darse cuenta? Usted no quería ir a ninguna tienda. Un psicoanalista freudiano le diría que fue un «acto fallido» y buscaría la respuesta en su inconsciente. En cambio, el astrofísico Fred Hoyle planteó otra posibilidad: una inteligencia superior podría haber modificado su propósito, emitiendo señales cuánticas sobre su cerebro. Por este medio, orientó sus pasos hacia ese lugar concreto, al mismo tiempo que le impedía tomar conciencia de lo que hacía, induciendo un estado de sonambulismo momentáneo en su psiquismo. Por alguna razón que ni remotamente sospecha, esa inteligencia quería que usted fuese a esa tienda en aquel momento.
¿Podría estar programada la vida cotidiana, desde la caída de una hoja y el vuelo de un pájaro, para lograr ciertos efectos sobre el psiquismo de un sujeto o de un colectivo? ¿Es posible que unas inteligencias con control sobre el espacio y el tiempo pudieran proyectar en nuestra mente visiones proféticas y otros estados místicos o paranormales? En este caso, conseguirían modelar vocaciones, decidir acciones concretas y hasta incidir de forma decisiva sobre el curso de la historia. Ningún medio resulta más adecuado para manipular a los seres inteligentes que éste. Dado que el sujeto ignora que esos contenidos psíquicos fueron programados desde fuera, los asume como productos de su propia mente.

Pensemos un instante en esta posibilidad. Y ampliemos el escenario. Una persona siente que una entidad se comunica telepáticamente con ella, o que lee sus pensamientos y dispone a continuación escenarios en respuesta a éstos. Alguien tiene la visión de una mujer cósmica entre las nubes del cielo, o escucha voces que no provienen del exterior ni del interior de sí mismo, sino de ambas direcciones al mismo tiempo. Si cualquiera de ellos consulta al médico de cabecera, seguro que les enviará al psiquiatra.

Sin embargo, en su libro Cosmos, Carl Sagan recreaba la situación de un ser inteligente plano a quien hablara un ser de la tercera dimensión. Como observaba este científico, el sujeto acudiría al psiquiatra, precisamente porque en esa situación escucharía una voz que no procedería de su interior ni del exterior. Pero no se trataría de ninguna alucinación, sino de una voz real.

Al no tener acceso a la tercera dimensión, para él la voz saldría al mismo tiempo de dentro y de fuera. Si esa entidad le abdujera, introduciéndole en la tercera dimensión, los demás seres planos le verían esfumarse en la nada y, cuando regresara, le verían materializarse de pronto como por arte de maga. El propio sujeto, como observa Carl Sagan, sólo podría decirles que estuvo en una situación indescriptible: un extraño estado místico o extradimensional llamado «arriba» y «abajo».

Sobra decir que, si no hubiese testigos y el afectado relatara su experiencia, también le enviarían al psiquiatra de los seres planos, que se esforzaría en convencerle de que no existen los seres tridimensionales, ni hay ninguna dimensión llamada «arriba» o «abajo», sino sólo la realidad plana horizontal en que se mueven habitualmente todos los seres planos sin excepción. «Únicamente existe el ancho y el largo –sentenciaría el doctor Plano–, lo demás es delirio o fantasía».
¿Podrían existir entidades interesadas en experimentar, jugar o conseguir objetivos que escapan a la comprensión del sujeto elegido, aplicando este tipo de medios?

¿Cómo nos ven?

Supongamos que la Tierra forma parte del territorio de una civilización galáctica avanzada. Uno de los escenarios hipotéticos que contempla la doctora Gato Rivera nos describe como una reserva ecológica. Pero también podría tratarse de un lugar curioso que observan y visitan los ciudadanos de una cultura alienígena desde un universo paralelo, o de una suerte de espacio lúdico diseñado para el esparcimiento de sus niños o jóvenes. Casi todas las civilizaciones que hubieran alcanzado dimensiones galácticas podrían haber emigrado a esos mundos por resultar más atractivos. En esta hipótesis, el Universo que habitamos sería el medio propio de las culturas inteligentes primitivas.

