Las 7 Maravillas del Mundo antiguo fueron una muestra más de un misterioso impulso que ha inducido a culturas de todo el mundo a otorgar al 7 una importancia inigualable. Para todas, el 7 era una forma de categorizar todo tipo de elementos, como los días de la semana, los 7 planetas, los 7 cielos y 7 infiernos, las 7 estrellas de las Pléyades y de la Osa Menor, y un innumerable etcétera que lo hace preponderante en culturas de todo el mundo. Esa incomparable omnipresencia del 7, también se repite en la naturaleza, desde los 7 días que dura una fase lunar, hasta los 7 orificios del cuerpo humano.
Puesto que 6 de aquellas Maravillas desaparecieron hace mucho, la iniciativa de elegir otras 7 nos pareció interesante, máxime sabiendo que la mayoría de los 21 monumentos elegidos tenían elementos mágicos y misteriosos.
El resultado final, producto de una votación millonaria pero –por muy políticamente incorrecto que resulte– carente de criterios sólidos, nos ha conducido a una lista que no representa adecuadamente el patrimonio cultural y sagrado de la humanidad. Entre las 8 definitivas, además de la ultramilenaria Gran Pirámide (que representa a la civilización más longeva e influyente sobre la cultura occidental), figuran muestras esplendorosas de las grandes civilizaciones mesoamericanas (Chichén Itzá) y andinas (Machu Picchu), o la incomparable muralla china y el bellísimo Taj-Mahal (representantes de civilizaciones muy longevas, de las culturas orientales más influyentes y de los dos países más poblados del mundo), junto a monumentos mucho más discutibles, como el precioso conjunto de Petra (producto de una cultura de escasa influencia y popularidad), el Coliseo romano (que tantas orgías de sangre aportó a nuestra cultura) y el impresionante Cristo Redentor que corona Río de Janeiro (y no representa más que al masivo y entusiasta pueblo brasileño). Quedan fuera de ella la Acrópolis como muestra intacta de la armonía y de los cultos mistéricos mediterráneos y los fascinantes complejos astronómicos de Stonehenge, Angkor o la isla de Pascua, que representan a la más antigua civilización planetaria, el esplendor del Asia hinduista y a las desconocidas culturas de Oceanía… Una magia y un misterio cada día más ausentes en nuestro mundo, suplantados por la cuantificación televisiva del «vote usted a su preferido», independientemente de cuál sea el mejor.
Enrique de Vicente