Paco González
Nadie duda de que Menga, Viera y El Romeral forman uno de los conjuntos mejor valorados de la cultura del megalitismo. Pero pocos afirmarían que su relevancia es comparable a la de, por ejemplo, Stonehenge. Sin embargo, los interrogantes que despierta este enclave malagueño son tanto o más fascinantes. Es ahora cuando comenzamos a atisbar que sus misteriosos constructores disponían de una tecnología sorprendente, y que sus ojos, además de a la fértil tierra que les rodeaba, miraban hacia las estrellas, buscando, quizá, a la Diosa Madre que sembró las semillas de su civilización.