Los cosmonautas de esas civilizaciones galácticas podrían trasladarse desde universos paralelos similares al nuestro, o bien observar e intervenir desde sus residencias, sin necesidad de moverse. Nada impide que estuviéramos monitorizados hasta el extremo de que un alienígena manipulara a placer y en tiempo real nuestros procesos mentales mediante señales cuánticas. Una de las razones del desplazamiento o de las actuaciones interdimensionales sería que, con los medios a su alcance, resultara una forma de viajar más rápida y eficaz que la ideada por nuestra arcaica tecnología terrestre.

También podrían situarse a voluntad en el tiempo. El físico Paul Davies, del Centro Australiano de Astrobiología, ha propuesto la posibilidad teórica de viajar al futuro y al pasado. El límite para desplazarse hacia atrás en el tiempo sería el momento en el cual la máquina que lo haría posible empiece a ser operativa. Pero dicha limitación sólo afecta a nuestra cultura y a sus viajes al pasado. Una civilización alienígena avanzada podría haber construido la suya hace diez o cien millones de años.

Sin duda, todo esto suena a fantasía delirante. Pero es necesario recordar nuestra experiencia: mucho antes de que voláramos a la Luna, o de que enviáramos naves a Marte, estos logros parecían sueños imposibles. Lo mismo sucedió con las bases espaciales y antes con el avión o la luz eléctrica. Así funciona el progreso: la imaginación dibuja un horizonte y luego caminamos en esa dirección hasta alcanzar ese punto, a partir del cual proyectamos un nuevo horizonte. Todo lo que hemos conquistado, antes fue imaginado y luego calibrado como teóricamente posible. Después, sólo queda desarrollar los medios técnicos para hacerlo realidad.

¿Cómo son ellos?

Pero esto no es sólo verdad para nosotros. También vale para todos los seres inteligentes del Cosmos. ¿Dónde han llegado aquellas culturas que nos llevan cientos de miles o millones de años de adelanto y han alcanzado dimensiones galácticas? Pensemos en nuestro grado de desarrollo hace sólo doscientos años. Tomemos conciencia de cómo se acelera exponencialmente el avance tecnológico a medida que avanzamos más. La mayor parte de nuestra tecnología tiene unas pocas décadas. No podemos ni siquiera imaginar cuáles serán nuestras capacidades dentro de algunos siglos. Con miles o algunos millones de años, observar un universo paralelo y jugar al escondite con unos seres inteligentes tan primitivos como es actualmente el Homo Sapiens, podría ser tan fácil y accesible como hoy encender la televisión.
¿Qué aspecto físico tendrían los ciudadanos de una civilización extraterrestre avanzada? Si el patrón básico de la vida fuese universal y ésta se expandiese por el mecanismo de panespermia, como propuso Fred Hoyle y hoy creen plausible muchos científicos, es razonable pensar que en planetas similares a la Tierra la evolución derivara en formas semejantes en numerosas ocasiones, pero también que existieran especies inteligentes muy diferentes.

Otro tanto cabe esperar del aspecto psíquico y espiritual. La muerte impone una condición común a los seres inteligentes. También lo que llamamos situaciones límite, asociadas a la conciencia de la finitud y limitaciones de nuestra existencia individual. En el caso de la Tierra, incluso las culturas más apartadas entre sí desarrollaron un modelo básico de verdad revelada que se detecta en todas ellas. Detrás de la enorme variedad, hay un sustrato común que se refleja en la persistencia del mismo mito básico, en ideas semejantes de culpa y redención.

El principio de placer, la atracción, el rechazo, tanto como la sed de trascendencia y la voluntad de poder, parecen motores imprescindibles del tipo de evolución que conduce a un estadio de desarrollo tecnológico avanzado. Los arquetipos universales humanos no tendrían porque ser tan distintos a los que muchas otras civilizaciones encarnaron en su propio proceso evolutivo. Seguramente, representaríamos para ellos un psiquismo muy arcaico, pero no necesariamente incomprensible o tan extraño que no pudieran experimentar simpatía e interés por nosotros.

