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Junio 2013    25 de mayo de 2013
Lorenzo Fernández Bueno
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Las discusiones entre arqueólogos e historiadores que defienden posturas encontradas suelen ser muy encendidas. Especialmente cuando el objeto de debate rompe los moldes de la ortodoxia. Cuando hablamos de pirámides en Europa, el protagonista de las páginas precedentes, el doctor Semir Osmanagic, parece haberse olvidado que ya en España, concretamente en las Islas Canarias, hace tiempo que la comunidad científica mantiene un acalorado debate centrado en unas curiosas estructuras, que como las mastabas egipcias alcanzan su culmen en el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güimar, levantado, dicho sea de paso, por el gran explorador y aventurero noruego Thor Heyerdalh. Y es que aquí, pese a la defensa a ultranza que llevó a cabo en su momento el citado Heyerdalh, pese a que diversos estudios realizados desde las aulas de la Universidad desvelaron que no estaban levantadas al azar, ya que entre otras cosas aparecían perfectamente alineadas con determinados fenómenos astronómicos, tales eran solsticios y equinoccios; pese a que aparentemente se descartó su función meramente agrícola, hoy podemos disfrutar de las mismas gracias a que el noruego, apoyado por los mil millones de pesetas que le proporcionó la naviera Olsen, evitó que se construyera una moderna y seguramente que beneficiosa urbanización de chalet.

Y ahora, imaginemos que algo similar se pudo haber llevado a cabo en los Balcanes. Eso es al menos lo que defiende el peculiar arqueólogo Semir Osmanagic, desde que en agosto de 2005 creyó haber dado con lo que parecía ser una pirámide descomunal recubierta, como en su momento lo estuvieron las de Cobá o Chichén, en la región maya de Quintana Roo, de una densa vegetación que hizo que pasara desapercibida a los siglos. Y convencido de que lo que planteaba se podía sustentar en sólidas pruebas, se lanzó a investigar el sitio con el apoyo de las autoridades del país. En estos años, y ya van ocho, a los informes que ha ido aportando, donde se ofrecen dataciones inasumibles, al menos para la historiografía oficial, que remontan la construcción no de una, si no de cinco, más de diez milenios atrás, hay que añadir el descubrimiento de una red de ­galerías de varios kilómetros de largo bajo la denominada Pirámide del Sol, que dicho sea de paso, sería casi cien metros más grande que la de Keops, varios dólmenes ocultos en cámaras subterráneas, y una serie de grabados que continúan siendo analizados.

Así las cosas, si nos encontramos ante un fraude, qué duda cabe que está muy bien elaborado. Un supuesto fraude que descartan, entre otros, arqueólogos españoles –muy escépticos en un principio con este asunto– como Fernando Magdalena, para el que, tal y como nos explica en las siguientes páginas, no hay duda alguna de que sean pirámides hechas por el hombre. Punto este que en una extensa entrevista nos aclara el propio doctor Osmanagic, a quien hemos preguntado sobre los múltiples misterios que parecen rodear a este polémico enclave. El debate, como no podía ser de otra forma, está abierto. Yo, particularmente, pienso en las molestias que causaría el hecho de que fuesen reales, más aún si además tuviesen esa antigüedad. Porque habría que ­plantearse quién las levantó, en qué tiempo y con qué medios. Y de momento, como afirma un buen amigo productor de televisión, a la ortodoxia no le suele sentar demasiado bien que le pongan un avispero en los testículos… Veremos.

Lorenzo Fernández Bueno

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