Parece sensato esperar que no faltaran criterios como el Bien y el Mal, aunque sobre sistemas de valores muy diferentes. En este escenario, podría haber civilizaciones avanzadas agresivas y egoístas, pero también altruistas. Además, no es imposible que la selección natural del Cosmos determinara que sólo las segundas evitaran el riesgo de autodestrucción que amenaza a la nuestra, cuyo carácter es señaladamente predador.

Isaac Asimov formuló una hipótesis que expresó en forma de ley: «en un plazo de cien años después de inventar la bomba de hidrógeno, las civilizaciones se autrodestruyen». Si hubiese algo de cierto en su visión, todas las civilizaciones alienígenas avanzadas de dimensiones galácticas habrían superado este envite y serían altruistas, aunque no necesariamente. La clave para responder a esta pregunta reside en saber si, a partir de determinado grado de evolución, el altruismo y la renuncia a la actitud predadora son o no imprescindibles para la supervivencia de una especie inteligente.

El ajedrez cósmico

¿Intervinieron algunas de estas civilizaciones galácticas en nuestro pasado? ¿Lo hacen hoy sin que nos demos cuenta mediante intervenciones puntuales para evitar una catástrofe? ¿Toman iniciativas orientadas a estimular nuestra evolución? ¿Diseñaron incluso al hombre como una forma de creación, experimento o juego?
En todas las épocas los seres humanos expresaron la misma intuición. En las mitologías antiguas, la Tierra es el campo de batalla de los dioses. Así lo imaginaron Homero y Virgilio. Éstos presentan la historia humana como el espectáculo o el juego de unos inmortales que intervienen alterando el curso de los acontecimientos y reconduciéndola. «Todos somos títeres movidos por los dioses», decía amargamente Aquiles.
Ángeles y demonios, dioses de la creación y de la destrucción que librarían un combate cósmico entre la Luz y las Tinieblas. Pero no se trata sólo de mitos antiguos. También asoma esa sospecha en la cultura moderna. Frederick Nietzsche afirmó: «las causas que nos parecen últimas sólo son efectos de otra causa que escapa a nuestra comprensión... Somos marionetas movidas por fuerzas que no comprendemos y ni siquiera sospechamos». ¿Podría tratarse de entidades inteligentes? Fred Hoyle propuso la teoría de una superinteligencia controladora que podría actuar desde el futuro y reprogramar de forma permanente la mente humana y reconducir así la historia. Tal vez sea esa la forma en que un científico moderno puede concebir a Dios.

La película Matrix se erige en la metáfora de una situación de control de la cultura y de manipulación de la mente que hace de la realidad cotidiana un espejismo en el cual vivimos inmersos. En 2001, una Odisea del Espacio, una civilización alienígena experimenta con los humanos, guía su evolución y observa los resultados. En La guerra de las galaxias, la epopeya heroica se traslada al dominio interplanetario. Como en las gestas humanas, sus personajes encarnan arquetipos universales, roles o patrones de conducta. En Solaris, un planeta-cerebro constituye una entidad autónoma que intenta comunicarse con los visitantes leyendo sus mentes y materializando sus contenidos ante ellos como respuesta.

No nos agrada asumir esta posibilidad, porque supone que no somos dueños de nuestro destino. Pero, cabe preguntarse: ¿se trata de simples ficciones o describen una situación real? ¿Somos meras piezas de un ajedrez inabarcable, sin ninguna conciencia de la función que cumplimos con nuestros actos respecto del sistema en el cual nos hallamos inmersos? Y si así fuese, ¿existe alguna posibilidad de liberarnos? ¿Contempla ese Gran Juego que el microcosmos humano, el individuo irrepetible y único que usted es, disponga de una opción para ascender a un plano superior de realidad desde el cual sea posible tomar conciencia del Gran Juego o incluso de participar en éste?
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (10)   No(0)
10/21
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Akasico.com
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.